Un nuevo libro

Esa mañana me encontraba enfermo, me arrastré como pude hasta la librería del bosque de La Maga Colibrí.
Maria Luisa Torcida presentaba su trabajo. La encargada de la introducción desplegó todo su arsenal y muy cercanamente nos presentó a una persona con un curriculum impresionante.

María Luisa nos habló de la importancia del trazo, del dibujo como comunicación; un camino que todos iniciamos en los primeros años y que luego, la mayor parte de la gente abandonamos.

Yo solía dibujar. Tengo cierta facilidad y aún recuerdo el lenguaje del papel, pero lo aparqué en el cajón donde se amontonan las cosas posibles.

Dibujar es algo que me interesa muchísimo, dejar deslizar la mente por un espacio infinito… Una fórmula para podernos entender, para expresar las cosas de otra manera, como una canción o una carta.

María Luisa fue acompañada por su inseparable marido que tiene el mismo nombre que yo. Curiosamente es de un pueblo llamado Mozóndiga que pertenece al ayuntamiento de Chozas de Abajo, mi pueblo, y charlamos durante largo tiempo de las mismas cosas. !Qué emocionante resulta encontrar espacios comunes! Resumo la conversación en dos conceptos: uno la felicidad, y dos la increíble abundancia de escasez.

Ella quiso ceder una parte de los derechos de su obra a una causa benéfica. Buscaba algo próximo, y eligió a Galbán

Rubén y Ara perdieron a uno de sus hijos por un cáncer. Desde entonces colaboran en esta asociación. Estar allí, conversando con ellos y viendo como se construye la esperanza con las manos desnudas es una experiencia que me hace meditar. Me obliga a calibrar de nuevo la importancia de las cosas.

Beatriz, mi mujer, que nunca desperdicia la oportunidad para contar un cuento a los más pequeños, hace su trabajo. Me encanta ver como se desenvuelve en el infinito espacio infantil.

La dedicatoria de un ilustrador es la más interesante. Puedes ver en directo como se crea una obra en un instante.

Al finalizar el acto, los asistentes curiosean por el bosque de sueños.

Yo aprovecho para hacer alguna foto del entorno.

Llego a casa cansado pero con ilusiones de fondo. Charlamos tomando un vino en un marco presidido por las cosas sencillas. Un paseo por el campo, una mano que apoya a la siguiente, un trazo que te marca el camino o una fotografía que congela un instante.
Cada día siento la llamada de miles de caminos posibles que se ofrecen a ser hollados: las altas cimas de los montes, la música que habita los sótanos, las olas de un mar que no se oculta… Hoy me arrastra la inercia del trazo que surge de la mano de M. Luisa.
Tal vez me enfrente con mi lápiz al mismo papel en blanco que vieron los ojos de todos los artistas.


Roberto Molero

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7 comments

  1. Me encanta lo que puede salir con un poco de imaginación e ingenio de una huella…algo tan personal cobra vida y nos divierte y entretiene a todos…

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