Bailando en la penumbra

Comienza un nuevo año en la academia. El cuerpo la herramienta de trabajo. Recuerdo que el año pasado cuando los padres fuimos invitados a ver a nuestros hijos hice una sesión de fotografías. (Ver enlace): Candilejas.

Este año volví al mismo lugar, pero quise tomar un camino diferente y construir un vídeo con las imágenes. Me propuse hacer la música. Compuse una base con piano. Comencé añadiendo la percusión, luego algunos sintetizadores, algunas guitarras y al fin el resto de los detalles. El estudio de grabación me permite vivir la magia de multiplicarme en pistas infinitas. Acompañarme una y otra vez hasta lograr la melodía deseada.

El juego termina mezclando los dos ingredientes ya elaborados: la imagen y el sonido.

Esta combinación de siluetas y notas me resulta especialmente gratificante. Como un deporte que exige la participación de todos los músculos simultáneamente. Como la natación sincronizada o como la sesión de baile que se representa.

Son poco más de cuatro minutos. Tal vez excesivo para muchos, acostumbrados como estamos a vivir en el mundo de la inmediatez. Aún así prefiero dejar la puerta abierta para quien desee re-aprender los campos ya trillados.

Yo me dejo empapar de una música envolvente y mecer por los claroscuros de la imagen. Disfruto del pase de un trabajo hecho a mano y sin permiso, como los sueños, y lo intento compartir contigo.

Paso parte de mi tiempo viendo fotografías, otra parte haciéndolas y otra parte la dedico a procesarlas. Un poco más lo dedico a seleccionar lo que más me gusta. Luego tengo que encontrar las palabras que reflejen lo que quiero contar, colocar el estilo y el punto final.

Todos lo días cojo la guitarra aunque solamente sea unos minutos. Me gusta improvisar sobre canciones que se escuchan en casa, porque en casa casi siempre hay música puesta. También hago ejercicios para fortalecer los dedos y evolucionar.

Los días tristes toco durante horas.

Al piano le dedico muy poco tiempo. Lo reservo para los martes y jueves, mientras en la academia se baila; aunque muchas veces dedico ese tiempo a hacer la compra o algún que otro recado.

Escucho discos de vinilo por la mañana. Son de música clásica y van muy bien con el desayuno. La vista desde la ventana siempre es espectacular.

Pero de todas formas lo que yo quería contar es que hagáis un hueco de cuatro minutos y doce segundos en vuestra apretada agenda para ver y escuchar: “Bailando en la penumbra.” 

Me despido afectuosamente esperando sinceramente que sea de su agrado.

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Roberto Molero

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7 comments

  1. A mi me llega al corazón especialmente porque Adriana tambien baila, gracias. Como siempre, bello, delliciosas muñequitas de delicados movimientos, casi etéreos.

  2. Roberto sabes que te agradecamos sinceramente esto que haces porque reflejas como nadie el sentimiento de lo que se ve en estas fotografias.
    Nos encanta el trabajo que realizaste y esa música tan especial que llega al alma, desde luego eres un artista en todo lo que haces.
    Gracias

    Isa y Nuria

  3. MUCHAS GRACIAS, Rober… ¡Precioso!, me ha encantado la música que pone “palabras de corazón” a imágenes cargadas de sensibilidad. MUCHAS GRACIAS por COMPARTIR

  4. Gracias, Roberto. Qué bien sabes unir la delicadeza de la danza y la música, para que el resultado sea perfecto.
    Marisa.

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