Museo Henry Ford

Se me presentó inesperadamente la oportunidad de coger un tren. El sonido de los vagones de madera traqueteando entre las vías se convirtió en un poderoso reclamo. Me acerco al andén como debería hacerlo siempre, sin prisa. Cada viaje contiene en si mismo una parte de sucesos imprevisibles. Esa sensación de aventura me mantiene alerta.
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En la ciudad destino encuentro ilustraciones anónimas que señalan un camino iluminado en la penumbra. Me deleito siguiendo su rastro, descifrando enigmas, rellenando crucigramas…
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En este lugar se desarrollaron las cadenas de producción y el mundo dejó de ser el mismo. Entre el artesano individual y la cadena de montaje hay un abismo conceptual que lo cambia todo.
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Por la calle circulan los primeros modelos. Los coches de caballos continúan conviviendo y resistiéndose a ceder el paso a los aires modernos de ruido e inmediatez.
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“En 1891, Ford consiguió el puesto de ingeniero en la compañía Edison, y tras su ascenso a ingeniero jefe en 1893 comenzó a tener suficiente tiempo y dinero como para dedicarlo a sus propios experimentos con motores de gasolina. Estos experimentos culminaron en 1896 con la invención de su propio vehículo autopropulsado denominado cuadriciclo, que hizo su primera prueba con éxito el 4 de junio de ese año”.
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“En 1902, Ford se empeñó en trabajar en su coche de carreras, con el consecuente perjuicio a sus inversores. Querían un modelo preparado para la venta y trajeron a Henry M. Leland para que lo llevase a cabo. Ford renunció ante este menoscabo de su autoridad, y posteriormente dijo: «Dimití determinado a nunca jamás volver a ponerme bajo las órdenes de nadie». La compañía fue reorganizada bajo el nuevo nombre de Cadillac”.
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Alrededor de la nueva industria se desarrolla todo un entramado que se extiende aparentemente sin límites.
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Estaba pensando que tal vez el cambio de escenario no ha sido sustancial en nuestras relaciones. Hemos conseguido mayor velocidad, nos movemos siempre con prisa y el tiempo se nos escapa de las manos. Los avances tecnológicos se transmiten sin pausa entre la especie humana. El desarrollo tiene una doble cara. Cada paso paga un impuesto y cuesta una vida.
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Mientras tanto cada uno de nosotros vamos utilizando nuestros propios pies en el camino, pagando nuestro deuda e invirtiendo nuestra energía. Intento construir un mundo habitable, evitar que se pierdan los cultivos y descifrar hasta donde puede llevarnos la vida y el amor que nos sostiene.
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Roberto Molero

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One comment

  1. Con los cambios se ganan unas cosas y se pierden otras.Afortunadamente, no hay vuelta atrás.

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