Matilde

Mi madre desarrolló una leucemia mielobrástica aguda secundaria a un tratamiento de radioterapia . La evolución fue veloz. Un sábado mi hermano la llevó al hospital porque se sentía tremendamente cansada. En ese momento se desveló el diagnóstico. Hacía quince días que sentía fatiga y se había hecho una analítica cuyo resultado era normal. El domingo empeoró considerablemente. Llegué el lunes por la mañana. Hablamos con el hematólogo que nos dio una información completísima. La situación crítica dejaba únicamente un resquicio para la esperanza. Nos aferramos a la posibilidad viable para intentar sobrevivir la fase aguda.
A las cuatro de la mañana de ese mismo día falleció. La última de las noches fue cayendo muy lentamente, como el telón de un teatro que enmudece.
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Pegado a su cama, en las horas finales, con su mano entre las mías, cuando ya le habían abandonado las fuerzas por completo, ella era quien nos estaba cuidando a todos los que estábamos allí. Sin palabras, sin energía, sin aliento… pero al menos yo me sentía arropado por ella. Como siempre.
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En el hospital donde trabajo veo morir a mucha gente. La muerte viene acompañada de múltiples cortejos. Respiraciones específicas , livideces, cianosis… y además un olor especial. La muerte tiene un olor intenso, pero a mi madre no le afectó. Llegó como otras veces, con todo su protocolo excepto éste.
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En la caja estaba hinchada. No parecía ella. La incineración resultó paradójicamente fría. La urna que contiene sus cenizas es de color verde.
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En el tanatorio saludé a cientos y cientos de personas. Muchas se presentaban diciendo: “No me conoces. Soy amigo de tus padres.” Me daban un beso, un abrazo o un apretón de manos. Otros venían a mi cabeza pues no los veía desde la infancia. Llegaron mis amigos, flores, notas de condolencia y toda la familia.
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En Chozas de Abajo la gente llenó la iglesia, el parque y la plaza. Vinieron de todas partes. Marta cantó el Ave María. Mi hermano le escribió unas palabras:

“A la memoria de Matilde , mi madre, que vivió con intensidad, vitalidad y armonía y nos dejó el mejor legado que se puede recibir: su vida ejemplar.
Nos dejó el martes cuando sonaba Roma de Vicente Amigo que tanto le gustaba.”

YA LLEGÓ LA LUZ QUE TE LLEVA.
AQUELLA QUE PRECEDE AL AMANECER.
VIAJAS DEPRISA PUES EL MUNDO PERCIBE TU ENERGÍA.
VUELVE LOS OJOS UN INSTANTE Y MIRA EL UNIVERSO COMO TU SOLO SABES.
ALLÍ NOSOTROS MIRAMOS CON ANHELO LAS MAREAS QUE SE ACERCAN CURIOSAS,LAS FLORES CAUTIVAS,LOS CIELOS PROTECTORES.SENTIMOS EL ROCIO INTENSO,LA CALMA DEL SILENCIO,LA QUIETUD DEL CUADRO EN LA PARED,LA EMOCION DE LA NOTA EN EL PENTAGRAMA.
LUEGO,UNA DÉCIMA DE SEGUNDO DESPUÉS YA LO HABRÁS IMPREGNADO TODO, Y SERÁS LA MAREA,LA MÚSICA,LA FLOR,EL ROCÍO.YA SERÁS LO QUE ANTES ERAS.
( Antonio Molero)
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Cuando murió mi madre acababa de cumplir 71 años y un mes de vida. Parecía más joven. Todas estas fotos son recientes. Algunas de este mismo año.
Era muy alegre. Nos enseñó que la vida es bella y de colores. Siempre sonreía.
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Yo escribía para ella, siempre me leía y difundía mis palabras de trapo vistiéndolas de rigurosa etiqueta. Nos queríamos.
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Roberto Molero

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16 comments

  1. Siempre estará en nuestro corazón… lo escribí en el libro de firmas el día antes de despedirla “definitivamente”, porque así lo sentía y así lo siento. Desde donde esté, siempre nos estará sonriendo. Un abrazo Rober, de esos que salen del corazón.

  2. Hoy he celebrado mi cumpleaños y me siento feliz, rodeada de amigos, pero mas aún después de leer lo que has escrito sobre tu madre, su muerte y toda la preciosa luz que ella irradiaba. Y digo “feliz” por sentir esa gran emoción que transmiten tus palabras y las imágenes. Yo también quiero a Matilde y la siento. Ser fuertes, ella estará siempre.

  3. Te abrazo Roberto. A ti y a tu bella y tan querida familia. Desde este lado del mar, casi al fin del mundo, llegan la mirada y sonrisa de tu madre. ¡Bella! Las buenas ausencias siempre iluminan, lo sé, y en algún momento oportuno se acomodan en un rincón de la memoria afectiva dejando solo huellas de su luz. Transitar la tristeza es solo un primer paso. Sé que Bea y los chicos camina a tu lado, amorosamente. Yo desde aquí te acompaño.

  4. Seguro que, ahora,tus “palabras de trapo”, aún le llegaran con mas fuerza, si cabe, Roberto, y reboten sobre ti impregnadas de amor. ¡Escribele !… hazlo sin parar, pues cada letra, cada palabra que tu escribas, rebotara sobre ti con un eco impregnado de cariño.

    un abrazo muy fuerte.

    agustín acebes

  5. Grandes abrazos para todo la familia. Gracias por compartir esta experiencia , la salida final de tu madre, de manera tan compasiva que pienso mas en el amor que la muerte. Besos, Jude xox

  6. Recuerdo a Matilde prodigando su hospitalidad, la recuerdo como una persona alegre y generosa, atenta al detalle que reconforta, acogiéndonos a todos con la naturalidad de quien sabe compartir sin reservas. En las imágenes y en las palabras de Roberto, en el poema de Toño, está toda la eternidad que se le puede regalar a una madre.

  7. Escribir sobre Matilde supone asumir la certeza de que lo que se diga resultará incompleto, insuficiente. Supone sentir la incapacidad de cifrar en palabras (pocas o muchas, no es esa la cuestión) siquiera una pequeña parte de lo que ha significado, de lo que significa. Porque es una de esas personas, imprescindibles y escasas, que no es posible contar, que es necesario conocer. Hermosa por dentro y por fuera. De otra forma a la que queríamos -no nos han dejado elegir- la sentimos aún y por siempre cerca: en lo que nos provoca alegría, en lo que nos levanta el ánimo, en la satisfacción de resultar útiles, y en casi en cualquier pequeña cosa que nos haga ser un poco mejores.

  8. Lo siento Roberto. No esperaba este Radiofotografiando tan doloroso. El día que lo envías andaba yo recordando el 2ª aniversario de la muerte de la mía. Te quedan siempre los recuerdos y con el tiempo el vacío de quien sabe que no va a ver un ser querido nunca mas. Es entonces cuando te gustaría ser creyente…
    Un abrazo.

  9. La vida golpea muy duro a veces y es difícil encontrar la pócima o el ungüento que alivie el dolor. Quiero desde estas humildes palabras ofrecerte aliento y calor que mitigue un poquito tan dolorosa pérdida. Jamás hubiese querido ver este “Radiofotografiando”.
    Un fuerte abrazo a tí y a los tuyos.

  10. Matilde era especial, una de esas personas que se encuentran, rara vez, a lo largo de la vida. Matilde era la sonrisa constante, la energía, las ganas de vivir… No acostumbro a escribir, y menos cosas personales, pero al ver estas fotos y las hermosas palabras que le dedicas, no puedo menos que unirme a ello para recordar cómo era Matilde. Para recordar aquella minúscula tacita de porcelana que me reservaba desde pequeña para juntarme con ellos, “los mayores”, a tomar el café. O aquellas deliciosas palomitas con azúcar que preparaba en la sartén de la cocina vieja de Chozas. O todas las plantas que ella me enseñó a reconocer y hacer uso de ellas. De hecho, siempre que cojo un poco de anís, me acuerdo de ella. Y es que Matilde, cuando yo era pequeña, hacía que todo se revistiera de una especie de halo mágico que hacía que las cosas fueran maravillosas. Las cosas “normales” dejaban de serlo al estar a su lado. El mundo tornaba diferente, más misterioso, más fantástico… al menos éso es lo que yo siento, y lo que yo sentía cuando me llevaba por los montes de Chozas, a explorar algún camino, a buscar acederas, a coger “majolinos”…
    Poco a poco fuí creciendo y dejé de verla con tanta frecuencia, pero el tiempo no importaba y ella permanecía igual; su cara, su eterna sonrisa.
    Ahora ya no está, pero sin duda ha dejado una huella imborrable en todos nosotros.
    Un abrazo muy fuerte, os quiero mucho Rober.

  11. “Nos van dejando solos los mayores.
    Se irán
    la fresca juventud y los amores cálidos.
    Y partirán de pronto, sucederán qué cosas,
    propiciarán qué cartas, y qué libros amargos.

    Alzando va ya el tiempo la alta torre
    de la soledad, que nubla el cielo.
    Y nos llama la sombra con su mano enemiga.
    Y se adentra en lo oscuro
    nuestra herida memoria.

    Ya nos lleva la vida por senda entenebrada,
    solos ante la destrucción de cuanto amamos.

    Y ese viento que ahuyenta las estrellas…”.

    Rober, cuando murió abuela Ángela leí este poema.
    Estos días lo he recordado a menudo.

    Ave.

  12. Gracias a todos por vuestras palabras. Gracias por asomarse al abismo que media entre las palabras y los sentimientos y atreverse a dar una paso adelante.

  13. Leo y lloro. Lloro y sigo leyendo para seguir llorando.
    Hasta mi casa llegó tu risa, Matilde, y nunca más se fue.
    Lloro

  14. Llego muy tarde a esta página, y lo siento, como tantas veces lo urgente no nos deja ocuparnos de lo realmente importante. Recorriendo las fotos que has compartido con todos nosotros percibí algo muy nítido, porque llegó desde mis recuerdos, algunos tan viejos como de hace cuarenta y muchos años: la Voz, la voz de Matilde, es como si la estuviera escuchando al ver su imagen. La voz de una persona suele reflejar muchas cosas de ella, y la voz de Matilde, de tu mamá, la recuerdo siempre alegre, optimista, ella sabía contagiar ese optimismo a través de su voz. Creo que es un verdadero mérito, y un privililegio, que la voz y las palabras de alguien tengan siempre la capacidad de hacerte sentir mejor, más optimista, después de haberlas escuchado. Matilde lo lograba, lo transmitía, y ese sonido nítido de su voz y de su risa no se irá de mi memoria. Ella se ha ido, pero su recuerdo siempre estará ahí, permanecerá, como todo aquello que nos ayuda a ser mejores.

  15. Rober,

    Ya ha pasado un año. Hoy he llorado de nuevo, no me pasa casi nunca, creo que la ultima vez, fue hace un año, y la vez anterior, cuando operaron a Lynn de cancer. Me resulta incomodo, y creo que mi mente reserva las lagrimas paro los dolores mas incontenibles. No he llorado por Matilde, es imposible llorar por una persona tan feliz, buena y llena de amor. Lloré hace un año y lloro ahora, porque me volvió ese dolor agudo e intenso que sentí por tí. El mejor legado que os dejó a vosotros, fue su vida ejemplar. El mejor legado que nos dejó a todos nosotros eres tú.

    Te quiero.

    Fer

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