Los Barruecos

Muy cerca de Cáceres se encuentra un lugar fantástico para pasear sin prisa. Declarado monumento natural en 1996 se intenta garantizar la conservación de este espacio para las generaciones futuras. Cuando llegamos era muy tarde, los días se habían ido encogiendo a medida que se estiraban las noches. Decidimos entonces regresar al día siguiente. Curiosamente nos pasó exáctamente lo mismo y nos abandonaron las horas de luz precipitadamente. Quedamos emplazados a regresar para emprender alguna de las numerosas rutas de largo recorrido que atraviesan el parque. Nos dió tiempo a sentir el silencio que brotaba de la tierra y del agua calma. Había muchas nubes y amenazaba tormenta, los atardeceres se cargaron de colores intensos.

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Al día siguiente las nubes se habían cargado exageradamente. Pequeñas lágrimas derramadas sobre los últimos rayos de luz hicieron brotar en el agua el reflejo multicolor de un arcoiris. precediendo a la noche se presentó la hora azul. Es un momento anterior al negro que conoce bien aquel que habitualmente fotografía atardeceres. Con los reflejos de las charcas se formaban imágenes hipnóticas. No hacía frío, en un momento del camino regresamos al coche a regañadientes; se terminaba la función.

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Hay un momento para todo. Leí el principito cuando me tocaba hacerlo y desde siempre me acompañó. Las fotos de dos puestas de sol me lo han traído a la memoria. Para cerrar la entrada copio unas frases del célebre escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. A veces sienta bien recordar. Mucho o poco, es lo que nos queda:

-Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol…

-Tendremos que esperar…

-¿Esperar qué?

-Que el sol se ponga.

Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

-Siempre me creo que estoy en mi casa.

En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas…

-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadiste:

-¿Sabes?… Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol.

-¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?

El principito no respondió.
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Roberto Molero

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6 comments

  1. Mágico paraje, mágico paisaje, que la particular sensibilidad de Roberto rescata en estas preciosas palabras e imágenes.

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