Soncillo

Esta semana mis fotos recorren la provincia de Burgos y, como siempre, al adentrarnos en los vericuetos del camino me olvido de lo que conozco: busco las sombras de los pasillos naturales, los puntos de fuga, las sonrisas inadvertidas y los espacios que me invitan a quedarme.

Nos internamos sin pensarlo entre cientos de árboles impasibles. Perdidos en la inmensidad del bosque buscamos el modo de volver a un punto reconocible. Seguimos las torrenteras. El agua debería descender hacia la civilización.

Pero lo primero que encontramos es un jabalí perezoso que cruza indiferente ante nosotros.

Un laberinto de paredes de roca nos obliga a desviarnos hacia el oeste.

De pronto alguien parece divertirse mojándonos desde arriba. No es la lluvia, es el río que nos alcanza.

El agua cae estrepitosamente a nuestros pies arrastrando en su caída las voces de la gente. Incoscientemente nos regala su valiosa información: sabemos que no estamos lejos de un pueblo.

Regocijados por el acierto de la premonición llegamos a ver la primera casa.

Descansamos un momento antes de reconocer el terreno… Parece deshabitado.

El aire se envuelve con el velo del misterio mientras un túnel imposible nos vigila…

Tropezamos con caminos rotos. El hierro se muestra libre del óxido necesario para darle sentido al tiempo pasado…

Siempre hacia arriba, siempre cayendo; y nadie que se asome a las ventanas.

Disculpad si me detengo un momento…Quiero hacer una foto, una imagen para el álbum familiar. Es tan solo un segundo…

Seguimos avanzando entre esta mezcla de vida y muerte, de ruido y silencio.

Y nos dejamos caer libres de nuestro encierro por la piedra labrada.

Al levantar la vista, el cielo nos muestra un horizonte troquelado.

Llegamos a la cima del pueblo y desde allí descendemos hacia el otro valle…

Nos espera la enorme sábana de roca que permite ver, tras el embozo, el rostro de una ermita.

En un hueco de su manta se acomodan los viajeros.

Del mismo modo que seguimos sus pasos hacia el pueblo, retomamos el curso del agua en busca de espacios más abiertos.

Con un fondo de infinitas posibilidades dibujamos la contraportada.

Y mis ojos se pierden anhelantes en el frío infinito que me abraza.

Roberto Molero

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8 comments

  1. A partir de ahora habrá que añadir algo más a esas frases para los turistas: Burgos, el queso fresco y la catedral, los vecinos de Gamonal y las fotos de este albúm familiar.
    Un abrazo.

  2. UFFF!! Impresionantes fotos; me encanta “el blanco y negro”!!

    ENHORABUENA ROBERTO!!

    Maribel

  3. QUIERO HACER ESA RUTAAA. LAS FOTOS SON TAN SUGERENTES QUE VAN A CONVERTIRSE EN LA CARTA TURÍSTICA DE LA ZONA. ¿HAS HABLADO CON EL ALCALDE?.
    UN ABRAZO
    LUISA

  4. Qué recuerdos! Lo pasamos estupendo y con estas fotos se convierte en inolvidable. Besos para todos desde la capi.
    Teresa

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