Bustiello

Esta semana nos acercamos a conocer el poblado minero de Bustiello. En el centro de interpretación Fernanda nos recibió para guiarnos en la visita. No es frecuente encontrarse con personas capaces de captar la atención, de poner el acento en lo que realmente tiene importancia y de abrir campos donde se nos invita a reflexionar y a hacer trabajar a nuestro cerebro. Yo me quedé encantado con cada palabra.

En las dos primeras fotografías de esta serie se pueden ver algunas de las cuarenta casas que forman en pueblo en su ordenada distribución.

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Los carteles que reciben al visitante, aunque atrapan mi atención desde el primer momento, cobran un sentido mucho más profundo a la luz de las palabras de Fernanda, su color, la expresión de los rostros, la explicación en el texto…

 

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Como siempre me paro en alguno de los detalles de letra cuidadosa y tiempo detenido.

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En el exterior visitamos la iglesia de San Claudio de Bustiello. Se puede ver en las siguientes fotografías de esta serie: una talla de una locomotora en un plano frontal, una talla en el púlpito y una de las vidrieras emplomadas. Las sillas son las originales. La penitencia parece que tiende a ser más llevadera para quienes ocupan los puestos más relevantes. Sus rodillas, menos acostumbradas al suelo que las de los más pobres, agradecerían sin duda el mullido diseño de los reclinatorios. El pico y la pala se repiten como motivos decorativos como en el caso de la propia reja que da entrada al templo.

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El escultor dibuja un rostro serio. Personaje doblemente enriquecido , aparentemente impertérrito, recibe el regalo de los agradecidos trabajadores. Esos que construyen su vida alrededor de la nueva industria.

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La última imagen es una vía de doble dirección, viene del pasado, un legado que nos explica en parte quienes somos. A su vez se dirige hacia un destino incierto. En el mismo momento en que estoy escribiendo, las centrales de la región siguen quemando carbón y lanzando a la atmósfera su vómito de humo (cumpliendo con la normativa europea). Se supone que seguirán funcionando más allá del 2030.

El cierre de las minas en España hace necesaria la importación de carbón desde destinos tan dispares como Rusia, Indonesia o Colombia. Así alimentamos la centrales térmicas que han de proporcionar parte del soporte energético necesario para mover los nuevos coches eléctricos entre otras cosas. El desmantelamiento de todas las instalaciones deja un rastro oscuro. Hay sangre, oficio y un aroma de sombra y decadencia que tiñe las cuencas.

El enlace a la serie completa:  Flickr

 

Roberto Molero

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