El hospital

Vengo a un hospital diferente; pero lo realmente distinto no es el edificio, ni las personas que trabajan en él, ni la luz que me empeño en colocar a la derecha del histograma. Lo que hace que todo lo vea de otro color está dentro de mí.

Grandes esquinas se empujan entre sabores de sal y de azúcar.

Se han ido los detalles cotidianos, los cabellos de la mañana se muestran sin maquillaje y sus aristas repican afiladas.

Las comunicaciones se han interrumpido en esta vía de palabras cruzadas.

Y los versos cruzan pasarelas elevadas sin darse la vuelta para mirar hacia atrás.

No es que mi mundo se haya roto por la mitad.

Ni tan siquiera es que se haya abierto una fisura en mis convicciones.

Tan solo percibo la resonancia de una nota más en la melodía de este día.

Una nota de trazo firme, una pregunta que levanta las rodillas al bailar.

Ignoro a los fantasmas que vienen murmurando por los pasillos.

No permito que las historias que se escuchan entre grietas se apoderen de mí en los límites del día.

Pero busco entre los muros recién construidos viejas experiencias para destilar.

Me dibujo en diferentes posiciones y me acerco a las ventanas.

Me levanto de mi encierro voluntario buscando esa muleta que me ayude a caminar con algo más de seguridad.

Me encuentro al otro lado.

Te vigilo desde arriba goteando muestras de cariño intravenosas.

Me reflejo repartido en el vacío que misteriosamente me acompaña.

Regreso por el mismo camino; piso en las huellas que previamente había dejado.

Los murmullos que escuchaba de forma tan embarullada se aclaran un poco en esta Torre de Babel. Unas pocas veces en la vida esculpimos nuevas formas y despejamos el camino a golpe de machete. El resto del tiempo seguimos la corriente que nos lleva, nos doblegamos a las exigencias del guión y tomamos la ruta transitada.
Pero eso no debería entristecernos ni hacernos paladear el sabor de la derrota. Seguimos adelante, iluminados por fuegos de artificio, por los focos de automóviles perdidos en la noche o por los ojos ardientes de quien realmente nos ama.

Roberto Molero

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5 comments

  1. Nos relatas tus emociones , nos trasmiten sentimientos, todo ello acompañado de unas fotos que son tus ojos pero nos haces ver tras ellos ……con prismas distintos, por circunstancias personales , nos haces sentir.

  2. Hola Roberto ¡Fantástico! Me ha impresionado. El comentario de la primera foto: “Lo que hace que todo lo vea de otro color está dentro de mí” es premonitorio de todo lo que viene después. Reflexiones que dan que pensar, después de leer los comentarios y mirar una y otra vez las imágenes. Todo parece tan impoluto que se aleja de la visión que habitualmente tenemos de un hospital en el que se asienta el dolor y el sufrimiento. Pero, seguramente podría ser cualquier otro lugar. A fin de cuentas, lo importante es la experiencia personal que nos muestras: “Unas pocas veces en la vida esculpimos nuevas formas y despejamos el camino a golpe de machete. El resto del tiempo seguimos la corriente que nos lleva, nos doblegamos a las exigencias del guión y tomamos la ruta transitada.”

    Un abrazo y ¡enhorabuena por el trabajo!

    Juan.

  3. Hola Rober. Estoy aquí en la otra cara de la moneda donde el bullicio resuena. ¡Vida! a pesar del sufrimento . Tus fotos ofrecen la luz al final del camino. Son relajantes, pero… demasiada asepsia, demasiada soledad… Luisa, Celia, Ana y Fabiola. Bssss

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