Somiedo

Hay que preparar el equipo minuciosamente, la montaña nos espera con su repertorio de misterios. Repetimos los protocolos: atamos los cordones de las botas con aire ceremonial, elegimos nuestro camino esperando que nuestra decisión haya sido acertada. Buscamos el lago.

Después de varias horas de marcha decidimos abandonar la ruta segura y nos internamos en el campo. Sopla un viento frío y continuo. Cruzamos un paraje de imposibles asentamientos, queremos llegar algo más lejos…

El agua escasea, las plantas del camino nos muestran sus brazos azotados por el frío intenso del invierno y el calor seco del verano.

El lago que buscamos se ha ido, parece que ha sentido nuestra presencia y se ha asustado. En la huida ha dejado restos de humedad, si nos damos prisa tal vez podamos seguir su rastro.

Necesitamos hacer una pequeña parada para recuperar las fuerzas y proporcionar a nuestros músculos un poco de glucosa que nos permita alcanzar nuestro objetivo.

Lo acorralamos tras pasar el tercer puerto. Permanece acostado a la orilla de la montaña: lo hemos sorprendido abstraído en sus pensamientos. Podemos observarlo sin ser vistos durante largo tiempo.

Bajamos luego hacia el valle. Sin detenernos apretamos el paso: debemos cruzar el bosque antes de que nos sorprenda la noche.

Pero el camino se vuelve cada vez más largo. Despliega sus alas en todas direcciones y la oscuridad va cerrando su círculo sobre nosotros.

Improvisamos una choza entre los árboles. La espesura nos proporciona un refugio sólido donde reina la calma, no se ven estrellas esa noche. Las horas ralentizan su marcha.

La mañana nos recibe con una sonrisa de hielo. Entre las ramas, un tronco. Cerca, un camino, una piedra y una salida…

Escondida en el valle, encontramos la entrada a una enorme cueva. Resuena profunda, perezosa de secretos, y su eco nos llama para atraernos como cantos de sirena.

En el suelo descansan los dueños de esta casa sin puertas, adornados con enormes collares de piedra. Nos cuentan historias en un idioma que no logro entender.

Los cuadros se han fundido con la piedra perdiendo los marcos en el camino, y sus colores llenan la estancia.

A través de la ventana de luz podemos rozar sueños que habitaron hace miles de años.

Regresamos exhaustos a través de los túneles olvidados de la montaña.

Bajo la ducha se fijan las experiencias que nos han marcado. Se van las pequeñas rozaduras y el color que ha dejado el viento en nuestra piel, pero en el fondo de nuestros corazones se almacenan melodías que ya nunca olvidaremos…

Robero Molero

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9 comments

  1. Preciosas fotos. Las primeras de los paisajes son impresionantes. Y el ver a Pablo, Óscar y Silvia así de pequeñinesy aventureros, no tiene precio. ¡Cómo pasa el tiempo!
    Un abrazo fuertote desde León

    Marta

  2. Qué maravillosa expedición. ¡¡¡Qué fotografías!!! Qué hermosa familia exploradora. LOS QUIEROOOOOO
    Gra Bialet

  3. ¡Gracias!, sabía que me iba a gustar éste de Somiedo. Muchas gracias por esos trocitos de viaje.¡me encantan!

  4. Qué maravillosa excursión!! Es un regalo, magnífico, para los sentidos.
    Como siempre,magníficas fotos. ¡Qué linda familia!!
    Besos
    Maribel

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