La noche de San Juan

Estaba pensando que en el mundo existen dos clases de cosas:

A.- Las que arden.
B.- Las que todavía no han ardido.
Resulta reconfortante tener clasificada toda la existencia en un solo pensamiento.
Aquella noche, bajo un cielo sin estrellas, cientos de personas nos reunimos alrededor de cosas claramente clasificadas en el grupo A.

Cuando la temperatura supera los dos mil grados centígrados todo se ve de una forma diferente. Nos acercamos a una de las principales fronteras de la realidad que conocemos. Poder asomarse a su ventana siempre me ha parecido un verdadero privilegio.
La llama encierra sin duda un poder inmenso. ¿Acaso no has perdido tu mirada en sus ojos ardientes?

Despojarse de las limitaciones que nos imponemos es una de mis preocupaciones permanentes. La hoguera se yergue como un símbolo de libertad, una invitación a destruir para siempre los apuntes de clase, las facturas de teléfono, las listas de diputados de las últimas elecciones…

En el espacio limpio dibujamos a mano nuestras propias estrellas y el mar se vuelve ligeramente más infinito al contacto con la oscuridad.

Las fugaces estelas de ruido artificial me acompañan de forma natural en la tímida aventura de esta noche de verano.

No me quedaré hasta el final a pesar de lo que disfruto de ver nacer a la última ceniza. La fuerza irresistible fruto de un instante se tiñe de colores anaranjados. Se forman caprichosas figuras recortándose violentamente contra la penumbra codiciosa.

Nosotros encendimos nuestra propia hoguera.; tres personas se acercaron a quemar tres papeles doblados con cuidado. Supongo que se trataba de tres deseos enviados al lugar donde habita la esperanza. Mentalmente quedé hermanado con esta gente desconocida; atado a sus deseos prendí mis pretensiones. Supongo que viajan de la mano entre el humo resultante de su veloz metamorfosis.

Me llevo un colchón de ceniza y sombra al cuarto que me pertenece. Espero haber perdido parte de mi en el viaje de esta noche para poder andar más ligero en el camino que me queda por andar. Los demonios de mis sueños se iluminan con el palpitante resplandor de esta “Noche de San Juan”.

Roberto Molero

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