La selva de Irati

El otoño se desploma lentamente sobre el calendario.
Sus últimos días se condensan. Las escasas horas de luz que aún quedan disponibles se ven desbordadas por la urgencia. El programa invernal ya espera vestido de blanco su turno en la pantalla.
Para acudir a su encuentro nos escapamos de las horas que nos aguardan. Enamorados de la muerte que se renueva, de los últimos bocados y de la determinación que nos mantiene vivos al filo de la frontera avivamos los sentidos.

El sol perezoso no quiere levantarse, su luz se arrastra por el suelo arrancando con esfuerzo escamas congeladas nacidas en la oscuridad.

Rescatando las últimas fuerzas el bosque grita con fuerza ¡Estamos aquí! Hemos venido a beber el último de los tragos.

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Cruzamos el puente que nos separa de la realidad y abandonando la tiranía de la cordura nos sumergimos en la mágica experiencia del presente continuo.

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En uno de los claros del bosque descansamos para comer. Un lecho de hojas muertas se extienden en todas direcciones formando una alfombra de colosales dimensiones. Me acerco a mirar por el ojo de la cerradura. Veo el juego de la vida,  escucho las preguntas que no esperan respuesta.

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Otras imágenes quedaron atrapadas en esa dirección. Puedes ver la versión extendida pinchando aquí.

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Roberto Molero.

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4 comments

  1. Como siempre, impresionante.
    Gracias Roberto por permitirnos con tus fotos respirar y visitar estos paisajes tan maravillosos
    Besos, Teresa

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