Louvre

El metro nos permite movernos con rapidez en la ciudad. La uniformidad de sus pasillos costosamente iluminados contrasta con la enorme diversidad de las personas que los transitan. Siempre me gustó viajar en metro. Cuando fui a vivir a Madrid hace algunos años, me entretenía recorriendo todas las líneas de la ciudad subterránea. disfrutaba de la ventaja de hacer multitud de kilómetros por el precio de un solo billete.
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Llegando a las inmediaciones del museo nos reciben orgullosos escenarios.
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Cada individuo busca su alimento. Alineados en hileras interminables lo singular se transforma en una masa inconcebible de extensión incalculable.
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La poderosa punta de la pirámide pincha el borde inferior de las pesadas nubes que se han ido acercando al suelo por su peso desmedido.
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El agua nos salpica insistente, ruda e inoportuna…
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Desde lo más alto del patio nos cercan. Sus ojos vigilantes escrutan la escena.
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Una pareja comparte sus secretos parcialmente oculta por la multitud.
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Entramos en el espacio protegido. El tiempo circula a trompicones, dejando jirones de sustancia en las aristas.
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Y el espacio crece por uno de sus costados para albergar al monstruo que ha nacido en las afueras.
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Este gigantesco animal de diez mil patas se mueve por la enorme cueva recorriendo cada palmo de superficie. Nada se escapa a su meticuloso examen: paredes, bancos, techos…
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La Gioconda ha sido acorralada. Asumida su fama por completo recibe con resignación los elogios, las emociones y las desilusiones que se estrellan contra el cristal blindado.
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En 1991 habíamos visitado este lugar. Beatriz me habló de la Victoria de Samotracia. Es una de sus obras favoritas. Yo me quedé con la copla en aquel entonces. Al regresar 23 años más tarde sabía que quería verla de nuevo. La figura femenina de la Victoria con alas se posa sobre la proa de un navío, que actúa de pedestal de la figura femenina. Se me quedó pegado el entusiasmo por esta escultura.
Me quedo con su imagen como alfa y omega. El final de la entrada y el punto donde comienza la segunda parte de la visita al museo la semana próxima.
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El día se recoge sobre si mismo. Volvemos a los túneles de aquel entonces y a los senderos que se abren ante nosotros en este mismo momento.
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Roberto Molero

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3 comments

  1. miss camiseta mojada” nunca fué mascarón de proa, es de marmol, muy fragil y costosa pa´ un barco. Pero si inspiró una moda, imaginando el cuerpo completo, y en talla de madera, claro, de mascarones

  2. Stoy encantada con tus reportajes, es un recreo dde la actividad normal.Gracias.Marili

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