Espinaredo II

Termina el verano de repente, con un silbido apagado . La senda otoñal que nos lleva al invierno se intuye tímidamente en la espesura. La prensa sigue girando igual que aquellas mulas que trabajaban en la noria sacando agua sin cesar. Lo hemos escrito todo.

Meses después de los primeros compases razonablemente irracionales sigue imponiéndose la pregunta y la incertidumbre. ¿Dónde nos llevará el curso de los acontecimientos?

Se han desterrado las certezas. Lo razonable se ha instalado en “ya veremos”.

Comparto contigo como en otras semanas fotografías del bosque. Las hojas atadas en su peciolo a la vida, el agua, la roca, la altura, la luz…

Algunas cosas permanecen.

Podría ser que lo único que tuviéramos realmente fuera un poco de tiempo para ser; un intervalo en la nada. Pudiera resultar que cada minuto de vida fuera único e irremplazable. Incluso podríamos imaginar que hay momentos en que disponemos de una cierta libertad; que no siempre nadamos en la corriente del mundo con el único propósito de mantenernos a flote un minuto más.

Aquello que escasea tiende a ser más valorado.

Solo un paseo, una charla en un banco del Área recreativa de la Pesanca.

Tumbado en el suelo dibujo con la cámara escenas de color y contraste.

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No dejes de pasar por la primera parte de Espinaredo que fue protagonista del blog hace ya cinco años. Pincha aquí

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Roberto Molero

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