Érase una voz

La semana pasada en el Bosque de la Maga Colibrí presentaba Beatriz su libro. Se trata de una mezcla curiosa de investigación y experiencia. Y puedo asegurar que me resulta maravilloso ver como hay quien puede descubrir nuevos horizontes desde la misma ventana y sin subirse a una escalera.

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Lara Meana hizo la presentación que me parece tan estupenda que aunque pensaba copiar alguna de sus frases he preferido dejarla completa:

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“Hace años conocí a Beatriz Sanjuán sin saber quién era Beatriz Sanjuán. Conocí a una mujer risueña, de mirada brillante al localizar una pequeña joya en las estanterías de mi librería recién abierta. Hablábamos de libros, de lecturas, de nuestros preferidos y nuevos descubrimientos. Al poco tiempo empecé a esperar su visita, guardando en un montón aparte los álbumes especiales que iban llegando entre las novedades, para compartirlos con ella.

Casi al mismo tiempo empecé a ver los frutos del trabajo de Beatriz Sanjuán: familias que se compraban un álbum ilustrado para niños mayores, que escogían un Anthony Browne o un Chris Van Allsburg entre cientos de libros, que tenían una manera diferente de acercarse a la estantería, de pasar las páginas, de hablar con sus hijos de lectura. Y empecé a preguntar. Y todos me hablaron de un taller que habían hecho cuando los niños eran muy pequeños, algunos bebés, en el que habían aprendido sobre libros y lectura compartida.

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  Al poco tiempo empecé a esperar su visita, guardando en un montón aparte los álbumes especiales que iban llegando entre las novedades, para compartirlos con ella.  . Aún tardé un poco en atar cabos, en unir a la lectora con la especialista. En descubrir su trayectoria, lo que llaman el curriculum y que a ella le sobra porque ningún papel puede reflejar ese don, el de acercarse a los más pequeños y no sólo mirarles sino también verles, hablarles con la voz precisa, contarles justo lo que quieren y no esperan oír.

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Beatriz Sanjuán posee sabiduría. No sólo la que está en los libros y se aprende, sino el conocimiento ancestral, el que se hereda en una familia extensa y se afianza con dos docenas de primos menores a los que contar, con los que jugar.

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Beatriz Sanjuán sabe de niños. Cuando se acerca a un pequeño lo primero que hace es sentarse en el suelo, buscar la altura de su mirada. Hablarle con suavidad, sin estridencias ni ñoñerías. Preguntarle por sus zapatos nuevos, por el arañazo de su mano. Ella busca la conexión real: pregunta porque quiere saber la respuesta y el niño distingue precisamente esa autenticidad de la cháchara condescendiente que la mayoría de los adultos dirigimos a los pequeños desconocidos. Y cuando cuenta, lo hace para comunicar. Habla de lo que conoce: de lo literario, pero también de lo cotidiano, saltando de uno a otro con la comodidad de quien juega a la rayuela desde niño. Cuenta cosas importantes, cuenta la verdad aunque se esconda en la ficción. Y el niño lo percibe, y se engancha a esa mirada y a esa voz que le dan identidad, que le transforman en único, en especial, en héroe de la historia.

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Beatriz Sanjuán también sabe de libros. Ha leído muchos, y cada uno muchas veces. Ha compartido sus lecturas y ha aprendido a leer mejor. Sabe que cada libro se renueva con la audiencia, que siempre es diferente, y lo diferente es bueno porque nos hace crecer. También ha estudiado mucho, sobre literatura, sobre imagen, sobre álbum ilustrado, sobre infancia. Y es esa mezcla de lo teórico y la práctica cotidiana durante más de quince años con niños de todas las edades pero especialmente con bebés, lo que hace especial su trabajo. No parte de lo académico para refutarlo con una situación experimental planificada. Parte de la experiencia cotidiana para refutar lo académico en un camino de ida y vuelta tantas veces recorrido que dota a su discurso de una fuerza y una credibilidad poco habitual en los especialistas. Y todo ello aderezado con un ingrediente fundamental: el respeto. Respeto por el lector, por sus necesidades, por sus aportaciones, por su forma de leer. Algo nada habitual en esta sociedad tan poco dada a respetar la infancia. Tan poco dada a respetar.

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Ya son ocho años de camino compartido con Beatriz Sanjuán. De trayectoria profesional y vital, que se entrelazan con fronteras difusas. Ocho años leyendo juntas cada día, creciendo con cuentos. Como niñas. Como brujas que sí, también temen al lobo.”

 (Lara Meana).                                                               

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El objeto de la presentación puede comprarse el la la librería El Bosque de la Maga Colibrí . Es una lectura más que recomendada. Posee esa dualidad tan poco frecuente de contar con profundidad mecanismos complejos de forma cercana y comprensible. Descubre detalles sorprendentes como la importancia de las cosas gratuitas; las que aparentemente  no sirven para nada concreto resulta que al final parecen  ser las más importantes.

El libro lleva impresas anotaciones al margen hechas a mano invitando así al lector a hacerlo suyo, a subrayar lo esencial y a convertirlo en algo más que un rellena estanterías.

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Termino con cuatro imágenes del evento y un enlace para quien quiera ver algunas más.

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El enlace prometido antes de la última:  Érase una voz.

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Roberto Molero.

 

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8 comments

  1. Me emociona la admiración que os tenéis, enhorabuena por el gran trabajo 👏👏

  2. El relato hermoso , espero que sea un éxito el libro , enhorabuena Beatriz , cuando una persona realiza una trabajo con pasión se ve, hacéis un tándem sin igual, me encanta

  3. Bea, que hermoso texto para esa hermosísima tarea.
    Hace poco me preguntaban en una entrevista por ese desinterés de los políticos hacia la cultura. Contesté con esa frase que te copio. Hay que seguir con la tarea de formar lectores, descubrirles esos otros mundos, resistiendo de la mano de la verdad y la belleza.

    “Yo recomendaría en estos asuntos la lectura de varios autores: Marc Fumaroli, Nuccio Ordine, Steiner, Brodsky o Martha C. Nussbaum, sobre todo su libro ‘Sin fines de lucro’, que tiene un subtítulo significativo, ‘Por qué la democracia necesita de las humanidades’, donde habla de ese papanatismo economicista que impregna todas las instituciones y también las educativas, y señala que con las artes sucede lo mismo que con el pensamiento crítico, que resultan esenciales para el crecimiento económico y la conservación de una cultura empresarial sana.”

  4. Bonitas imágenes y texto. Corroboro todo lo dicho en él. Es la sabiduría de Bea y su carácter lo que hace que la sigamos con entusiasmo.
    Gracias a los dos.
    Marisa.

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