La cabaña

Algunos días sopla un viento frío y aterrador. Escucho distraído sus garras arañando mis ventanas.
Es mi turno; he de atravesar la tormenta, las gélidas aguas de la pereza, el desolado paraje de la indiferencia con sus primeros brotes de incomprensión.
No me lamento. Las toscas cicatrices protegen mi piel. Siento su contundencia arropando las zonas mas expuestas a la tempestad.

Sin embargo esta mañana hemos decidido quedarnos en la cabaña. He prendido un fuego que se renueva cada instante. Tus ojos tiemblan incandescentes mientras el tiempo se va ralentizando hasta que palpita casi imperceptible.

Allí estaba el amor. Justo a tu lado, con miles de aristas pero con una sola cara.

Allí estábamos de nuevo, los dos juntos, descifrando enigmas de domingo un día entre semana.

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Toda la información de este lugar en: Cabañas en los árboles


Roberto Molero

Noreña

Otro cuento, otra biblioteca y nuevas fotografías… Primero la sala expectante, el silencio contraído esperando desaparecer de forma inminente y el conjuro de una bruja que comienza a extenderse para llenar todos los espacios.

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Los niños dudan, se acercan precavidos, vencen sus temores, salpican de sudor las letras invisibles. Los hay que se muestran superiores como si vinieran de vuelta, y los que llegan despistados; pero poco a poco van siendo sometidos por el poder de las palabras. Uno a uno se va dejando arrastrar por una corriente invencible para desaparecer del mundo conocido. Libres de su propia piel y de todos los límites dibujan emociones en sus caras mientras flotan en su nueva dimensión.

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Enumero las vivencias que me hacen mantenerme erguido, las que me vuelven valiente y me predisponen a levantarme una vez más. Les quito la etiqueta de cosas grandes y pequeñas para poder sumarlas.
Asciendo sin mirar al abismo y tengo la impresión de haber superado una barrera que no admite marcha atrás.

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Junto a los demás cierro los ojos para recibir la lluvia de cuentos. Me empapan las manos y los pies por dentro de los zapatos, mojan mi ropa hasta fundirla con mi piel.
No me importa averiguar si una historia es real o inverosímil, pero quiero comprender lo que pretende de mi. Estoy demasiado acostumbrado a escuchar las ideas que me venden, las que me quieren convencer, iluminar y salvarme de las tinieblas. Algunas pocas veces simplemente se regalan. Alguien las deposita suavemente a mis pies sin esperar nada a cambio. Cuando esto sucede me siento profundamente agradecido.  Me hace falta creer que en cada uno de nosotros reside el poder de cambiarlo todo.
La serie completa de fotografías contiene 94 imágenes que puedes ver en el siguiente enlace: Flickr

Roberto Molero

La ruta del agua

“El agua por su camino
yo a tu lado y tu al mio
a fundirse en el mar”

Así dicen los versos de una de mis canciones. Hoy seguimos sus pasos.
Partiendo de pueblo de Mogarraz iniciamos esta ruta circular dispuestos a disfrutar del dia.

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Empezaba con unos pequeños versos y quisiera terminar con un poema que ha escrito Silvia esta semana para la ocasión. Un placer poder contar con ella. Un saludo:

•Corrientes inversas•

Serpentean los ríos de tu conciencia,
viaja tu mente a las fosas de piedra.
El agua de sal es color luna nueva,
va el agua dulce en corrientes inversas.
Respira un vapor, conviértete en niebla,
ya da lo mismo los puentes que tiendas.
“Destrúyelos tiempo, destrúyelos tierra,
desmorona las luces y enciende las velas”.
Hay ríos que enfrían y ríos que queman,
vertientes de vida y orillas de arena.
Los árboles huecos (heridas de guerra).
Murmullos del agua (oda a las estrellas).
Da igual lo que pienses, da igual lo que creas,
a todos nos mueve la misma marea.
Silvia Molero ( 13 años)

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Roberto Molero
P.D. Gracias a Adrián por la última fotografía.

Mogarraz

Los rostros de 388 vecinos de los años sesenta miran al visitante desde la fachada de la casa que habitaron.

Se trata de una obra del afamado pintor salmantino natural de Mogarraz Florencio Maíllo.

Emboscados en sus calles de piedra fijan sus miradas antiguas en nuestros pasos de turista.

Hay una historia en cada esquina, un milagro en cada rostro, un lazo inmenso que nos rodea a todos los seres de todos los tiempos.

Captando momentos que tal vez existieron y respirando un aire aparentemente limpio recorro el empedrado, lanzo miradas a las esquinas, como ese pescador que envía su sedal al espacio preciso esperando alcanzar la captura soñada.

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Roberto Molero

Casa rural Cabo la Aldea

Si me fuera posible, no dejaría pasar la oportunidad de saborear los detalles hermosos de la vida. No pasaría corriendo de un trabajo a otro por el túnel mas rápido.
Si pudiera tener un momento quisiera conservarlo sin prisa.
Tal vez una casa rural el la sierra de Francia (Salamanca). La sombra de un encaje en la pared, la mezcla de luces o el calor de las llamas pudieran formar el escenario perfecto para tal propósito.

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Si se presentara una oportunidad no dudaría en volver a pasarla contigo, interpretando el mundo a mi manera, arropado por el infinito manto de estrellas que sin duda se ocultan tímidas esta noche.

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Roberto Molero

Abuelos

Llueve sinceramente sobre los prados y antes de que se cierre el día sobre si mismo me siento a escribir una vez más en el camino.

Fugaz cada momento. Siento pasar el tiempo dejando una profunda herida  que desaparece al instante en un mar sin tierra a la vista.

Encuentro una imagen perdida, una prueba de luz, un testimonio de las horas empleadas, arañazos de frustración y de orgullo, la suave caricia de una melodía, un golpe de efecto o el recuerdo de unos versos…

 “Mirad a ese que está buscando la paz

Con una guitarra y sonrisas en la faz

No puede ser tan ingenuo

Tiene que saber la verdad

A la guerra no se le puede cantar”

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El 12 de Marzo falleció la última de las abuelas. Se fue apagando tan lentamente que sentí su ausencia como un susurro.  Por el mismo sitio que se marchó llegaron a mi cabeza los recuerdos del tiempo que compartimos.

Tuve la suerte de convivir mucho tiempo con todos mis abuelos. Repaso las marcas que quedaron impresas en mi piel y veo que forman el abrigo que me mantiene a salvo en la tempestad.

¿Porqué no convertir una ausencia en todas las presencias, imaginar la muerte como la cara de la vida o desatar los lazos que me ahogan para cantar mis infantiles melodías?

Repasando mis apuntes, apuntalando pensamientos, capturando imágenes del día dejo algunas muestras y un enlace.

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El enlace prometido con unas fotografías en memoria de( la abuela).

Roberto Molero.

Biblioteca Municipal Fernando de los Rios

Recorremos la mitad de la península. La primavera permanece escondida aunque se presiente su inminente llegada. En Fuenlabrada se encuentra nuestro destino. Beatriz despliega su carro lleno de libros y comienza su recorrido literario desde un poco antes de nacer. Me quedo suspendido en la sala, pegado al obturador silencioso de mi cámara para capturar algunas imágenes y sin embargo es el discurso el que capta mi atención.
Me atrapa la sencillez, la profundidad y la relevancia de cada escalón.

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El cuento es como una canción, ansío recorrer cada nota y volver a escuchar de nuevo su melodía.

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A veces me parece que debemos volver a la fórmula inicial, a preguntar el por qué de cada cosa, de donde venimos y hacia donde vamos…

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Miles de repuestas buscan encajar en su lugar. Se forma un inmenso amasijo de conceptos aparentemente imposibles de solucionar, como una madeja de lana enredada.

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Y de pronto uno de los extremos aparece, la aguja del pajar. Un espacio tan elástico que puede abarcarlo todo, incluso el alfa y el omega.
“Erase una vez…”

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Se pueden ver todas las fotos en el siguiente enlace: Flickr .

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Roberto Molero

Estudio de grabación

Muchas horas pasamos encerrados en el estudio. Repitiendo una y otra vez las notas de cada instrumento, las voces y las ideas. Ya estamos en la fase final de la producción de nuestro segundo disco.
Ya puedo escuchar el conjunto, y disfrutar de la mezcla.
A veces unas paredes son mas que una celda y cientos de potenciómetros mucho más que un amasijo de controles.

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Algunos días parecen imposibles y las brechas insalvables. Mi piano un rompecabezas infinito, mis dedos insuficientes y la mente…una estepa azotada por el viento del este.

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De todos modos insistimos con nuestro producto hecho a mano. Canción a canción, nota a nota, letra a letra…

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Escucho una y otra vez el Master final tratando de ajustar los detalles y disfruto intensamente de lo que hemos creado. Más allá de todos los límites queda un resquicio para intentar compartir lo que somos.
Ahora sé a ciencia cierta que hay alguien mas ahí fuera que disfrutará con nuestras canciones y es precisamente este pensamiento anti-soledad lo que hoy me entusiasma.


Roberto Molero

Cumpleaños

El día empieza a despuntar a través de la niebla. Antes del amanecer atravesaba con mi bicicleta la capa de humedad oculta en la oscuridad. A mi espalda me escolta la nueva mochila con luces intermitentes que me regaló mi hermano por mi cumpleaños.

Alguien celebra hoy su propio cumpleaños, alguien que vive sumergida en un laberinto de actividades, haciendo equilibrios extraordinarios con su agenda y derramando su mirada inquieta por todos los rincones.

Aparto hacia los lados los minutos para hacer un hueco. Con el tesoro obtenido quisiera dedicar un momento para enviar mi felicitación.

¿Cumples un año más, o tal vez lo cumplimos todos? Pensaba en la evolución que sufrimos, en la dificultad de cambiar y también en lo inevitable de hacerlo.

Miro hacia atrás y me veo claramente a pesar de una memoria inconexa y plagada de lagunas. La erosión me ha ido modelando por dentro con intensidad pero me siento cómodo en su interior.

Te veo claramente al otro lado del espejo mientras me muevo al compás de la música recién horneada. Tan solo quería regalar una imagen. ¡Feliz cumpleaños!

Roberto Molero

 

 

 

 

 

 

Ausencias

He estado examinando el mundo en su detalle,

devorando la lluvia que empapaba mis desiertos.

Me he quedado a llorar mis pesadillas,

a correr deprisa sobre la nieve recién caída.

 

Se detuvo el tiempo en un compás determinado,

mezclando cada pista completamente vestido de incertidumbre.

Tengo menos, mucho menos miedo que ayer, no me importa que al final del túnel no se vea un resplandor, ni que falte oxígeno mas allá de la atmósfera. Hoy me siento presente, iluminado por aquellos que me quieren, respirando un aire que me llega hasta el fondo de los pulmones (con ayuda de mi inhalador habitual).

 

 

Roberto Molero