Cabo San Lorenzo

Retrocedo hasta Octubre del año 2008. Es la ventaja de conservar el archivo fotográfico. El mar no ha cambiado tanto.

Me pongo a prueba. Asciendo a lo más alto. Busco la altura que me suponga un verdadero reto. Intento mantener la cabeza fría. Me decido y suelto las manos. Ya en el aire me concentro en el vuelo. Los brazos a los lados estabilizan el trayecto. Abajo el suelo espera paciente mi llegada. Paso a paso doy luz verde a la secuencia hasta que al fin llega el aterrizaje. Plegado sobre mi mismo disfruto del triunfo.

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Entre cortinas de madera espío al que anuncia su presencia con lenguaje universal.

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Muevo los músculos de mi cuerpo para sentir la vitalidad de la mañana.

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Una y otra vez repito el ejercicio. Como una falseta que precisa ser estudiada. El movimiento lo es todo. Más que nunca preciso abrazar el engranaje de retos y victorias, de intentos y fracasos que se avivan por si mismos.

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Al mirar al suelo, algunas veces veo los pies muy lejos. Me siento extraño de mi mismo e incapaz de controlar el mundo. A mi lado se acumulan elementos ardientes y afilados. Otros días sin embargo los pies anidan cerca de mi. Como si caminara descalzo. Coloco las manos en los bolsillos y cada cosa encuentra su lugar: El aire, la nieve, el palpitar de los corazones, la roca sumergida y la muerte.

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Roberto Molero

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One comment

  1. Hola, Roberto, me encantan. Qué suerte disfrutar de esa libertad al aire libre. Quisiera ser niña otra vez!!!!
    Saludos. Recuerdos a Bea.

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