Muiños

Unas nuevas elecciones generales están esperando ahí mismo, al otro lado de la puerta. Cada cual ha ido poniendo sobre la mesa los argumentos que ha creído oportunos para recordar al ciudadano que no deje de aportar su voto y su confianza a su partido, a su propuesta de gobierno. Además prometen que nos han de traer un poco de luz a este mundo de tinieblas al que “los otros” nos han ido abocando.

El miedo se ha ido colando por las rendijas del entramado anegando de angustia cada rincón del escenario.

Poco margen nos queda para la acción. Una papeleta en una urna parece un arma insuficiente para enfrentarse a un futuro tan oscuro como se pinta.

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Dentro del blog reina la calma.

Había una señora que vivía en el pueblo del que parte el sendero que se ve en la imagen. Ante lo confuso de las indicaciones del centro de interpretación nos acercamos a ella para preguntarle. Al principio no parecía que nos fuera a ser de mucha ayuda, nos indicaba que se podía ir por todos los sitios. Todos eran además caminos excelentes si no nos perdíamos. (Muy gallega la señora).

Un poco más tarde habló de su familia, de los que habían fallecido, de la soledad que reinaba en la cocina de su casa. Nos desveló un atajo que cruzaba el pueblo precediendo nuestros pasos.

No parece estar reñida la brevedad de un encuentro con la intensidad de la experiencia.

No recuerdo su nombre, su cara se va desdibujando con cada día que pasa, tampoco me atreví a hacerle una fotografía. Sin embargo permanece reciente una conexión en mi memoria, como si hubiera quedado una marca difícil de olvidar.

A veces pienso que la vida se reduce a experiencias destiladas, despojadas de todo lo superficial. Al atravesar un desierto cualquiera, de pronto sientes que has cambiado, que has llegado a un nuevo punto sin retorno.

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Un paseo entre los molinos en “la Costa da Morte” y un pequeño espacio limpio de falacias. Un encuentro entrañable, una mariposa perdida que ni siquiera aparece en esta serie o el verde brillante que nos acompaña.  Eso es todo para empezar una nueva semana que arrastra las anteriores y va llamando a la siguiente.

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Roberto Molero

 

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