Urbasa Andia

Muchos son los caminos que se internan en el bosque. En esta ocasión el paseo propuesto se encuentra en Navarra y viene aderezado con el colorido de un otoño avanzado.

Mientras el planeta parece girar cada día a mayores revoluciones la montaña se toman su tiempo.

Esta semana visitaba con Beatriz unos abrigos prehistóricos en Tuñón con sus grabados en roca. Durante muchos miles de años se repitieron los mismos esquemas en toda la zona norte. Cada paso nuevo necesitaba asentarse para sostener al siguiente de un modo extraordinariamente lento para nuestra impaciente cabeza de hoy en día.

La velocidad a la que ahora nos movemos genera sin duda problemas de adaptación. Recuerdo que alguien gritó hace ya muchos años: ¡que se pare el mundo que quiero bajarme! Parece una idea interesante pero poco realizable a pesar de los avances tecnológicos y la «carrera espacial». Hasta en el espacio parece ser que es necesario apresurarse.

Hay quien cree que las nuevas tecnologías que ya están en desarrollo nos van a proporcionar una experiencia vital mucho más interesante que lo que la realidad puede ofrecernos, pero yo estoy convencido que ese camino nos llevará a tropezar con muchas experiencias insustituibles.

A pesar de las limitaciones que impone el medio digital te dejo con esta serie de fotografías recientes y espero que puedas disfrutar de la belleza que encierran.

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Como siempre dejo el enlace a la serie completa que contiene 53 fotografías: Flickr

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Roberto Molero

Garganta de Ravenna

El sendero conduce al bosque. Por debajo del puente discurre un pequeño riachuelo que nace en el corazón de la Selva Negra.

Hay una casa abandonada cerca del camino que le da credibilidad a todos los cuentos que duermen en la memoria.

Los puentes y las pasarelas permiten el paso y nos arrastran cada vez más lejos del punto de partida.

El verde juega con el agua latiendo sonidos amistosos.

Al final de la jornada los bocadillos sacian timidamente nuestro apetito.

En esta ocasión no habrá migajas que marquen el retorno.

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Dejo el enlace a la serie completa que contiene 73 fotografías: Flickr

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Roberto Molero

La Mar Chiquita

Llegamos a un lugar impactante en el centro norte de Argentina. Un lago de colosales dimensiones y elevada salinidad.
 Establecemos paralelismos con el mar muerto. Probamos el barro sobre la piel y el poder del salitre, flotamos de forma inverosímil.
Construimos un hotel a su orilla y luego 100 más.
 El lago sintió la invasión de su territorio y comenzó a retraerse alejándose de cercos y caminos, buscando regresar a la calma.
No obtuvo recompensa alguna a su esfuerzo pues nosotros construimos canales para acercar su esencia a nuestros dominios.
 Años después el lago lo intentó de otro modo y comenzó a crecer.
 Animados por el regreso de los niveles de antaño esperamos recobrar el antiguo esplendor, pero pronto vimos que el crecimiento no se detenía en los lindes conocidos y amenazaba con inundarlo todo.
Construimos diques para detener el peligro, pero el inexorable avance de las aguas terminó por rebasar los muros y anegarlo todo.
 En su estómago quedó atrapada una presa de difícil digestión. Los árboles secos cristalizados por el salitre forman un paisaje irreal junto con los restos de las edificaciones abandonadas que fueron destruidas posteriormente por el ejército. 

 Con ojos de fotógrafo me paseo por la orilla del lago hasta que cae la noche. El atardecer me regala colores intensos.

Dedico estas imágenes a Graciela con la que compartimos aquellos días felices. Imposible dar sentido al transcurrir de la vida en los días oscuros. Hay un abrazo para ella en cada una de las 479 fotografías.

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Dejo el enlace a tan extensa serie de fotografías: Flickr

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Roberto Molero

Berrea en Aller

La profundidad del bosque guarda sus secretos. Nos internamos cuidadosamente en sus entrañas tratando de agudizar los sentidos abotargados por el ruido de la civilización.

La montaña viste imponente como acostumbra. Sentados pacientemente en la ladera esperamos poder desentrañar alguno de sus misterios.

Dejar el tiempo fluir libremente, abrazar la tierra y latir a contratiempo…

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La serie completa contiene 57 fotografías disponibles en el enlace: Flickr.

Actividad organizada por Jarascada.

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Roberto Molero

El cóndor

Recuerdo que cuando era niño tenía un libro de animales de Sudamérica. Lo leía con ese interés desmedido que provoca la adquisición de nuevos conocimientos exóticos.

Un capítulo estaba dedicado al cóndor y aunque no sea una verdad indiscutible comenzaba explicando que se trata de la mayor ave de las que vuelan.

Una de las primeras canciones que aprendí a deletrear con la guitarra fue el cóndor pasa.

Visitando Altas Cumbres en Argentina hablamos de la posibilidad de poder ver algún ejemplar sobrevolando la zona. Seguramente la suerte se puso de nuestro lado.

Existe una especie de transcendencia y profundidad en el hecho de mirar el cielo, como si los astros nos invitasen a reflexionar. Comparo nuestro tamaño y longevidad con el de la luna, el sol y las estrellas e inevitablemente la palabra fragilidad se fortalece.

Mirando el cielo veo pasar al cóndor. Es como una canción. Descifro una señal que me lleva a una sola certeza: Nadamos en un rio de incertidumbre.

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La serie completa se compone de 106 fotografías disponibles pinchando en el enlace: Flickr

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Roberto Molero

El Cabildo

Paseando por la ciudad de Córdoba llega esa hora inevitable donde nos detenemos a tomar algo. Peaje ineludible. Es entonces cuando lo veo en una servilleta. Es un mensaje directo, no una casualidad, de modo que te invito a seguir al conejo blanco como hizo Neo en la película Matrix o Alicia en el País de las Maravillas mucho antes que él.

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La madriguera se retuerce de contorsiones inesperadas, hierro y cemento forman composiciones por las que descendemos a un nuevo mundo.

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Al fondo un túnel hambriento atrapa nuestros pasos.

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Por fin una grieta nos promete la luz necesaria para llegar a la superficie.

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Puertas enigmáticas que no dicen si deben ser cruzadas o por el contrario pretenden mantenerte a este lado de sus marcos.

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Enigmas por descifrar

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En el exterior el cielo permanece brillante, azul, ajeno al movimiento del otro lado.

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Sombras evocadoras golpean la memoria.

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Extraños espacios que atravesar…

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La búsqueda de aquellos que desaparecieron.

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Los colores intensos que tiñen el atardecer.

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El orden se impone necesario. Se prepara el nuevo régimen que ha de controlar la insurrección.

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La diferencia surge inevitable. Ignorante del peligro, incapaz de comprender entre sus múltiples formas la imposición de la cuadrícula.

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Resuenan los disparos como un trueno en la montaña. Segundos más tarde un cuerpo sin vida riega la tierra.

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Pero en este lugar imaginario la sangre tan solo es salsa de tomate. La transgresión necesita tanto de la imposición que no puede vivir sin ella.

El viaje concluye con una fotografía más. Hay dos árboles que simbolizan la naturaleza en estado puro. Sus hojas otoñales brillan con los últimos rayos del sol.

Por detrás se representa la civilización. Copia en su interior el mismo color de la vida. En ocasiones viene albergando sueños y se va derramando fracasos, pero hay veces que suena como una deliciosa melodía.

Enlaces a la serie Córdoba 31 fotos y Cabildo 24 fotos.

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Roberto Molero

En casa (Argentina)

Viajar tiene un componente ligado entre otras cosas a la novedad y a la aventura. Pasamos por lugares diferentes y situaciones inesperadas. Nos arreglamos como mejor podemos para llegado el momento volver a casa.

Mucha es la distancia en kilómetros que separa Córdoba en Argentina de Gijón en España pero nada más atravesar la puerta que nos ofrece tan abiertamente nuestra amiga y anfitriona Graciela me invade una situación contradictoria ¡Estoy en casa!

Las plantas sobrepasan el límite del jardín para saludarnos en la estancia y las estanterias rebosan de objetos cargados de intenciones.

Los días se engranan suavemente como una cadena bien ajustada.

Tal vez esté robando mis propias imágenes, tan vez imaginando sentimientos, jugando con los dedos a contar mentiras y a omitir verdades… Tardes de cine y mañanas de paseo.

Facundo llena todos los espacios con la facilidad propia de su edad. Los juegos, las palabras y los libros van calando en el alma como lluvia serena.

Ahora, desde el amoroso salón de mi casa me invade de nuevo un sentimiento contradictorio ¡ Me falta algo! Cada una de las fotografías atrapa trazos de ausencia.

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Alguna de las imágenes podría servir para recomendar un libro a todos esos amantes de las buenas historias: Los sapos de la memoria de Graciela Bialet.

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Dejo los dos enlaces a las series completas: Casa: Flickr y Facundo: Flickr

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Roberto Molero

Feria del libro (Buenos Aires)

Año tras año, la Ciudad de Buenos Aires es escenario de una cita ineludible con la literatura: la Feria Internacional del Libro convoca a más de 1 millón de visitantes con propuestas de calidad para diferentes públicos y alternativas que se renuevan de la mano de editoriales, distribuidoras y librerías de la Argentina y del exterior.

Durante las tres semanas que dura el evento, La Rural se transforma en una vidriera infinita de libros y nadie se quiere quedar afuera de esta aventura cultural que cobra vida en Buenos Aires. Entre las joyas literarias que se pueden encontrar al recorrer los más de 45.000 metros cuadrados que ocupa la feria, hay textos de autores consagrados y voces jóvenes que vale la pena descubrir. También reediciones imperdibles, novedades de editoriales para todos los gustos y ejemplares difíciles de conseguir en las librerías.

De esta manera el gobierno Argentino habla de su emblemática feria en su página de turismo.

Ciertamente en mi visita pude observar multitudes. Los libros encierran en si mismos la capacidad de atrapar sueños sin importar lo locos que puedan llegar a ser. Disparé muchas fotos entre las grietas, a todas las luces, a las sombras y a todo el ambiente que rellenaba el tiempo y el espacio.

Antes de la ultima estampa dejo un enlace a la serie completa como viene siendo habitual.

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También visitamos en esos días la Biblioteca Nacional de Maestros. Allí nos detuvimos ante un ejemplar de colosales dimensiones y con unos dibujos extremadamente detallados.

Se trata de una colección preciosa de diseños de tejidos y piezas de alfarería de la culturura araucana.

Conquistas, colonizaciones, invasiones y guerras van cicatrizando la piel de la historia. Los nuevos sistemas de consumo que trae el progreso imponen su dictadura y entre tanto los pueblos originarios van quedando arrinconados y desapareciendo.

Los mapuchesaraucanos (nombre dado por los españoles a los indígenas que habitaban la región histórica de Arauco), también denominados reches especialmente en el siglo xvi son el pueblo indígena más numeroso de Chile, que además de habitar en la zona centro y zona sur de Chile, también están presentes en zonas del suroeste occidental de la Argentina.​

A la llegada de los conquistadores españoles en el siglo xvi, habitaban entre el valle de Aconcagua y el centro de la isla Grande de Chiloé, en el actual territorio chileno. Los grupos septentrionales, llamados picunches por los historiadores, se hallaban parcialmente bajo el dominio o influidos por el Imperio inca y en su mayoría fueron sometidos a los conquistadores, pero los que vivían en el territorio al sur del río Maule tuvieron una tradición militar y se enfrentaron con éxito a los incas en la batalla del Maule y luego a los españoles en la Guerra de Arauco, donde mostraron un destacado dominio del caballo, que fue un importante factor en el desarrollo de su cultura. Desde mediados del siglo xvii se establecieron fronteras y periódicos acuerdos de paz (parlamentos).

A fines del siglo xix, fueron sometidos por Chile y Argentina a través de las campañas militares conocidas, respectivamente, como Ocupación de la Araucanía y Conquista del Desierto. Esto significó la muerte de miles de personas y la pérdida de territorio, pues fueron desplazados hacia terrenos de menor extensión denominados «reducciones» o «reservaciones», y el resto de las tierras se declaró fiscal y fue subastado. En los siglos xx y xxi, han vivido un proceso de aculturación y asimilación a las sociedades de ambos países y existen manifestaciones de resistencia cultural y conflictos por la propiedad de la tierra, el reconocimiento de sus organizaciones y el ejercicio de su cultura.

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Dejo el enlace a las 70 fotos de la feria del libro : Flickr .

También a las 57 imágenes que componen el álbum de la Biblioteca Nacional de Maestros: Flickr

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Roberto Molero

Museo Benito Quinquela Martín

Si me gustaran los datos, me interesaría saber que se dice actualmente que en la ciudad de Nueva York hay 213 museos, en España unos 1500 y alrededor de 20.000 en Europa. Los números cuentan solo algunas cosas. Lo que si me interesa es el porqué de esa tendencia a construir y desarrollar este curioso bien común.

El maravilloso diccionario los define: Un museo (del latín, musēum y este, a su vez, del griego, Μουσείον, ‘santuario de las musas’) es una institución pública o privada, permanente, con o sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, y abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica, expone o exhibe, con propósitos de estudio y educación, colecciones de arte, científicas, entre otros, siempre con un valor cultural, según el Consejo Internacional de Museos (ICOM). La ciencia que los estudia se denomina museología, la técnica de su gestión museografía y la administración de los mismos, museonomía.

Me quedo con el origen etimilógico: santuario de las musas y su carácter abierto al servicio del público.

Con el tiempo he ido desarrollando una querencia por estos espacios que reunen una enorme diversidad de ideas y tendencias. Raro es no encontrar algo sorprendente, curiosos o interesante.

Cámara en mano me interno en el museo de turno que tiene un nombre demasiado largo. Selecciono las obras que más me llaman la atención para atraparlas en este espacio abierto que pretende vivir libre de cadenas.

La primer escena mira entre los zapatos, la cara del protagonista expresa un trabajo tal vez tedioso o desmesurado, el paso del tiempo se evidencia también en sus manos.

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Al lado de su montura el personaje evita mirar a la cámara, pero sabe que lo estoy retratando y adopta una pose un poco forzada.

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Sus ojos ordenan el mundo más allá del horizonte.

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Una tristeza profunda se despliega en una habitación vacía.

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Un superviviente del cielo escudriñando la espesura..

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Un rostros que oculta su verdadera edad.

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Hay escenas que asemejan la noche de San Juan donde hombres esforzados alimentan las llamas.

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Una madre con dos niñas y una mirada sombría. Sus pertenencias parecen reducirse a dos bolsas repartidas.

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Hay un dios del vino que bien podría pasar por un borracho en la tierra.

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Alguien que espera una llamada. O mejor dicho, una llamada que espera respuesta.

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Una cocina para imaginar platos novedosos.

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La reconstrucción de un navío derrotado en la batalla.

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Un lugar donde quedarse.

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El inicio de una danza.

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Los primeros pasos de la vida.

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La ciudad latiendo.

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Ejecución sin juicio.

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Razonamiento.

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La serie completa contiene 94 fotografías disponibles en el enlace: Flickr

Los museos han protagonizado este blog en varias ocasiones. También puesdes echar un vistazo a algunas de las entradas anteriores:

Museo en el desierto

Museo Marítimo de Asturias

Museo del Libro

Museo Henry Ford

Thyssen

Greenfield Village

Museo de la MIna

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Roberto Molero

La Boca

La Boca es un barrio situado en la Comuna 4 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Está situado en el límite sudeste de la ciudad. Su nombre se debe a que se ubica en la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata. Entre otras razones, el barrio es conocido por albergar al club Boca Juniors, con su estadio La Bombonera.

Cantaba Javier Krahe en su canción compuesta de palabras esdrújulas:

En otros términos están incómodos.
Pero es fantástico, martes y miércoles,
jueves y sábados, lunes y vísperas,
dan espectáculo con el esférico,
y allí, al unísono, arman escándalo
y es como un bálsamo para sus ánimas.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono.

Me sentí mezclado en una doble realidad. Por un lado podía ver las esencias universales que se repiten en todos lados y por otro notaba esas diferencias visibles en la superficie que de modo tan frecuente se internan hasta lo más profundo por grietas desconocidas.

Viajar me llena la mente de preguntas que se acumulan desordenadas en el cerebro. Para unas me invento las respuestas mientras que prefiero dejar en blanco la mayor parte.

Vuelvo a depositar en la red una serie de fotogramas del entorno. Pequeños cortometrajes se despliegan fugaces a su alrededor. Empieza en el bar habla y de dos hermanos que transportan mercanciías peligrosas. Se desarrolla entre adoquines multicolor, viaja en bicicleta y baila tangos en cuanto tiene ocasión.

Tal vez solo jugamos a vivir, o puede que para vivir necesitemos jugar, quien sabe… Parece que siempre es buen momento para poner la bobina a girar y avivar las brasas del momento con entusiasmo.

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La serie completa contiene 88 fotos que puedes ver y descargar aquí: Flickr

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Roberto Molero