Los Reyes Magos

Carta a los Reyes Magos:

No puedo decir que este año me haya portado bien, pero tampoco puedo decir que me haya portado mal. Y es que el bien y el mal son conceptos que cada vez me cuesta más diferenciar. Dejaré, si no es imprescindible, este apartado en blanco.

En la casilla de las peticiones idealistas prefiero dejar también un espacio vacío. No me malinterpreten, no es que tenga nada en contra de la paz mundial o de la generosidad universal; son ideas que me conmueven y me interpelan. Simplemente no considero esta carta el lugar apropiado para ese tipo de cuestiones; prefiero diferenciar la magia de la prestidigitación y los deseos del esfuerzo personal.

En el campo de las peticiones que se pueden envolver soy un hombre afortunado. Como todos los años me llegará ese enorme regalo impregnado con aromas de oriente, un paquete sonriente devolviéndome el cariño de quienes lo depositaron allí. Y es justamente ese amor lo único que conservo con celo. Permitidme, pues, que vuelva a dejar libre de cruces la sección de paraguas, corbatas, relojes y demás adminículos.

Este año voy a intentar escribir una carta a los Reyes Magos libre del ansia de pedir, pero con la terca voluntad de quien se empeña en ofrecer su pequeño granito de arena.

Y mi ofrenda de esta noche tiene forma de reportaje. Con él pretendo devolver el saludo a quien más lo merece, a quien año tras año se empeña una y otra vez en crear ilusiones.

A todos los que son capaces de ver más allá de las luces de colores e ignorar los anuncios de perfumes. Los que conservan un espacio interior que no les pueden arrebatar.

A quien abre los brazos sin pudor para averiguar cuánto entusiasmo se puede abarcar de una sola vez.

Para los que no pueden creer lo que ven sus ojos a la vez que creen ciegamente en lo que no pueden ver.

Le observo pasar lo bastante cerca como para poder hacerle un retrato, pero fuera del alcance necesario para pedirle su correo y enviarle las fotos.

Cerca de la última carroza levanto las manos una vez más, tal vez encuentre la forma de hacerles llegar el blog a los protagonistas de la escena.

Se me escapan las últimas oportunidades, pero no hay lugar para interrupciones. El sentido común me muestra un cartel luminoso que dice: “NO ES EL MOMENTO, REY TRABAJANDO”.

Es el final. Aunque me hubiera gustado entregarles mi regalo de manera personal, no estoy decepcionado. Tal vez el futuro me brinde una oportunidad… O tal vez lo descubran casualmente un día inesperado…

Mientras tanto, estaré atento a los nuevos espacios que pueda radiofotografiar. Saludos y que los Reyes se muestren generosos.

Roberto Molero

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6 comments

  1. La mirada blanca de los niños, nos recuerda esa inocencia que jamás debimos perder.

  2. Si lo bueno es estar..q veces tu te esmeras y tambien eres…gracias por la ilusion…buenavguardia a. Los cuatro..

  3. Realmente tu cámara captó la esencia de la magia de los Magos, la magia de la ilusión.
    Feliz año!!!

  4. Sin duda es un tierno, expresivo, reportaje de los reyes magos de Oriente donde trasmites ilusión , sueños , y nos demuestras cada día que ves más allá de las luces de colores……nos entusiasmas con tus fotos nuevamente con su nitidez ,calidad , Composición.Gracias por dejarnos ver atraves de tus ojos tienes un gran don.te agradezco mucho que lo compartas.

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