La abuela

Viajo desde la costa hacia el interior atravesando la cordillera. Aún pueden verse restos de nieve en la cima de las montañas y los árboles ocultan su desnudez entre el blanco y el negro.

La abuela no espera visita.

El sonido de nuestra voz llama su atención.

Momentos después se suceden los abrazos y los besos. Igual que cuando eramos pequeños… muy pequeños. La comunicación se establece de forma directa. Aceptamos el contacto de la piel sobre la piel y de los labios en las mejillas.

¡Qué dificil resulta algunas veces extender las cartas sobre la mesa! De pequeño pensaba que nunca podría levantarme tan temprano, ni recordar tantas cosas a la vez, ni esparar tanto tiempo por aquellas pequeñas cosas que tanto deseaba. Pero en realidad solo era un niño.

Más tarde creía que podría hacer cualquier cosa que me propusiera, saltar mucho más alto, pegar más fuerte, aguantar más tiempo bajo el agua… Pero en realidad tan solo era muy joven.

Algo más tarde pensaré que soy incapaz de hallar el camino y de pensar con claridad entre tantos días de tormenta. Pero en realidad solamente seré viejo.

Sin duda en el camino se esconden los tesoros que nos ayudan a mantener el rumbo. No es fácil estar permanentemente atentos y a menudo confundimos las señales. Puede ser que las criaturas del bosque nos estén guiando incluso sin pretenderlo por este terreno de innumerables posibilidades.

Queda la esperanza de aprender de nuevo a escuchar las primeras luces…

Y de mirar más lejos de lo que muestran los ojos…

Encontrar la fuerza que se apoya en lo que otros llaman limitaciones…

O Descubrir que los malos de siempre ya no son los mismos…

Vuelvo a casa retrocediendo por la misma carretera. Aunque en realidad ya soy consciente de que no es posible volver atrás. La niebla se hace visible apereciendo mágicamente de la nada.
Nos espera un futuro sin establecer, un saco inmenso de incógnitas enredadas en si mismas.
En mi bolsa de viaje reuno todos sus besos y el cariño desbordante de sus manos. Ungido con este ungüento prodigioso elaborado por la abuela camino entre la gente. No reservo nada para los días negros porque: ¿Existe acaso el mañana?

Roberto Molero

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4 comments

  1. Mi abuela se llamaba BASILISA… me encantaba recorrer con las yemas de mis dedos las venas que sobresalían en sus manos y sentir el latido de su sangre, hoy recorro las mías…
    Me encantaba dormir en la cama que me preparaba con una almohada alta y esponjosa envuelta en un almohadón de algodón con olor a limpio en el que escondía hojas de hierba buena y con un embozo suave que abrazaba mis sueños, me encantaba sumergirme en su sonrisa inmensamente amable y bucear en su mirada dulce como en aguas cristalinas, resultaba delicioso comer los trozos de pera que pelaba sobre un paño blanco en su regazo…era prodigioso observar como lavaba sus pañuelos haciendo espuma frotando entre sus manos…me hacia crecer hasta el infinito como una maga con su mirada radiante cuando yo conseguía adivinar cualquier cosa…
    Me gustaba contar sus pasos cuando se iba , imaginar el recorrido de mi casa a la suya …la observaba desde la ventana hasta que la perdía de vista, calculaba las calles que atravesaría, las escaleras que bajaría o subiría, los recodos que doblaría , imaginaba el sonido de sus tacones, sus pasos… y casi siempre acertaba hasta el momento exacto de abrir la puerta de su casa y recibir después la llamada prometida… que Dios la bendiga millones de veces…mi abuela se llamaba Basilisa

  2. Que lindo,viajar a traves de las fotografias y leer al mismo tiempo.Muchas gracias,relax para el alma,lia8impar

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