Urriellu

Me despierto mucho antes de lo que el cuerpo me pide. Desdoblo el mapa sobre la mesa del desayuno. Apilo los objetos que deberían acompañarme, los reduzco a la mitad, los coloco en la mochila, vuelvo a reducirlos a la mitad, flexiono las piernas, me cuento los dedos y las orejas…

Siempre que regreso a Picos de Europa me invade una profunda emoción.
Me atasco al intentar explicarlo porque no es algo simplemente bonito o interesante: es algo mucho más profundo que me pertenece por completo… No se puede separar de lo que realmente soy, de lo que he vivido y de lo que quiero ser.

Desde aquí arriba se ve la inmensidad, la prueba irrefutable de que los hombres somos pequeñas criaturas envueltas en pensamientos propios. Más pequeños aún ante la niebla veloz que arropa la montaña, tan fugaces en la existencia como el eco de un ladrido…

Caminar se vuelve el acto más consciente de mi vida; cada paso es esencial e incorpora todos los sentidos. Los pies se van dejando caer ordenadamente sobre este magnífico instrumento rocoso, interpretando improvisadas melodías silenciosas…

Todo se paga en efectivo y de inmediato. Con la moneda del silencio compro las luces y las sombras.

Los esfuerzos multiplicados forman lazos poderosos entre los miembros del grupo.

La vida nos envuelve de forma natural y, aunque no dejo de preguntarme, no busco las respuestas. Cada suceso precede al anterior y los siguientes entran en escena como niños que juegan en la hierba.

Al llegar al refugio gira el escenario: el sol atraviesa la barrera que nos separa hasta llegar a tocarnos.

Al atardecer la luz se estrella contra la pared de roca produciendo tonos anaranjados. Dicen que por este motivo se le dió el nombre de Naranjo de Bulnes al emblemático pico.

Mientra esperamos la llegada de la noche, hablamos de que los días son mucho más largos aquí en la montaña. Los minutos son enormes y esto hace que las horas sean extremadamente amplias.

A la mañana siguiente iniciamos el descenso cuando la luz se ha puesto la bata y las zapatillas de andar por casa.

El sol va ganando altura a la vez que nosotros la vamos perdiendo. Caminamos de forma distendida; la cumbre se recorta a lo lejos y el verde se impone en todos los recuadros.

Roberto Molero

Anuncios

3 comments

  1. Cuantos recuerdos, he hecho el Delgado Ubeda dos veces desde Sotres, la primera antes que se hiciera la pista, en 1986 y la segunda con la pista y los coches aparcados antes de las casas de pastoreo.

    De nuevo una gozada leerte y verte.

    Saludos valencianos

    Jordi

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s