Pitaya

Desde nuestra posición se ve la cima más alta y su silueta nos ubica en el mapa.

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Los enormes acantilados de los Gigantes parecen extender sus dominios por toda la costa.

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El paisaje se ha transformado por completo. Sin embargo, pasados los dos primeros días se ha vuelto sorprendentemente familiar.

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Cuando vivíamos en Nicaragua se vendían por todas partes bebidas elaboradas con zumos de frutas. Limón, mango, papaya, guanábana…Las ofrecían en la calle y sobre todo cuando viajábamos en autobús. Envasadas en finas bolsas de plástico se agotaban rápidamente entre los viajeros. Pronto aprendimos a unirnos a la gente y a extender nuestros brazos en busca del nuestro. Se llaman frescos y mi favorito es el de Pitaya. En el mercado me hizo ilusión volver a encontrarme con esta fruta, con su color intenso y con el aroma inconfundible del recuerdo que aún permanece claro en mi memoria.

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Me pregunto al caer esta noche que comienza cual sería la mejor de las decisiones. Dar un paso adelante en busca de lo desconocido, retirar el pie suavemente sin hacer ruido o tal vez permanecer en el mismo sitio, callado, envuelto en una densa niebla de interrogantes feroces al borde mismo del precipicio.

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Roberto Molero

Monasterio de piedra (II)

Se dice que cada vez que visitas el monasterio de piedra sientes la sensación de no haberlo visto nunca. Cada gota de agua se renueva como el suceder de las olas en un mar embravecido.
Entre una colección tan extensa de imágenes de postal encontré una que me llamó la atención y la materialicé. Es una escalera. Por ella te invito a seguir el recorrido de este viernes que se retrasa:

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La siguiente fotografía es un reflejo en el lago del espejo.

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Se cuenta en la visita que los monjes trajeron cacao de América y comenzaron a elaborar chocolate. Entre todos decidieron que el consumo de esa nueva sustancia no rompía el ayuno, por lo cual se permitía comer tanto chocolate como querían.
Es alentador ver esos momentos en los que los seres humanos nos permitimos ser felices a pesar de todo.

Esto es todo de momento. Dejo el enlace a la primera entrada del Monasterio de Piedra. En aquella ocasión en blanco y negro. La lista completa son cien imágenes que se pueden ver en el siguiente enlace: Flickr

Un saludo.

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Roberto Molero

Litoral

Con el mapa del tiempo en mi poder me asomo a la pantalla del ordenador una vez más. Estiro los extremos del día para colocar en su interior imágenes de las últimas semanas. Amanece sin pereza y el horizonte se coloca en posición. El agua fresca salpica las luces ya maduras. Un velero cruza cerca de la costa. La espuma repica insistentemente mi retina y sobre el acantilado el pescador se afana en sus asuntos.

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Florece la historia sobre la pradera en Veranes. Disfruto de la palabra, de las nubes que comienzan a reunirse y de los amigos que me acompañan.

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A medio día el cielo se ha vuelto a despejar. El sol golpea la superficie de un mar gigantesco y rebota de nuevo hacia la atmósfera. Estamos en Cabo Peñas.

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Nos detenemos un momento en Aguilar de Campoo. Se trata de una parada táctica antes de llegar al final. El sol se ha agachado para bañar las espigas de trigo. La ribera nos acoge entre sobras crecientes.

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Termina el día en la playa de Verdicio. Se arropa la luz con la sabana marina y sus puntillas de espuma.

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Después de un día tan largo me gustaría cerrar con un vídeo de corta duración rodado en la frontera de la tierra y el mar. Nos vemos en la próxima parada.

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Roberto Molero

Diez hermanos

Se reúne la familia Sanjuán en la casa del pueblo. Algunos comienzan a trabajar en los preparativos. El jardín se organiza para recibir a los más grandes y a los más pequeños.

Podríamos encontrar muchas razones para dejar pasar el tiempo, afanarnos cada uno en nuestras cosas, convencernos de que sería mejor no complicarse con celebraciones y limitar nuestros compromisos, pero afortunadamente “hoy no es ese día”.
Una larga mesa se va llenando de gente y se enciende el fuego que nos reconforta a pesar del calor.

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No falta quien se ocupe de los detalles ni tampoco aquel que se empeñe en mantener las tradiciones.

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Suena una música que acompaña los movimientos de los más pequeños. El juego de la vida se va repitiendo generación tras generación. Me detengo en sus ojos donde es fácil perderse. Es posible descubrir en ellos una energía que va más allá de lo mensurable. Desbrozo las diferencias para encontrar el hilo conductor.

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El entorno se va transformando lentamente, los detalles nos acogen en lo que recordamos. Ya en otra ocasión este blog se centró en los acontecimientos desarrollados en Sabiñán.

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Cada pieza se acomoda en su lugar buscando el equilibrio de una rueda en constante movimiento. En mi cerebro se mezcla una familia con otra, el apellido propio y el suyo en el de mis hijos, las madres de todos con mi propia madre. Todas las familias del mundo alrededor de una sola pieza invisible en el puzzle de los días y de las noches.

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En esta ocasión se han reunido de nuevo los diez hermanos. Retrocedamos unos cincuenta años para observar una fotografía de aquel entonces :

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Preparamos la escena para repetir la misma toma actualizada en la misma escalera que la anterior, con los mismos protagonistas y en la misma posición que ocuparon antaño:

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Gracias a todos aquellos que se esfuerzan por mantener vivos los momentos de reunión. Gracias a quien derrocha entusiasmo, a los asistentes, a los lectores, a los identificados. Quien desee ver el resto de imágenes del día puede hacerlo en el siguiente enlace: Flickr.

La última fotografía es para Carlos. Después de que las sombras cubrieran la tarde vio una imagen en su cabeza y me la quiso mostrar.  Seguramente no he sido capaz de captar la esencia del último de los momentos, pero he querido intentarlo y quisiera dedicárselo con todo el cariño del mundo.

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Roberto Molero

Fear was all we had

Una mañana cualquiera un nuevo proyecto llamó a mi puerta. En esta ocasión de la mano de Ffidrigo. Nos habíamos conocido con anterioridad y ya fueron protagonistas del blog en octubre del año pasado: Ffidrigo

Se trataba de grabar un nuevo video musical. Ellos mismos hicieron su actuación y la grabaron en directo. Yo me limitaba a disfrutar de la música y grabar las imágenes.

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Después de revisar el material quise añadirle nuevos elementos. Sacar el foco del estudio y salir a buscar un entorno adecuado. La letra de la canción, tremendamente dramática pedía un escenario a su medida.

Mi amigo y compañero Luis me ayudó en todo con una rapidez y eficacia increíbles. A las pocas horas de comentarle la idea ya estábamos en el escenario con la indumentaria y el equipo.

La letra de la canción podría traducirse así:

“Cuando encuentren nuestros restos dirán que llorábamos mucho;
dirán que moríamos mucho, de formas demasiado horribles.

Si escuchan nuestros pensamientos, dirán que llorábamos demasiado;
sabrán que intentábamos escondernos de quiénes éramos.

Belleza vendida a lo largo de la tierra, disuelta en un mar sin vida.
Estos huesos no muestran signos de haber sido libres.

Por qué nadie preguntó “¿por qué?” Nos lo hemos de preguntar ahora.

Cuando analicen nuestras mentes dirán que estábamos tan confundidos
que idolatrábamos y obedecíamos a la locura, y encerrábamos a la verdad.

Nos rendíamos a la comodidad que nos atrapaba,
nos dejamos conmocionar hasta no poder actuar más.

Miedo era todo lo que teníamos. Aferrándonos a lo que no era.
Perdiéndonos lo que nuestras ventanas teñidas necesitaban ver.”

Os dejo con algunas fotografías hechas en un día más soleado de lo que deseábamos y al final del todo el vídeo.

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Roberto Molero

Bosque de Moal

Bienvenidos a una nueva edición de RADIOfotoGRAFIANDO. Si ya te has puesto las botas, has hecho los bocadillos y en tu mochila has colocado el agua ya casi estás listo para partir. Va a lucir un sol radiante, por lo que si llevas crema solar no te arrepentirás, y por cierto, ponte repelente de insectos, lo vas a necesitar.

Adelante, cruza la primera cancela. A partir de ahora todo lo que encontremos formará parte de la aventura.

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También ahora me sumerjo en la mía, mientras intento seguir un hilo coherente de pensamiento que acompañe a las imágenes. Ahora mismo, mientras escribo, acaba de amanecer. La mañana está en calma y los demás duermen todavía. Nos vamos de viaje y la ropa está ya en la maleta. Mi mente trabaja a compás de doce tiempos intentando interiorizar las falsetas que aprendí esta semana. Muevo los dedos para ayudarme a comprender un ritmo que se me escapa, que parece que lo he atrapado y luego se esconde de nuevo.

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Todo está cambiando a una velocidad vertiginosa. Cada etapa de la vida se cierra ante mis ojos antes de poder asumir que no volverá jamás. Las puertas se van cerrando por detrás en un viaje que no admite retorno.

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Tal vez sea esa realidad la que me obliga a repetir. A volver a pasar por territorios transitados y a saludar a quienes por fin reconozco.

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La semana pasada veía a mi hijo patinar con gran facilidad en el garaje. Lo sentí fuerte, joven, feliz. Con una energía aparentemente inagotable, con un futuro presumiblemente infinito. Subió la rampa de garaje y desapareció doblando la esquina.

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Cada día me asomo a las reflexiones en la tormenta. El viento me azota con una fuerza misteriosa mientras la impotencia me aplasta poco a poco contra el final de cada día.

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Me estoy dejando llevar por una corriente de pensamiento transversal. Pero aquí puedo hacerlo. Puedo hacer muchas cosas; puedo escribir una enorme serie de vocales seguidas, como hacen algunas personas en los mensajes. Puedo quedarme callado un rato mirando por la ventana escuchando a Beethoven.

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Puedo dejar fluir el resto de las fotografías. Las presiento discurrir por ese momento desconocido donde alguien las está observando desde su propio ser.

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Las fotografías que nos han acompañado son de un bosque adyacente a Muniellos.
Puedes ver toda la serie en el siguiente enlace: Flickr
Buena semana y hasta la próxima.

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Roberto Molero

Rutinas

Todos los días lo primero que hago al levantarme es beber un vaso de agua fresca. Así me siento colmado de lo imprescindible.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es comer un puñado de frutos secos. Me aportan la energía necesaria para toda la jornada.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es tomar una cucharada de miel en ayunas. Lo veo todo más dulce.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es hacer mis ejercicios. Me ayudan a fortalecer la espalda y evitar que vuelvan esos dolores insistentes.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es poner un disco de música clásica para que su melodía me reconforte mientras preparo el desayuno.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es mirar por la ventana. Escudriño el cielo en busca de una previsión meteorológica acertada. De este modo selecciono la ropa que mejor se adapta al momento.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es tomar una naranja. Al pelarla procuro que la monda quede de una sola pieza para tener suerte.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es repasar los ejercicios aprendidos en la guitarra. Un par de escalas cromáticas, un ejercicio de picado, y tres canciones con metrónomo.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es ordenar el contenido del lavavajillas. Cucharas con cucharas, tenedores con tenedores…

Todos los días lo primero que hago al levantarme es tomar un kiwi. Cuento todos las semillas visibles en el corte de una de las mitades.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es darme un ducha. Al final del último aclarado dejo enfriar el agua para cerrar los poros de la piel.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es asomarme a la habitación de mis hijos para escuchar su respiración.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es afeitarme con brocha y jabón natural. Luego un par de pulsaciones de mi colonia favorita y tres pases de peine.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es mirar mi agenda para seguir su curso sin despistarme.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es mirar a mi lado y volver a enamorarme de ella.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es tomar un huevo frito. El mundo se ve diferente después de eso.

Todos los días lo primero que hago al levantarme es alguna excepción.

Esta semana hice varias fotografías en el teatro Jovellanos:

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También dimos un paseo hasta la cascada de Guanga. Por cierto, Una de estas fotos a tamaño gigante la colocaremos en la sala de espera del hospital.

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Hoy no queda tiempo para mucho más. Aunque aún puedo arañarle a la tarde algunos instantes. Si la exprimo hasta el fondo tal vez pueda saborear algunas gotas de su elixir. Y si tengo suerte podrían ser las más hermosas. ¿Quien sabe? Ya veremos. Suerte te deseo con la forma de emplear tu tiempo. Gracias por el que has compartido conmigo. Que tengas lucidez para elegir cada una de las rutinas que vas sumando en tu vida y ante todo que disfrutes con cada una de las cosas extraordinarias.
P.D. Hoy comienza la Semana Negra en Gijón. En el enlace dejo una entrada del 2013.

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Roberto Molero

Gente del Nod

“Salió, pues, Caín delante de Dios, y habitó en la tierra de Nod, al oriente del Edén.”

KRK edita un pequeño gran libro que reúne fotografías y poemas. Las imágenes que lo componen corren a cargo de Alejandro Nafría. Su pasión es el retrato. Entusiasma ver como es capaz de dotar de vida aquello que inmortaliza. Es como si pudiera infundir profundidad a cada rostro.

Emma Cabal se encarga de buscar ese poema que encaje en el lugar adecuado. Es una actividad que repite a un ritmo trepidante en sus intervenciones casi diarias en redes sociales. Seguramente por esta razón desempeña esta tarea con una maestría impresionante. Casa los poemas con las imágenes de tal forma que parecen hechos el uno para el otro.

Tenemos reunidos a un gran fotógrafo y a una gran poeta haciendo lo que realmente saben hacer.
Por si ésto fuera poco, cuentan con un montón de personas que se incorporan al libro de lleno, formando parte del mismo en su esencia. Los autores de los poemas:

Alba González Sanz
Alberto García Teresa
Alexandre Crespo
Alfonso Brezmes
Ape Rotoma
Carlos VAra
Elvira Laruelo
Emma Cabal
Gioconda Belli
Inma Luna
Javier Cánaves
Jose Mª Fonollosa
Karmelo C. Iribarren
Macarena Trigo
Mariano Crespo Martínez
Miguel Méndez Camacho
Nacho Vegas
Roger Wolfe
Sofía Castañón

Sumemos también a los que aparecen retratados y añadamos a todos los que disfrutamos de la obra.

Enhorabuena por la publicación.

Acudí a la presentación en El Bosque de la Maga Colibrí. Procesé treinta y una de las quinientas fotografías que disparé. Hoy me apetece hacer un ejercicio inocente, como si fuera uno de los talleres de Cartoneras:

Voy a permitirme  escribir sobre una de mis imágenes en un pobre ejercicio de imitación.

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Prefiero estar de pie conservando mi dignidad.
No he nacido para soportar el peso de tu cuerpo enorme sobre mi fragilidad.
Prefiero observar la escena desde la penumbra,
pasar desapercibida,
escuchar las palabras pretenciosas que rebotan en las paredes,
mantener el contraste de mi blanco sobre la negra noche que se avecina.

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Para finalizar dejo algunas de las fotografías del evento. Si te apetece verlas todas las encontrarás en este enlace: Flickr

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Roberto Molero

El graduado

La cruz en el suelo marca el lugar, el momento es este mismo. Hay que celebrar el reto conseguido. Dar un paso más, preparar la antesala del inminente.

Hay etapas que se cierran. Ya no me ponen nota los profesores. Pero a la vez otras realidades no se acaban nunca. Como ese día en que me convertí en padre.

Orgulloso de los logros y sufridor de los fracasos camino sin reposo. Me pongo nuevas metas, muevo las marcas del suelo a mi antojo y decido donde está el equilibrio.

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Son tantos los caminos que se pueden recorrer que no es difícil confundirse. Aprender a buscar los polos positivos en el laberinto puede ser uno de los conocimientos más valiosos que podemos adquirir. Me viene a la mente el estribillo de una canción que cantaba de niño:  “Allá en la montaña contigo aprendí la pista segura que me hace vivir.” A menudo desmenuzo su significado cambiante y lo envuelvo meticulosamente antes de guardarlo en el bolsillo.

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Sin más capacidades que las propias nos sumergimos en el último de los tiempos. Pienso en mis intereses, en las ideas perdidas y en el entusiasmo por los pequeños detalles…

Me siento acompañado y en el abrazo conservo mi fuerza. No sabemos lo que el mundo puede ofrecernos, ya que el futuro se mantiene esquivo. De todas formas la pregunta que realmente me importa es lo que nosotros somos capaces de ofrecerle al mundo. Mientras recorro los pasillos de este misterio escucho tus reflexiones, nuestras coincidencias y el casi imperceptible susurro del poco sentido común que nos queda.

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Roberto Molero

Cuevas del Mar

Esta semana me he dado el primer baño en el mar de esta temporada. El agua se sentía fría a rabiar, pero soportable. A mi lado desarrollaban su actividad los escaladores. Yo mismo, hace unos años, me había construido un arnés con cinturones de seguridad de un R-8. Fui tentado con la idea de vivir pegado a la roca, pero abandoné el proyecto vertical por otros muy diferentes. Aún me queda el sabor en los labios del magnesio, el recuerdo de los anhelados pies de gato, la bailarina, el ocho inglés, el delta, los nudos y el bloqueador que vive aletargado en el trastero.
Todo me acompaña bajo el agua cristalina entre las cuevas que ha dejado el tiempo.

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Bajo el mar no me puedo esconder. El abrazo salado me envuelve por completo sin olvidarse de nada. Totalmente a su merced muevo mis pequeños brazos de un lado a otro desplazándome por la costa muy cerca de la orilla.

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Me gusta la sensación que me deja el baño. El ruido de las agua se repite sereno en mi interior.
Los niños que comparten el momento lo disfrutan como yo.
Antes de irnos vemos a alguien que nos saluda desde la comodidad de su refugio. Es muy simpático. Ya ves, la vida está llena de vida, el amor lleno de amor y los ojos de lágrimas dulces.

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Roberto Molero