Florencia (parte dos)

Se termina el mes de Julio. Estoy tenso. Al mirar hacia atrás todo se ve diferente. En el viaje a Florencia disparé miles de fotografías… demasiadas para una sola historia. Decidí reservar algunas para una segunda parte. En ese momento desconocía que los acontecimientos futuros iban a cambiar la percepción del pasado.

Veo un puente por el que circulan diariamente miles de personas, miles de sueños, miles de planes. El sol los abraza con amor unos días y otros días los abrasa por completo dejando unicamente cenizas.

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Veo una imagen recurrente. una luz, un guía en la oscuridad, una pretensión, una ráfaga…

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Mi abuela Ángela vestía de modo muy parecido a esta mujer: siempre con la cabeza cubierta. Pero no llevaba un cartel para pedir en la calle. Siempre me contaba historias; yo también le contaba algunas y le leía El Principito.

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Como este muchacho algunas veces tomo nota de esas ideas que cruzan mi cabeza. Estas elucubraciones nunca utilizan el paso de cebra y en general son poco respetuosas con las señales de tráfico.

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Yo también toco en la calle algunas veces. La semana pasada rasgaba mi guitarra sentado a las afueras del Hospital de Oviedo, esperando a Beatriz que estaba haciendo una actividad con niños oncológicos.  Había gente que se quedaba escuchando.  Tampoco llevaba cartel para pedir.

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Una persona sentada en el suelo dibuja atentamente. Tal vez busca inspiración. A nuestro alrededor se extiende todo un vergel para saciar almas inquietas.

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Cuando el final se vuelve inminente llega la hora azul. Es la última imagen de Florencia. Dejo volar el tiempo hacia atrás con un miedo inusual. A esa hora mi madre estaba en casa. Ayer borré de mi agenda su teléfono. Luego eliminé su nombre de la lista de contactos. Hay senderos aparentemente sencillos que a la hora de la verdad resultan impracticables.

El futuro se ve muy lejos desde el presente tembloroso en que habito. Acumulo miles de palabras en el fondo de mi alma. Vuelvo a la guitarra. Siembro notas despiezadas por todos los rincones. Rodeado por quienes aún me quieren me mantengo erguido. A menudo esbozo una sonrisa sincera.

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Roberto Molero

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4 comments

  1. Gracias, Roberto. Preciosas fotografías y los textos que las acompañan. Es un lujo disfrutar de ellas.
    Qué familia de artistas!!!
    Saludos y recuerdos a Bea.

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