Saint-Jean-Pied-de-Port

Un impulso no programado fue lo que nos llevó a la región de Aquitania. Hay un pueblo encantador dispuesto a recibir al viajero, mecido por aires fronterizos, bañado por arroyos que descienden de las altas cumbres de los Pirineos…

Las fortificaciones levantadas con tanto esfuerzo en los tiempos pasados se mantienen erguidas a pesar de lo inútil de su propósito en la era moderna.

Se celebra un mercado los primeros lunes de cada mes. Los artesanos llevan sus productos a los puestos donde se comercia libremente.

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Una tienda abre sus puertas al público. La cerámica es su principal razón de ser.  El arca que contiene sus tesoros está construida con piedra y madera. Un mundo ancestral con pies enterrados entre lo posible y lo imaginario. Viva y entusiasta palpita la mirada del ceramista. Sus ojos y ante todo sus manos capaces de modelar despliegan su fuerza en todas direcciones.

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De nuevo en el exterior caminamos buscando nada y buscándolo todo. Piensa en ese momento impreciso en el que sin una razón que dirija tus acciones abres todos los cajones de la vieja alacena.

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Desde la casa, justo antes de que muera el día, lanzo una fotografía mas. La luz se dispone en franjas horizontales creando una gradación de tonos, colores e intensidades.

Ya forman parte del pasado reciente estos días felices. Felices a pesar de todo, de lo inabarcable, de lo incomprensible y del costo del amor.

Me vino a la mente una canción, como siempre. Me despido con las palabras de Silvio Rodríguez:

Paladar

Llego al club de los cincuenta
y una mano trae la cuenta.
Llama la atención la suma
desde hoy hasta mi cuna.
Cada fuego, cada empeño,
cada día, cada sueño,
viene con importe al lado,
a pesar de lo pagado.

Me pregunto qué negocio es éste
en que hasta el deseo es un consumo.
¿Qué me haré cuando facture el sol?
Pero vuelvo siempre el rostro al este
y me ordeno un nuevo desayuno,
a pesar del costo del amor.

Vengan deudas, inflaciones,
vales, multas, recesiones:
pruebe a arrancarme el ratero
el sabor de mi bolero.
Sea quien sea el gerente,
me lo cobre diligente
Ya sabrá esa mano cruenta
cuando le pase mi cuenta.

 

Roberto Molero

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