Florencia

Tal vez fuera el destino quien me llevó a Florencia. Eso sí, ayudado por un tren de alta velocidad. La estación está ubicada muy cerca del centro. Al salir a la superficie ya se puede ver la oficina de turismo. Parece que todo el mundo había tenido la idea de pasar el fin de semana en el mismo sitio. Todos queríamos información simultáneamente. Las calles ampliaban sus dimensiones para permitir el paso a nuestra multitud. Recibimos el impacto visual de la inmensa catedral. A mi lado una cantidad incontable de cámaras infatigables atrapaban imágenes a discreción.
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Después de la primera cola ya estaba en disposición de disfrutar de las obras históricas. A la luz de una antorcha acorde con las circunstancias intento comprender. El suelo es firme, la música vuela en un aire denso y no termina de caer somo lluvia serena sobre mi entendimiento.
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Desde la torre podemos ver como la ciudad se extiende a los lados del río. Entre sus calles esconde sus innumerables tesoros.
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En una de las escaleras persigo a una imagen que podría haberse quedado aferrada al tiempo pasado.
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En el exterior encuentro personajes familiares.
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Nicolás Maquiavelo murmura alguna de sus célebres frases como esta:
“De vez en cuando las palabras deben servir para ocultar los hechos”.
O esta otra: ” Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen”.
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Un invitado fortuito reflexiona. Sus pensamientos permanecen silentes en su interior.
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Tal vez deberíamos entrenarnos para enfocar más allá del sujeto más cercano. Alargar la mano para alcanzar los frutos inaccesibles.
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Posiblemente al volver la vista atrás podríamos seguir el rumbo con una mayor precisión.
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Me sumerjo en la sala de exposición con paso decidido. Los retratos reflejan vitalidad. En sus ojos veo interrogantes y su cercanía me produce la sensación de sentirme observado.
Los vapores de la belleza van embotando mis sentidos.
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Algo aturdido regreso al mundo que habita el exterior de los cuadros. Las palabras insuficientes se acantonan en la garganta.  Tal vez fuera el final de la tarde lo que nos hizo regresar. Eso si, ayudados por el tren de alta velocidad.

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Roberto Molero

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3 comments

  1. Rober, gracias a tus fotos hemos vuelto a pasear por la plaza de la Signoria y por los puentes sobre el Arno.
    A.

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