Cascada del Xiblu

Amanece de nuevo en el bosque. Todos los detalles se ocultan y los colores se desvanecen. A través de la niebla solamente se vislumbra la existencia de un camino. Me reconozco herido. La sangre no es más que salsa de tomate espesa y caducada. Toda la fuerza recogida cuidadosamente durante años se me está escapando inexplicablemente por esta brecha de plástico. Las pisadas resuenan a lo lejos. Mis propios pasos…¿Cómo se oyen tan ausentes?

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Un pájaro canta. Me detengo a escuchar su armonía.  En sus notas me ha parecido descubrir parte de una respuesta ¿O tal vez haya sido el enunciado de una de las preguntas que pretenden hacerme enloquecer cada mañana?

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Una vez más buscando un resquicio, un lugar por donde asomar la cabeza y tomar aliento.

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El color aparece bruscamente, como un portazo de luces aparentemente perfecto.

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Los detalles enormes es sus pequeñas cosas permanecen callados dibujando su evolución.

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El agua canta su propia melodía. Es el amor que abrasa, que desgasta un poco cada día. Creciendo de tormenta en tempestad y arrastrando sus pesados brazos cuando falta su alimento.

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Llegando al final el tiempo se agota, o quizás no es realmente aquí donde termina el camino. La fuerza del agua resuena violentamente sobre las rocas y de todos modos tenemos que volver.

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Nos proponemos descender por la cascada como se hace en un parque de atracciones.

Con herramientas precisas construimos una balsa para llegar realizar nuestra alocada empresa. Si Cristobal cruzó el Atlántico en una carabela seguro que nosotros podemos descender esta montaña antes de que la noche nos sorprenda.

Unos troncos, los cordones de las botas, Una camisa hecha jirones y una buena dosis de imaginación son suficientes para ultimar nuestro artefacto deslizante. Agarrarse fuerte y…!Allá vamos!

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Lo hemos logrado. Aunque hay que reconocer que hemos tenido suerte de no habernos roto todos los huesos en el último salto.

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En la parte baja reina la niebla. Aunque al principio parecía fría y distante, ahora, al atraparnos en en su interior sentimos su cálida bienvenida. Lo más difícil ya quedó atrás. La vista se vuelve más profunda y la tarde serena.

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La vida quebrada y retorcida compone sus filas. Llega en parte el equilibrio. Hay restos de belleza.

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Como gotas de agua transparentes e incompletas. Como significados buscando significante que les represente. Como la vida que se despliega inútilmente intentando eludir el equilibrio. Como todo lo que puedo percibir a mi alrededor. Así te veo. Como la huella del que ha pasado, como la palabra que aún no se ha dicho, como una imagen… como yo.

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Roberto Molero

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4 comments

  1. Este, Roberto Molero, cada dia se supera a si mismo…. No sé donde tendra el limite. ¡ Si lo tiene, claro !

  2. Jamás me había gustado tanto el bosque sin los rayos que se filtran del sol. La bruma en tus fotos le da un misterio y un encanto….mis retinas siguen buscando algún ser mitológico detrás de cada tronco y en cada recodo del camino.

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