Sabiñán

Abro la puerta procurando no hacer ningún ruido. Temo que al traspasar el umbral pueda despertar a los duendes dormidos, que me sienta señalado como un intruso o tal vez como un invitado que no se ha puesto el traje adecuado para la ocasión.

Al otro lado del laberinto se escuchan los ecos de las cazuelas. Una multitud de susurros vive adherida a las paredes, intentando desesperadamente no ser arrastrada por la corriente de los nuevos tiempos.

Las escaleras son un enorme conductor de sensaciones que me hace avanzar y retroceder en el tiempo al compás de los peldaños.

Casi todos los detalles me resultan extrañamente familiares, como si fueran mis manos las que hubieran ido desgastando el brillo de las cosas por el uso cotidiano. Sin embargo de esta sala no tengo recuerdos, no me senté en el banco a dibujar dragones con la luz de la mañana…

Aparecen espacios vacíos, sedientos de bullicio, anhelando el calor de las brasas en el interior.

Diez son los hijos que pueblan la memoria. Ellos son los que apuntalan esa calma permanente que mantiene el equilibrio de toda la familia.

Con la voluntad del navegante que debe permanecer alerta, se anotan los acontecimientos relevantes en el diario de a bordo.

Mientras tanto el patio se mueve al compás de los ojos de los niños.

Las reuniones se suceden sin fin. Se escuchan sinfonías improvisadas acompañando a una tarde que se arrastra lentamente por el campo.

Detrás de las rendijas se esconden, como siempre lo hicieron, los secretos de ayer.

Y el futuro envía mensajes ocultos, interrogantes de proporciones enormes que se clavan como espinas en los árboles del jardín, la cuna de todos los veranos.

Roberto Molero.

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8 comments

  1. Precioso, Roberto. Tus fotos y textos nos hacen sentir, respirar, recordar un tiempo, ya lejano, el territotio de la infancia. Me han encantado las cacerolas. Esa fotografía me ha hecho evocar hasta el olor de las casas de pueblo que conocí.
    Un afectuoso saludo,
    Aurora

  2. HOLA ROBERTO!

    He estado viendo “Sabiñán” y…..¡¡qué bonitas fotos!! y el texto ¡me encantó!

    Maribel

  3. Los pueblos tienen mucha fuerza, los que nos hemos criado a las faldas de estos lugares se nos queda muy grabado.

    Gracias por los comentarios.

  4. Las raíces no se olvidan nunca,los hábitos y costumbres que hemos vivido en la infancia ,están y las reafirmamos a menudo ,creo que los que hemos tenido la suerte de criarnos en un pueblo tenemos unos matices sobre la naturaleza que muchos no perciben.el reportaje me trae muchos recuerdos se ven muchos pequeños destellos propios de una gran persona,las fotos con una gran calidad

  5. No cabe duda de que sois una familia de grandes artistas,
    Enhorabuena y sobre todo…
    Gracias

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