Sensaciones

Vega de Pociello

A veces resulta difícil encontrar un camino practicable. Una senda sencilla que no esté llena de barro, que no lleve a un precipicio, que no sea pasto de las llamas…
Algunos días los golpes inesperadamente repiten el mismo blanco, como si estuvieran dirigidos por una mano invisible. Y llegan violentamente impactando en el más vulnerable de los espacios.
La semana pasada paseaba por el bosque, en el concejo de Caso (Asturias). Como siempre recogí algunas imágenes colgadas del tiempo. Limé sus aristas a mi antojo para poder traerlas hasta aquí. Pero un viernes más tarde se han multiplicado los incendios dejando un rastro de ceniza y hambre.
El retraso natural en las publicaciones reinventa las fotografías. Sus tonos parecen más oscuros, y el bosque se muestra triste y silencioso por lo que ha de venir, o por lo que ya ha pasado.
El aire puro y el venenoso comparten espacio, separados solamente por breves lapsos temporales. La fiesta se torna en desgracia y la risa en llanto con asombrosa velocidad.

De modo que aquí estoy de nuevo. Llorando unas lágrimas incapaces de detener las llamas. Encajando nuevas heridas, pretendiendo aparecer de nuevo en el portal con una camisa limpia, la cara recién afeitada y luciendo la mejor de las sonrisas.

Me penetra un sentimiento de impotencia y desamparo que mi coraza no puede detener. El frío muchas veces traspasa las mantas.
Sin embargo la vida nunca ha sido otra cosa que la lucha ante la muerte. Esa batalla que no voy a ganar  y por eso no puedo permitirme el desánimo.  Incluso ahora, en este momento que al ver mis fotos y escuchar mis canciones  tiemblo ante la fragilidad de mis ropajes.

Dejo aquí abajo en el suelo digital esta nueva serie. Predecible e incompleta . Me amparo en el verde, en las sombras que bailan entre los rincones umbríos…

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He de Seguir un poco más adelante,
al otro lado de la colina,
esperando la lluvia,
junto a los otros.
Aquellos que compartimos
una misma huella
esperamos un nuevo día
y avanzamos hacia el mismo destino.

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Puedes ver las 86 fotos de la serie pinchando en el enlace: Flickr

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Roberto Molero

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El dónut de la muerte

El agua refleja en el inmenso lago el color azul de un cielo todavía más grande. Atado al barco remolcamos un flotador. Podríamos imaginar que se trata de un animal salvaje que tenemos que domar. Hay que intentar mantenerse agarrado a pesar de la velocidad y de las maniobras de un piloto malintencionado que intenta hacerte caer al agua.
Desde que fue bautizado como “el dónut de la muerte” se quedó amarrado a ese nombre.

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Después de los excesos, la velocidad y el vértigo de la emoción, llega la calma.

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A mi alrededor la vida se muestra efervescente. Florece entre las cañas del embarcadero y en las conversaciones al lado de la orilla.

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El verde se acomoda bajo las construcciones frecuentes peinando el horizonte que ha de venir.

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En casa por fin me abrazan los momentos comunes, los escarceos en el piano, las sonrisas furtivas y el calor de las llamas.

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Llegamos a otro punto y seguido, una mirada que atraviesa fronteras, la reunión en el salón y aquellas brasas que van perdiendo su fuerza.

Seguramente continuaremos visitando esos espacios con un poco de emoción, esa aventura controlada, la muerte de mentira. Buscando al otro lado el descanso merecido, la recompensa, la maravillosa constatación de nuestra supervivencia.
Esperemos que así sea, que siempre podamos seguir escribiendo con un punto y seguido y que sea otro quien ponga en final.

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Roberto Molero

Flores en el Norte

Siempre suena música en mi cabeza. Desde que aparecen las primeras luces hasta que se agotan. En casa se multiplican los libros por todas partes. Algunos son enormes y esconden disimuladamente sus aristas afiladas entre las sábanas para terminar clavándose en las costillas, otros son delicados, de papel de seda y también hay algunos de color rojo como el de Neil Gaiman: “Errores infalibles” para y por el arte.

Parece que el libro me vio despistado y me abordó en el momento oportuno.
Y no es que yo me sienta cómodo vestido con el traje de artista. Pero si reconozco que me llama la atención su vestuario. Siempre que tengo la oportunidad y nadie me observa me pongo sus zapatos, o ese sombrero de ala ancha que me permite mirar con los ojos de los otros.

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Estos días tristes el tren de la historia se ha detenido en la estación del conflicto. Como siempre hay dos bandos. No parece extraño que haya gente interesada en señalar los fracasos de los otros. Como suele pasar, aquel que toma la palabra se otorga la posesión de la verdad. Y es una verdad incuestionable, afilada, inamovible…
Los responsables de los gobiernos han vuelto a demostrar que ni quieren entenderse ni saben como hacerlo.

Nos invitan al odio y su mano es poderosa, capaz de captar adeptos con rapidez, de apoderarse de todo. Si repetimos consignas es que estamos perdiendo la razón.

Pero un poquito más allá de lo malo está todo lo bueno. Mucho más cerca de lo que quieren hacernos creer. Me acerco en las horas oscuras a la bombilla de las cosas de amo. Imagino que muchas de esas cosas son comunes, y no es difícil hacerlo. Detrás del cristal oscuro habitan miles de flores.

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La vida nos envía extraños paquetes a la puerta de casa. Los tesoros más valiosos suelen anidar donde no los esperamos.

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Hablaba de ese discurso de Gaiman, donde he encontrado algo de iluminación. Y me afano en volver a escribir y a compartir imágenes, buscando una estructura, un equilibrio o un camino que sea capaz de seguir o al menos unas costillas que nos proporcionen un poco de energía para seguir avanzando.

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Roberto Molero

América

Las nubes se condensan en el cielo. Desde el asiento del copiloto tomo una fotografía que a su vez condensa muchos pensamientos que atraviesan mi cabeza. Las inmensas carreteras que comunican el planeta. El continuo desplazamiento de la especie por la superficie…

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El conocimiento que se deposita en esa misma superficie se ofrece al instante, es sencillo, directo y limitado. Después de arañar ese mismo espacio una y otra vez aparece la otra historia. Ésta por el contrario resulta mucho mas incomprensible, compleja y alejada de la evidencia. Su sabor amargo resulta sumamente adictivo. Me envuelve, me rodea, me transforma…

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De pronto aparece la primera de las preguntas. Es inevitable la tentación de tirar de sus hilos. La siguiente encadenada enlaza miles de racimos ¿Hasta donde llega el laberinto de nuestra ratonera?

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Mientras tanto el devenir del tiempo va dibujando sus trazos en nuestro lienzo. Añadimos nuestras propias pinceladas de color a la historia.

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Roberto Molero

El bosque de Cea

Siempre dispuesto a ofrecer su casa, abierto de par en par nos espera el bosque. Ayer la tormenta intensa dejó la atmósfera limpia. Siento el aire que me llena y su renovada esencia. Pequeños charcos salpican el sendero, hay un plano, como siempre, una intención, un bocadillo y bastante más adelante una sorpresa.

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Un momento para aprender a escuchar, dar espacio a las sensaciones , dejarse invadir por un espacio entrelazado con el tiempo.

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En la parte baja del valle el camino se pierde entre el barro. No hay marcas. Los accesos se vuelven impracticables y se acumulan nuevas nubes cargadas de agua. Aparece la inquietud. Buscamos la salida. Nos resistimos a dar media vuelta, pues se trata de una ruta circular y hemos atravesado unos barrizales que no quisiéramos retomar. Después de un buen rato de analizar el terreno encontramos una vía dificultosa e insegura.

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Al final de la ascensión encontramos el camino. Las nubes me parecen menos amenazadoras y el horizonte inmenso. La sensación de superar una dificultad se apodera de mi mientras avanzamos despreocupadamente hacia la meta.

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El resto de la serie aquí: Flickr

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Roberto Molero

Arpa de hierba

Una mañana y un propósito. Seguidamente una idea y una decisión. Luego una dificultad, un desenlace y por fin… allí estamos.  Patricia y Luis tienden su manto al viajero de forma generosa y sus modos no pasan desapercibidos. El tiempo esquivo se encabrita, pero la tarde es serena, las luces acarician la ventana y por fin me atrevo a aceptar su regalo por completo.

Si pasas por Asturias, cerca de Llanes y buscas un alojamiento, no podrás encontrar mejor lugar que Arpa de hierba. 

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Con las primeras luces de la mañana desplegamos el mapa. Luis nos indica una senda situada cerca de la casa y cambiamos nuestros planes.

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La senda fluvial del Nansa.

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Volver a caminar, aceptar los limites naturales, exponer los sentidos y de este modo colocar una ficha más en el tablero de la vida. El agua me trae esperanza y con ella un torrente de canciones, espuma y barro. Me miro las manos que aun permanecen firmes anhelando conocimiento. El verde cierra el cuadrante.

Aunque no pueda percibir un destino presiento la confluencia de miles de líneas que llamaron paralelas por un defecto de perspectiva. Allí es donde espero poder estar. En el lugar apropiado en la última de las horas perdidas.

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Roberto Molero

Botánico Gijón

El sonido seco de la puerta al cerrarse persiste en mi cabeza.
Al otro lado el mundo.
Dejo la casa con una mezcla de sentimientos. Después de recorrer parte del planeta regreso al origen tal vez un poco más consciente de mi continuo desgaste.
Tomando perspectiva la importancia de las cosas se transforma. Llega un momento en que me veo nadando en el centro de un océano inmenso, buscando una forma objetiva de analizar la situación en ese entorno, y es entonces cuando me parece irrelevante el rumbo que deba tomar tomar ni cualquier otra consideración que pueda hacerse. Acerco el zoom lo máximo que puedo a este momento preciso. Empiezo por lo que está en mi mano. Me decido por el Este y elaboro un esquema mental: Una hora de braza, otra de crol y la siguiente de espaldas.
Amanece cuando comienzo a dar la primera brazada.

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Con qué rapidez desaparece en tiempo en esta nueva jungla. La horas son devoradas en cantidades asombrosas y sus depredadores se multiplican cada instante.

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Y así, de pronto y como siempre me veo claramente. Sumergido en la rotación permanente, imaginando un nuevo destino.

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Destilo estas imágenes para rescatarlas más adelante, en el invierno más frío, cuando solo quede hielo y escarcha.

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“Hay más tiempo que vida” repito una y otra vez para poder recordarlo.

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Tal vez me espera el agua fresca, las notas sorprendentes o la oscuridad sembrada de estrellas, pero seguramente será solo una impresión. Como le decía “Gandalf ” a “Elrond” : Es en “los hombres” en quien hay que poner la esperanza.
Vuelvo con la intención de reanudar el camino saltando de viernes en viernes entre las rutas, los viajes, las sensaciones y las flores. También espero encontrar tu presencia al otro lado del río, desterrar el insomnio y restaurar el equilibrio.

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Roberto Molero

Un poco a veces.

Llegó un día de calor excesivo a la región. Estamos un poco libres. No es que no haya cosas urgentes en la bandeja de entrada, es que simplemente necesitamos colocar espacios verdes entre el asfalto e imaginar que ponerse las botas es todo un acto de libertad. La amenaza del hombre del tiempo esta vez no es un farol. Sofocante el primer aire se desploma sobre nosotros haciendo mella.

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Me hablan de un cuento sobre la princesa Griselda de Giovanni Boccaccio. Me dice Beatriz que siempre le pareció terrible y al escucharlo me parece aún mucho más terrible. Es un cuento de los que te hacen pasar un mal rato. Dejo el enlace: PINCHAR AQUÍ.

No recomiendo su lectura a nadie. No digáis que no lo he advertido.

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El suelo roca y el sudor permanente en un mundo al revés. Y es que hay veces que todo resulta un poco difícil.

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Una especie de espantapájaros me mira con cara de guasa. Esta vez toca regresar. Hay un gran incendio en Portugal, y muchas otras malas noticias. De esas nunca faltan, aunque algunos días pesan demasiado, como el calor de la tarde.

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Las calas son las que comienzan a desprender su energía positiva. No se puede desperdiciar. Tenemos que volver a recorrer la ruta completa. Habrá que sumar una entrada en el blog, programar el próximo concierto y organizar una barbacoa.

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Siempre me fijo en los helechos, en los recién nacidos y los inmensos, los secos y los verdes más furiosos. De un solo disparo tres hojas.

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La última imagen: casi un sendero, tal vez el cauce de un río. Un leve reflejo en el agua, un formato que no puede ser vertical ni tampoco horizontal. Como la vida: Un poco a veces…

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Roberto Molero

Abril en Mayo

Unas imágenes para Abril. Reunido con la familia me sumerjo inevitablemente en un océano de recuerdos. Hoy, que tan sobrados estamos de fotografías, añado las mías a la serie del día. Simplemente quería desearle lo mejor para el futuro.

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La serie completa se puede ver pinchando en este enlace: Flickr.

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Roberto Molero

Patrocinio

Esta semana he participado en una jornada informativa sobre Esclerosis Múltiple. Había mucha gente en la sala (como esperábamos)y yo albergaba muchas incógnitas. Me preocupaba el sistema de sonido, si me acordaría del discurso que llevaba escrito solamente en mi cabeza, si tendría sitio para colocar todos mis “accesorios”, etc…
Supuse que de todas formas podría aportar mi granito de arena. Tan solo un cuento, un osito llamado Patrocinio enfrentado a una realidad de cemento y ladrillo. Construí un escenario con puestas de sol y cielo estrellado, un diálogo abierto donde la realidad se pudiera colar sin dificultad por sus rendijas.

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Compuse una imagen formada pon una doble exposición para el cartel.
El título:”vivir hoy la esclerosis múltiple”.

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Llegué a casa contento, la noche era especialmente cálida y en mi casa no quedaba nadie despierto. Patrocinio se quedó en el coche. Lo envolví en mi bata de hospital a pesar de que le quedaba demasiado grande. Entonces me atrapó el sueño por sorpresa arrastrándome precipitadamente a su dimensión desconocida.
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Roberto Molero.