El valle invisible

Hoy es Viernes Santo.

La ciudad que dibuja mi ventana se muestra dormida y embriagada en esa extraña calma de mascarillas espaciadas que caminan por las calles desiertas. Vuelvo un momento a mi blog para invitarte a pasear por el valle invisible. Miguel Ángel Galguera escribió un libro con este título para su gente. De San Roque del Acebal parte una ruta arropada por las páginas del autor.

En un artículo que publicaba el periódico local (El comercio) en 2015 se escribía el siguiente párrafo:

Detalla que en sus páginas se encuentra descrita «la Asturias de cuando llovía en verano y la leche la daban las vacas». «Es una novela de hace mucho tiempo, cuyos escenarios son imposibles ahora. En Asturias no queda nada. Antes teníamos de todo, industria, carbón, vacas, pesca… Ahora es una provincia como otra cualquiera», sentencia.

También decía Heráclito que no nos bañamos dos veces en el mismo río. Las cosas cambian. A veces lentamente y otras de forma brusca. Sin duda nosotros también cambiamos y así multiplicamos la diferencia.

En las fotos que vienen a continuación se pueden ver muchas cosas que parecen inalteradas. Hay arroyos cristalinos, árboles secos, verdes praderas y cielos azules.

Yo mismo compuse una canción que lleva por título Todo sigue igual y que la puedes escuchar pinchando aquí. Cada realidad tiene multitud de caras y cada uno de nosotros posamos nuestra mirada particular en esos aspectos que nos llaman la atención.

El camino se ve adornado con algunas esculturas talladas en madera en su mayor parte. Desconozco el autor.

Ayer mismo nos sentamos a ver en nuestro cine casero la película: Tomates verdes fritos de 1991, basada en la novela homónima de Fannie Flagg de 1987 dirigida por Jon Avnet. Una gran maravilla. La he visto varias veces y la he vuelto a disfrutar como la primera vez.

Escribía Silvio Rodríguez: “La ciudad se derrumba y yo cantando.

Sigo rasgando la guitarra día tras día. A veces me devuelve hermosas melodías en las que me envuelvo y otras veces me peleo con las dificultades repetidas, el cerdeo de los trastes y la incomprensión de las partituras. Llevo un tiempo preparando un disco de temas instrumentales: Mi guitarra y otras gramíneas. Espero poder presentar en este año la mayor parte de este proyecto.

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La serie completa del valle invisible la componen 100 fotografías que puedes ver pinchando en el enlace: Flickr

Añado la publicación en Rutas de lectura donde Beatriz cuenta una de las historias que forman parte de su trabajo.

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¡MALACATÚ!

¡Malacatú!

María Pascual de la Torre

A buen paso, 2018

Si hay un álbum que permite mostrar todo el poder que despliega la literatura infantil, dando cabida en su lectura tanto al niño como al adulto, ése es ¡Malacatú!. Sobre un texto del folklore que despierta tanto nuestra memoria afectiva como lingüística, María Pascual construye una escena cotidiana, doméstica. Y sin abandonarla,  convoca la participación del cuerpo para un acto de recreación similar al de los juegos de calle: un ritual en el que la infancia se apropia del mundo mediante fórmulas que lo contienen y transforman.

En muchas actividades y formaciones, las Brujas insistimos en subrayar la importancia que han ido adquiriendo las páginas de guarda en el desarrollo del libro-álbum. Cuidado con la rana nos ofrecía un ejemplo perfecto, con ese “bosque negro como la boca del lobo” al que regresamos temerosos en cada amenaza que se cierne sobre la encantadora Desazón Zozobra y que nos sorprende al cerrar de manera impecable  una desconcertante secuencia final.

María Pascual de la Torre ha sabido exprimir con la misma pericia las posibilidades de este elemento en su obra ¡Malacatú! Cada vez que abro este libro, una apacible cocina familiar nos recibe en nombre de sus personajes, desplegándose a la vez como campo de batalla y como representación de sus puntos de vista. En mi primera lectura compartida fue fácil bautizar al niño de flequillo indomable que ocupaba con sus juguetes la parte izquierda “del ring”, ya que uno de los asistentes lucía similar peinado y se prestó al juego. Nuestro protagonista se llamó Mario. La antagonista, que pronto se instaló al otro lado de la línea de simetría creada por el centro de la doble página, no podía ser otra que mamá, intentando defender el orden y limpieza de un espacio –y un tiempo- que ella también desea disfrutar.

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¿Acaso no hemos vivido todos este conflicto natural entre la infancia absorta en el juego y el adulto que cuida y previene?

A partir de un cepillo de dientes que actúa como arma simbólica, tan bien utilizada que ni el más torpe podría quedarse en la conclusión de que es un libro para impulsar la salud bucodental, la magia se desencadena. Jitanjáforas y hechizos desatan nuestra lengua. Palabras cultas y populares, antiguas y modernas, científicas e inventadas. Qué les importa a los pequeños, mientras reflejen lo que sienten, lo que desean comunicar. Y con qué naturalidad se suma a ellas esta madre, inmersa en la tarea siempre renovada de nombrar la realidad, aprehenderla y otorgarla en herencia.

¿Queréis asistir a este teatro, esta canción, este cuento, esta película? Vamos sólo a leerlo en voz alta, sin añadir apenas nada, y volvemos otro día a esta propuesta inagotable.

Felices, felices palabras

Beatriz Sanjuán

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Roberto Molero

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