Versalles

A veces los lugares menos transitados encierran los tesoros más especiales. Este no es el caso de Versalles. Lo digo porque no es precisamente un lugar poco transitado. Llegan autobuses de todas partes y cuesta trabajo aparcar la furgoneta en algún sitio cercano al palacio. Decidimos seguir el curso de la marea humana. De camino a nuestro turístico destino me entretengo embrujado por la arquitectura cotidiana, me seducen el reflejo en el cristal, las muestras del paso del agua y el transcurrir del tiempo.

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Vamos a entrar en el escenario donde se filmó El hombre de la máscara de hierro (1998). Una película escrita y dirigida por Randall Wallace que está basada en la obra El vizconde de Bragelonne de Alexandre Dumas.
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En palacio todos los presentes están muy tiesos. La distancia que separa a la realeza del resto de la gente parece insalvable. La mirada de uno de de ellos parece perdida en un punto entre la indiferencia y el desprecio.
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La pintura alcanza embrutecidas dimensiones y se coloca flotando sobre nuestras cabezas. El cuadro nos mira de reojo desde una altura muy superior a lo razonable. Me invade la sensación de no ser nada más que una pequeña parte de una masa uniforme de gente destinada a admirar la grandeza y la superioridad.
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Las puertas adornadas por exceso se abren tan solo a medias dejando ver esbozos de magnificencia. Se marcan las distancias. Parpadean los avisos… ¿Quién es digno de traspasar el umbral?
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La sencillez no ha conseguido imponer su criterio, aunque visto el dormitorio se diría que no ha dicho una sola palabra. Más aún, seguramente el responsable ha puesto todo su empeño en hacerla desaparecer por completo.
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Busco desesperadamente algún detalle que me muestre una parte de la vida cotidiana. Una ropa que se pueda poner, una cuchara utilizable… Preciso una desintoxicación urgente de tanta pompa y boato.
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La galería de las Batallas ocupa prácticamente toda la primera planta del ala Sur. Concebida y realizada a partir de 1833 constituye el punto álgido de la visita al museo.
” Luís Felipe reunió en ella decenas de cuadros de las grandes batallas que contribuyeron a la construcción de Francia”.
Este punto ha terminado de colmar mi desazón. Los grandes señores en sus briosos corceles envían valerosamente a sus hombres a la guerra. Cada cuadro es un poema de colosales dimensiones que refleja la estupidez humana en treinta y tres cómodas estampas.
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Salgo de la sala anhelando sentir la luz del sol… o la caricia de la lluvia… o el frío helado… Cualquier cosa me sirve. Dejo atrás el gigantesco monumento y me voy corriendo en busca del agua fresca de mi humilde cantimplora.
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Al caer de la tarde se despierta el cansancio. Me dejo caer en un lecho que hoy me resulta especialmente cómodo. Duermo deprisa procurando no recordar todo lo que merece la pena ser olvidado.
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Acompañando a nuestra tienda se pone el sol del verano. Perezoso va dejando la escena al abrigo de la noche. Su estela nos deja imágenes en el agua y reflejos en el aire. El sueño azulado de la última imagen teme teñirse con el rojo sangre-dormitorio.
La inminente llegada de un nuevo amanecer, como un político en periodo electoral, promete demasiado.
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Roberto Molero

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4 comments

  1. Gracias por acercarnos esta maravilla. De esta manera se ve comodamente ,con botella de agua incluida.

  2. No pareció agradarte mucho la grandeza barroca versallesca y su profusión de ornamentos y magnificencia, más enfocados sin duda a la celebración del poder que a la vida cotidiana. Sin embargo, cuando yo lo visité, no pude dejar de apreciar el cambio gradual que se observa en las salas más recientes (finales del s. XVIII), donde el neoclásico se impone al barroco, y la decoración se hace más humana, más orientada al disfrute de la vida que a la conmemoración de batallas y los ritos del poder. Al fin y al cabo un día esos salones que hoy nos resultan abrumadores y distantes estuvieron llenos de vida, seres humanos como nosotros se amaron y se odiaron dentro de esas paredes, mientras cuartetos de música barroca interpretaban a Marin Marais o a Corelli. De la historia suele quedar para la posteridad lo peor, el reflejo de la codicia humana y de la tiranía, confortémonos pensando que, al menos, la música, y ciertos detalles artísiticos de interés, perduraron hasta hoy y podemos disfrutarlos. ¡Más fotos!

  3. Fantástico tu comentario. Debería haberte dejado las fotos para que fueras tu quien añadieras los textos. Debo decirte que no puedo estar más de acuerdo con tus palabras y puedo suscribir cada una de ellas. No he distribuido las entradas en diferentes categorías, solo hay una que lleva el nombre de sensaciones. Lo digo porque lo que describo es simplemente una sensación. En este caso realmente fui incapaz de disfrutar de la belleza de este lugar; en parte por el momento, como esa persona que no disfruta de una buena comida cuando está indispuesta, y en parte por ignorancia cultural. Como una persona que no le gusta un buen vino porque no sabe apreciarlo, ya que solo bebe coca cola. Reitero el agradecimiento a tus bellas palabras. Gracias.

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