Cuevas del Mar

Esta semana me he dado el primer baño en el mar de esta temporada. El agua se sentía fría a rabiar, pero soportable. A mi lado desarrollaban su actividad los escaladores. Yo mismo, hace unos años, me había construido un arnés con cinturones de seguridad de un R-8. Fui tentado con la idea de vivir pegado a la roca, pero abandoné el proyecto vertical por otros muy diferentes. Aún me queda el sabor en los labios del magnesio, el recuerdo de los anhelados pies de gato, la bailarina, el ocho inglés, el delta, los nudos y el bloqueador que vive aletargado en el trastero.
Todo me acompaña bajo el agua cristalina entre las cuevas que ha dejado el tiempo.

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Bajo el mar no me puedo esconder. El abrazo salado me envuelve por completo sin olvidarse de nada. Totalmente a su merced muevo mis pequeños brazos de un lado a otro desplazándome por la costa muy cerca de la orilla.

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Me gusta la sensación que me deja el baño. El ruido de las agua se repite sereno en mi interior.
Los niños que comparten el momento lo disfrutan como yo.
Antes de irnos vemos a alguien que nos saluda desde la comodidad de su refugio. Es muy simpático. Ya ves, la vida está llena de vida, el amor lleno de amor y los ojos de lágrimas dulces.

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Roberto Molero

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6 comments

  1. Está espectacular!!! creo que nunca he estado en ese lugar, pero lo anoto ya mismo en la lista de lugares imprescindibles para visitar. Un abrazo!

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