La cabaña

Algunos días sopla un viento frío y aterrador. Escucho distraído sus garras arañando mis ventanas.
Es mi turno; he de atravesar la tormenta, las gélidas aguas de la pereza, el desolado paraje de la indiferencia con sus primeros brotes de incomprensión.
No me lamento. Las toscas cicatrices protegen mi piel. Siento su contundencia arropando las zonas mas expuestas a la tempestad.

Sin embargo esta mañana hemos decidido quedarnos en la cabaña. He prendido un fuego que se renueva cada instante. Tus ojos tiemblan incandescentes mientras el tiempo se va ralentizando hasta que palpita casi imperceptible.

Allí estaba el amor. Justo a tu lado, con miles de aristas pero con una sola cara.

Allí estábamos de nuevo, los dos juntos, descifrando enigmas de domingo un día entre semana.

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Toda la información de este lugar en: Cabañas en los árboles


Roberto Molero

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