Un día más

Es una costumbre muy arraigada la de medir el paso del tiempo. Con sus enormes ojos abiertos nos vigilan esos artilugios que informan del devenir de los minutos, los meses, los años…

La muerte nos espera al otro lado de la esquina. De momento parece ser que todos estamos atados al mismo destino; no se porqué nos empeñamos en ver tantas diferencias entre unos y otros…

Aunque tal vez la muerte y la vida sean en realidad la misma cosa, una sola entidad vista desde perspectivas divergentes.

Llega un día más, como siempre: atado a las ventanas, puntual a la cita, moviendo sus secretos ante nuestras propias narices… Me levanto entre las sombras para descender a lo más profundo del edificio.

Como todos los días, subo a la bicicleta que me lleva hacia el trabajo. Mis pies giran con el ritmo automático de la costumbre.

El camino que discurre por la orilla del Peñafrancia me permite disfrutar de sus pequeñas maravillas..

Me adentro en el túnel que conduce a la entrada de URGENCIAS jugando con los rayos de luz que invaden el espacio.

En las tripas del edificio sigo las conducciones principales.
Los laberintos dormidos me permiten el paso hasta el vestuario.

A veces, las primeras luces del alba rebosan de promesas…

En otras ocasiones, los últimos rayos del sol acogen a la noche con sincero entusiasmo…

Antes de regresar a casa descubro que un gigante se ha fugado ignorando lo que ordenan sus heridas…

En los límites del camino pasean los viejos despertadores libres ahora de su responsabilidad…

Recuerdo esos días grises en que la niebla viste las imágenes con renovado misterio…

Pero lo que realmente me alienta es la inmensa luz interna que desprende cada detalle. A veces siento como si alguien gritara a través de un cristal invisible…

Incluso en la oscuridad del sótano las paredes-mapas parecen indicar una ruta…

Sin embargo, algunos días, el miedo intenta convertirse en consejero. Se acomoda sin que me dé cuenta apenas en la cabecera de la cama para dirigir mis pensamientos…

Tal vez mañana me despierte perdido en una ciudad desconocida intentando recobrar la memoria…

Pero de momento no llevo reloj en la muñeca. Puedo cerrar los ojos y perderme en la belleza de los versos que imagino.

Así termina un día más, de la misma forma que comienza: Inquieto, interrogante, imaginario, veloz, imposible, expectante… Me miro reflejado en el espejo dudoso de un bar itinerante mientras los caminos se retuercen bajo el peso de las estaciones. Al filo de la madrugada completo una línea más en éste intrincado laberinto de páginas mojadas. En silencio me despido, paseando torpemente sobre mis últimas palabras…

Roberto Molero

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3 comments

  1. ¡Qué maravilloso texto! Pienso mucho en lo que dices, casi diariamente. Y las fotosgrafías son las compañeras ideales de lo que dices. Mar.

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