Casa rural Cabo la Aldea

Si me fuera posible, no dejaría pasar la oportunidad de saborear los detalles hermosos de la vida. No pasaría corriendo de un trabajo a otro por el túnel mas rápido.
Si pudiera tener un momento quisiera conservarlo sin prisa.
Tal vez una casa rural el la sierra de Francia (Salamanca). La sombra de un encaje en la pared, la mezcla de luces o el calor de las llamas pudieran formar el escenario perfecto para tal propósito.

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Si se presentara una oportunidad no dudaría en volver a pasarla contigo, interpretando el mundo a mi manera, arropado por el infinito manto de estrellas que sin duda se ocultan tímidas esta noche.

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Roberto Molero

Abuelos

Llueve sinceramente sobre los prados y antes de que se cierre el día sobre si mismo me siento a escribir una vez más en el camino.

Fugaz cada momento. Siento pasar el tiempo dejando una profunda herida  que desaparece al instante en un mar sin tierra a la vista.

Encuentro una imagen perdida, una prueba de luz, un testimonio de las horas empleadas, arañazos de frustración y de orgullo, la suave caricia de una melodía, un golpe de efecto o el recuerdo de unos versos…

 “Mirad a ese que está buscando la paz

Con una guitarra y sonrisas en la faz

No puede ser tan ingenuo

Tiene que saber la verdad

A la guerra no se le puede cantar”

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El 12 de Marzo falleció la última de las abuelas. Se fue apagando tan lentamente que sentí su ausencia como un susurro.  Por el mismo sitio que se marchó llegaron a mi cabeza los recuerdos del tiempo que compartimos.

Tuve la suerte de convivir mucho tiempo con todos mis abuelos. Repaso las marcas que quedaron impresas en mi piel y veo que forman el abrigo que me mantiene a salvo en la tempestad.

¿Porqué no convertir una ausencia en todas las presencias, imaginar la muerte como la cara de la vida o desatar los lazos que me ahogan para cantar mis infantiles melodías?

Repasando mis apuntes, apuntalando pensamientos, capturando imágenes del día dejo algunas muestras y un enlace.

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El enlace prometido con unas fotografías en memoria de( la abuela).

Roberto Molero.

Biblioteca Municipal Fernando de los Rios

Recorremos la mitad de la península. La primavera permanece escondida aunque se presiente su inminente llegada. En Fuenlabrada se encuentra nuestro destino. Beatriz despliega su carro lleno de libros y comienza su recorrido literario desde un poco antes de nacer. Me quedo suspendido en la sala, pegado al obturador silencioso de mi cámara para capturar algunas imágenes y sin embargo es el discurso el que capta mi atención.
Me atrapa la sencillez, la profundidad y la relevancia de cada escalón.

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El cuento es como una canción, ansío recorrer cada nota y volver a escuchar de nuevo su melodía.

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A veces me parece que debemos volver a la fórmula inicial, a preguntar el por qué de cada cosa, de donde venimos y hacia donde vamos…

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Miles de repuestas buscan encajar en su lugar. Se forma un inmenso amasijo de conceptos aparentemente imposibles de solucionar, como una madeja de lana enredada.

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Y de pronto uno de los extremos aparece, la aguja del pajar. Un espacio tan elástico que puede abarcarlo todo, incluso el alfa y el omega.
“Erase una vez…”

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Se pueden ver todas las fotos en el siguiente enlace: Flickr .

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Roberto Molero

Estudio de grabación

Muchas horas pasamos encerrados en el estudio. Repitiendo una y otra vez las notas de cada instrumento, las voces y las ideas. Ya estamos en la fase final de la producción de nuestro segundo disco.
Ya puedo escuchar el conjunto, y disfrutar de la mezcla.
A veces unas paredes son mas que una celda y cientos de potenciómetros mucho más que un amasijo de controles.

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Algunos días parecen imposibles y las brechas insalvables. Mi piano un rompecabezas infinito, mis dedos insuficientes y la mente…una estepa azotada por el viento del este.

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De todos modos insistimos con nuestro producto hecho a mano. Canción a canción, nota a nota, letra a letra…

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Escucho una y otra vez el Master final tratando de ajustar los detalles y disfruto intensamente de lo que hemos creado. Más allá de todos los límites queda un resquicio para intentar compartir lo que somos.
Ahora sé a ciencia cierta que hay alguien mas ahí fuera que disfrutará con nuestras canciones y es precisamente este pensamiento anti-soledad lo que hoy me entusiasma.


Roberto Molero

Cumpleaños

El día empieza a despuntar a través de la niebla. Antes del amanecer atravesaba con mi bicicleta la capa de humedad oculta en la oscuridad. A mi espalda me escolta la nueva mochila con luces intermitentes que me regaló mi hermano por mi cumpleaños.

Alguien celebra hoy su propio cumpleaños, alguien que vive sumergida en un laberinto de actividades, haciendo equilibrios extraordinarios con su agenda y derramando su mirada inquieta por todos los rincones.

Aparto hacia los lados los minutos para hacer un hueco. Con el tesoro obtenido quisiera dedicar un momento para enviar mi felicitación.

¿Cumples un año más, o tal vez lo cumplimos todos? Pensaba en la evolución que sufrimos, en la dificultad de cambiar y también en lo inevitable de hacerlo.

Miro hacia atrás y me veo claramente a pesar de una memoria inconexa y plagada de lagunas. La erosión me ha ido modelando por dentro con intensidad pero me siento cómodo en su interior.

Te veo claramente al otro lado del espejo mientras me muevo al compás de la música recién horneada. Tan solo quería regalar una imagen. ¡Feliz cumpleaños!

Roberto Molero

 

 

 

 

 

 

Ausencias

He estado examinando el mundo en su detalle,

devorando la lluvia que empapaba mis desiertos.

Me he quedado a llorar mis pesadillas,

a correr deprisa sobre la nieve recién caída.

 

Se detuvo el tiempo en un compás determinado,

mezclando cada pista completamente vestido de incertidumbre.

Tengo menos, mucho menos miedo que ayer, no me importa que al final del túnel no se vea un resplandor, ni que falte oxígeno mas allá de la atmósfera. Hoy me siento presente, iluminado por aquellos que me quieren, respirando un aire que me llega hasta el fondo de los pulmones (con ayuda de mi inhalador habitual).

 

 

Roberto Molero

Bufones de Pría

Si hoy me viera en la situación de contar un cuento me encontrarían desprevenido. He comprado guisantes en la frutería, he recuperado algunas horas de sueño pendientes y he repetido los ejercicios de guitarra.
Mientras Beatriz corrige los exámenes la olla a presión canta su melodía, la lluvia acompaña intermitente esta escena cotidiana y la tarde se adormece.
Recientemente fuimos a ver los bufones. Desde tan cerca la naturaleza se ve muy grande. El mar se ve muy grande, las nubes enormes y los días se muestran anhelantes de nuevos horizontes…

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Hace pocos días los Reyes Magos regresaron a casa.
Si me pidieran una historia me pillarían con la mente en blanco, pensando en Graciela y su libro “Los sapos de la memoria” que me está encantando, o pensando en los últimos episodios de la serie de Sherlock Holmes. Tengo que terminar de grabar las voces de nuestro disco. Tendré que cambiar el frigorífico que está averiado y envejecido.

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He montado un pequeño vídeo que me hace sentir la fuerza del mar. A veces me reconforta ser muy pequeño, un minúsculo punto en un cuadro infinito. Creo que se debe a que desde un espacio infinitesimal es casi imposible equivocarse. Por mal que cantes si el coro está formado por millones de componentes no vas a conseguir estropearlo.

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Roberto Molero

Beleño, Sobrefoz y Abiegos.

Un paseo para comenzar el año. El bosque, como siempre mantiene sus puertas abiertas. Parece que el 2017 viene lleno de días por estrenar. Ya veremos de que somos capaces de rellenarlos.

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Estos pueblos pertenecen al concejo de Ponga. Protagonizaron un par de entradas del blog. Las podemos recordar en estos enlaces: Ponga (la lluvia) y Ponga (el sol).

Dejo el tercer enlace para recordar el día que vienen los Reyes Magos.

Hasta pronto.

Roberto Molero

El espectáculo debe continuar

Pues ya hemos llegado al final del año. Antes de abrir el telón de la última entrada reposa una corte de sillas vacías esperando visita.
El escenario se prepara. Cada foco ocupa su lugar, cientos de cables tratan de pasar desapercibidos y los técnicos cruzan los dedos para que todo funcione correctamente.
Detrás del momento decisivo se acumulan cientos de horas invisibles.
Al otro lado el público espera una sorpresa, un momento delicioso para poder saborearlo o tal vez ese abrazo desbordante que nos estremezca por completo.

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Una vez hechas las presentaciones no es posible la demora.

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Tengo los dedos endurecidos de tanto rozarlos contra las cuerdas y el mástil de la guitarra. Repito una y otra vez decenas de ejercicios y luego vuelvo a repetirlos. Me dejo sorprender por los grandes y a su lado me siento torpe. No se si me quedan muchas ideas o solo son unas pocas repetidas con diferente traje. Mi jaula parece al menos tan espaciosa como cualquier otra. La frontera entre el 2016 y el 2017 es inexistente. Es una uva artificial y una campanada.
El tiempo discurre silencioso pero me va erosionando. En este planeta inestable de fuego y lluvia me refugio en mi rudimentario espacio. No quiero dejar de temblar, de sentir la fuerza inmensa de todo lo que me sostiene.
No se que de que voy a pintar el nuevo año. Veo una gran colección de hojas en blanco. Me gusta pensar que aún me queda la posibilidad de trazar a mi antojo, cometer mis errores para poder saborear mis aciertos. Me gusta soñar que me dirijo con suerte hacia delante y que el futuro es luminoso. No tienen sentido las murallas, las armaduras ni los cerrojos en mi mundo.
A veces me parece que me enredo solo. En resumen: músicos para el fin de año en las imágenes y después de soplar, un deseo: ¡Feliz año!

Roberto Molero

Feliz Navidad

Sencillamente un Viernes más para desear Feliz Navidad a todos los que os habéis asomado a RADIOfotoGRAFIANDO en algún momento. Detrás de mi veo muchos días de trabajo intenso. Mucha maleza y algunas flores. Por delante veo muchos días de trabajo super-intenso. Mucha pereza entre algunos trazos de entusiasmo. Estos días prometen llenarse con gamas de colores demasiado saturadas. Seguramente sentiré la ausencia avivando las heridas, gastaré más de lo razonable, dormiré menos de lo necesario y soñaré con un espacio vacío donde no anuncien perfumes.
Afortunadamente aún queda la oportunidad de recoger momentos felices para destilar su esencia. Yo buscaré la manera de hacerlo y espero que puedas encontrar la tuya de una forma u otra. Como siempre en este espacio, completo la felicitación con una de mis fotografías. ¡Feliz Navidad!

Roberto Molero