Diez hermanos

Se reúne la familia Sanjuán en la casa del pueblo. Algunos comienzan a trabajar en los preparativos. El jardín se organiza para recibir a los más grandes y a los más pequeños.

Podríamos encontrar muchas razones para dejar pasar el tiempo, afanarnos cada uno en nuestras cosas, convencernos de que sería mejor no complicarse con celebraciones y limitar nuestros compromisos, pero afortunadamente “hoy no es ese día”.
Una larga mesa se va llenando de gente y se enciende el fuego que nos reconforta a pesar del calor.

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No falta quien se ocupe de los detalles ni tampoco aquel que se empeñe en mantener las tradiciones.

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Suena una música que acompaña los movimientos de los más pequeños. El juego de la vida se va repitiendo generación tras generación. Me detengo en sus ojos donde es fácil perderse. Es posible descubrir en ellos una energía que va más allá de lo mensurable. Desbrozo las diferencias para encontrar el hilo conductor.

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El entorno se va transformando lentamente, los detalles nos acogen en lo que recordamos. Ya en otra ocasión este blog se centró en los acontecimientos desarrollados en Sabiñán.

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Cada pieza se acomoda en su lugar buscando el equilibrio de una rueda en constante movimiento. En mi cerebro se mezcla una familia con otra, el apellido propio y el suyo en el de mis hijos, las madres de todos con mi propia madre. Todas las familias del mundo alrededor de una sola pieza invisible en el puzzle de los días y de las noches.

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En esta ocasión se han reunido de nuevo los diez hermanos. Retrocedamos unos cincuenta años para observar una fotografía de aquel entonces :

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Preparamos la escena para repetir la misma toma actualizada en la misma escalera que la anterior, con los mismos protagonistas y en la misma posición que ocuparon antaño:

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Gracias a todos aquellos que se esfuerzan por mantener vivos los momentos de reunión. Gracias a quien derrocha entusiasmo, a los asistentes, a los lectores, a los identificados. Quien desee ver el resto de imágenes del día puede hacerlo en el siguiente enlace: Flickr.

La última fotografía es para Carlos. Después de que las sombras cubrieran la tarde vio una imagen en su cabeza y me la quiso mostrar.  Seguramente no he sido capaz de captar la esencia del último de los momentos, pero he querido intentarlo y quisiera dedicárselo con todo el cariño del mundo.

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Roberto Molero

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