Besullo

Salir del entorno habitual es abrir una ventana a una realidad paralela. A través de sus cristales se dibuja un paisaje definido por la diferencia, pero también por los espacios aparentemente conocidos.

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¿Quién no porta en sus recuerdos la imagen de un gato adormecido al sol de la mañana?

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¿Quién no recuerda sentir como el tiempo corre y se detiene a su antojo ajeno por completo a la terca persistencia de intentar controlarlo?

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La luz mortecina ilumina levemente el establo donde la vaca se dispone a pernoctar ¿Cuántos pueblos habrán proyectado esta misma escena a cuántos miles de personas?

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El ideograma de una casa de piedra en la pradera.

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Además de los terrenos conocidos el paisaje me sorprende con la roca viva y su colorido extraviado.

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Caminamos por una senda que atraviesa la montaña. Hace calor. Las nubes que amenazan tormenta son acogidas con entusiasmo por su capacidad de arroparnos con su sombra en terrenos despejados.

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La repoblación forestal enmarca las vertientes del paisaje.

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Nos cruzamos con un paso de cebra vertical fabricado de sombras.

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La degradación natural de un tronco compone una escultura de formas extrañas en la vereda del camino.

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Una hoja me recuerda que el otoño no tardará en abrirse paso.

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Los restos del fuego dejan su cicatriz. El sol se refleja en la textura quemada produciendo unos brillos extraordinarios.

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La serie completa de 33 imágenes se puede ver en el ya clásico enlace:.

Flickr

Termino la entrada de esta semana con un tridente natural; el negro sobre la montaña abatida…

No se si es de poco a poco o si es de forma acelerada, pero vamos recorriendo camino y consumiendo los días sucesivos que parecen llegar a trompicones. Nunca es seguro donde vamos a dar el próximo paso, cuál será la foto siguiente o la nota que escucharemos a continuación y que acompañará nuestro viaje.

Sea como fuere lo que queda por venir, parece que es momento de volver a mirarlo todo, de renovar el asombro en lo que tiene capacidad de hacerlo y de sacar ese vino que habíamos reservado para un momento especial. Desempolvar la copa, descorchar la botella y brindar por la vida y sus momentos felices.

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Roberto Molero.

Isla del Carmen

Piedras, espadas afiladas en un firme inestable. Qué fácil sería resbalar sobre el verdín y golpearse el costado en la caída…

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Surcos de piedra donde nada se puede sembrar. Paisaje de piel rugosa ¿Hacia donde me llevas?

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Charcos intermitentes, agua indecisa ¿Ya te vas? o ¿estás llegando?

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Por encima de la linea de rocas del islote de Peña Cercada se pierde el horizonte.

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La ermita se mantiene aferrada a sus cimientos. En lo alto un brillo de esperanza.

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Besos de mar y tierra, sal y aire, piedra y arena…

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Y al fin nada más. Una nota en el desierto de los días sucesivos. Procurar caminar sin que se noten demasiado las frases desafinadas. Reposar entre la espuma y el carbón. Atrapar alguno de los rayos de sol que se pierden en la arena y llevarlo dentro.

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La serie completa de imágenes la puedes ver en flickr . (El Album contiene 79 fotos de diferentes momentos).

Roberto Molero.

Candás

No es la luz lo que importa en verdad son los doce segundos de oscuridad”

Así reza uno de los versos de una canción de Jorge Drexler. Seguramente cada cosa que sucede cobra más sentido al lado de su oponente natural. A pesar de haber estado muchas veces en Candás, una nueva visita siempre es una oportunidad para volver a descubrir la ciudad.

El faro que muestra la primera fotografía entró en servicio en octubre de 1918 y aún permanece en activo. Su luz se sitúa a 40 metros sobre el nivel del mar siendo visible a 15 millas.

Ese día, que ahora estás reviviendo de alguna manera, había una banda de gaitas ensayando. La música parecía flotar hacia el horizonte y perderse en el agua fundiendo ambos sonidos.

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Me entretengo haciendo alguna foto de los que sobreviven y de aquellos que permanecen aferrados al óxido.

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En el cielo de incontables colores encuentro visitantes furtivos nadando entre luces y sombras.

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También hay un plano general del Cabo de San Antonio.

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Y esa ermita que siempre solitaria se esfuerza por resistir.

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El atardecer me trae imágenes inesperadas que me transportan a lugares remotos. La cabaña de Pablo Ernesto

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Contra un cielo moteado se ve una escultura realizada por José Luis Sánchez inspirada en Damocles. Al pasar por debajo se puede entender a la perfección ese sentimiento de inseguridad. Tal vez demasiado inspirador para este momento donde se dibujan tantos escenarios al borde del abismo.

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De Alejandro Corominas la estructuta extensible.

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El pescador de Amancio González.

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Y esas calles que nos acogen entre sus rincones. El reflejo del mimo con el que la vida nos ofrece una oportunidad para saciar el hambre de experiencias.

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Demasiadas marionetas en un escenario. No parece posible que una sola cabeza pueda mover todos los hilos. Al menos queda el atrevimiento a pensar que somos libres de accionar alguno de nuestros propios músculos.

Por ejemplo, si pinchas en el enlace: Flickr puedes encontrar la serie completa.

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Sin pretenderlo el camino me llevó por una senda de obras realizadas para la ciudad. Contra el horizonte su trabajo cobra nuevos significados. No es un lujo lo que muestran, sino más bien la esencia del ser humano: la duda, la búsqueda, el miedo, el dolor o la esperanza.

Roberto Molero

Molinos de Bimenes

El Morico nos muestra el camino. Comenzó a trabajar en la mina a los trece años. El carbón le proporcionó un nombre además del espejismo de hacerse mayor antes de tiempo. Hay un discurso sereno que brota de la tierra. Pasa parte de su tiempo informando a los caminantes.

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Hay una senda que discurre por los márgenes de un pequeño río. Sube lentamente hacia un pasado reciente donde la vida se mece al son de otras aguas.

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Las luces juegan con las sombras descaradamente, sin embargo, no fue hasta llegar a casa y ponerme a procesar las fotografías que empecé a vaciar los colores en mi cabeza para quedarme solamente con el blanco y su ausencia.

El verano fluye sereno en los meandros de la tarde. Se establecen los días sucesivos sobre un enjambre de dudas.

Quiero abrazarlo todo antes de que el tiempo se agote por completo. Sentirlo todo a través de la piel desnuda hasta que duela de felicidad.

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Demasiado rápido vuelan los segundos. Me detengo lo suficiente para saborear el rio semi-oculto, el helecho, la flor y el tronco. Sobre el barro un paso inseguro nos transporta al otro lado. ¿Hasta donde se pueden atravesar las fronteras?

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Cada imagen que entrego cuenta una historia. El tronco abrasado relame sus heridas a la sombra de castaños. hayas y avellanos.

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Llueve sobre la escena y son gotas de sombra. Salpican de ojos el encuadre.

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Letras vivas entre palabras huecas.

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Las entrañas de una forma de supervivencia. El agua de seda apoyando la roca y el vértigo de su altura.

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La imagen de la inocencia que cierra la serie, el silencio de los corderos, un atisbo de esperanza.

La serie completa la puedes ven pinchando el siguiente enlace: Flickr. Incluye una versión en color.

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Roberto Molero.

Aeromodelismo

Amanece lentamente. El gris se resiste a abandonar la atmósfera mientras el verano progresa perezoso entrelazando días sucesivos.

Llueven noticias afiladas que se clavan como agujas en la arena. La atmósfera contiene partículas venenosas que se confunden con el aire limpio que trae la brisa marina.

Reina la incertidumbre. Los ojos de la gente se asoman sobre el embozo y las caras partidas empañan los escaparates.

En un océano de incalculables dimensiones lleno de peligros y espacios insondables también es puede encontrar ese rinconcito amable que nos sirva de refugio.

Hoy comparto unas fotos de una pequeña afición que no me pertenece. Un pequeño pueblo, miles de horas con motores, ruedas, hélices, emisoras y herramientas para por fin levantarse del suelo.

Queda muy lejos el terreno seco e inhabitable. Arriba solo el cielo infinito. Libertad de movimiento, vértigo, precisión, previsión, riesgo, emoción, juego…¿Qué mas se puede pedir?

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Antes de la última foto dejo un enlace a una entrada anterior donde también surcábamos el cielo.

Un viaje en globo

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Roberto Molero

Rio Casaño

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Volvemos a la montaña con la ilusión de atrapar espacios naturales y atraerlos a nuestro interior. Varios seguidores del blog han tenido la idea de recomendarnos rutas que les han parecido fantásticas como es el caso que hoy nos ocupa. Gracias a María Parada por señalarnos este destino en Asturias a poco más de una hora de nuestra casa.

Este paseo de acceso sencillo nos he llevado a descubrir un entorno poblado de castaños centenarios realmente sorprendente.

Fue muy de agradecer en ese día caluroso que la sombra de la vegetación nos acompañara permanente así como el sonido del agua. El verde tampoco nos olvidó tiñendo sin medida todos los encuadres.

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Antes de insertar las fotografías que he seleccionado para compartir permitidme una vez más que exprese una de esas ideas que se instauran en mi cabeza.

Estoy en mi pueblo y eso me hace viajar inevitablemente a los orígenes.

Mi tio Luis falleció el 3 de Abril de este año a los 87 años de edad. No se pudo celebrar el funeral. Ayer nos reunimos la familia para llorar la ausencia de lágrimas contenidas. Quisiera añadir varias fotografías de los días pasados y sus pequeños detalles. Como aquel tractor azul LAN de un solo cilindro que puebla muchos de mis recuerdos, pero no se si tendré alguna en alguna parte. A cambio dejaré las imágenes a lo largo del curso del río.

Resulta difícil hablar del mundo como si no pasara nada. El bosque se muestra indiferente a la crispación que reina y aunque es algo muy de agradecer a veces me inunda la confusión y la soledad.

Necesitamos arroparnos cuando hiela. La familia precisa del abrazo ocasional cuando nos sentimos desolados. La muerte llega sin máscara ni sospecha. Es clara e inequívoca. Trabaja sin demora y no se deja convencer por el poder ni por el dinero.

A pesar de sus virtudes inevitablemente deja espacios vacíos en el alma imposibles de volver a llenar. Será su forma de ser.

La ceremonia religiosa se salta el momento de darse la paz. El contacto personal está vedado cuando más se precisa. Afuera los saludos entre codos se tornan en imágenes extraordinarias que nunca me hubiera atrevido a imaginar.

A pesar de la oposición interpuesta por el uso de las mascarillas que no nos permitía vernos la cara y que empapaba los llantos pudimos reunirnos para recordar juntos una vida. Gracias a quienes decidieron darnos la oportunidad de hacerlo porque para muchos de nosotros era una necesidad.

Permitid que a través de mi tío Luis y con imágenes tan alejadas del paisaje que le vio crecer aquí en Chozas recuerde a todos los que se fueron sin el abrazo de la comunidad por culpa de una pandemia. Quizás uno de los peajes más pesados de los que hemos tenido que pagar en este trance.

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La serie completa se puede ver en el siguiente enlace: Flickr

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Roberto Molero

Barquitos

Ponga un barquito en su vida (aunque sea de papel)

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Si son dos mejor aún.

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Aunque bien pensado lo suyo sería que nademos en la abundancia. Derrochemos un poco de lo que podemos. Tres, cinco, cincuenta…

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Estas fotografías pertenecen al escaparate del Bosque de la Maga Colibrí. Un espacio que ya es protagonista habitual de este blog. Libros para soñar, para imaginar o descubrir nuevos horizontes. Herramientas que nos permiten traspasar la frontera de la comunicación para adentrarnos en las costas del propio pensamiento.

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Muchas ideas me invaden a la luz de la representación de un sencillo barco de papel. La idea de viajar, descubrir nuevos mundos, explorar tierras desconocidas, libertad de movimiento…

Pero también habla de sencillez, accesibilidad, gratuidad en cierto modo, como un abrazo o una sonrisa, cosas que hoy se venden más caras que nunca dadas las circunstancias.

Un tercer brazo de sensaciones tiene que ver con la fragilidad y la valentía que supone adentrarse en la aventura con una coraza tan efímera.

En parte por estas razones que he descrito y sin duda por muchas otras que no me he parado a analizar un barquito de papel resulta un excelente protagonista del blog; pretendiendo atraer comentarios, experiencias e ilusiones en un simple pedazo de papel virtual lanzado al océano internáutico.

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La vida me ha llevado a abrazar muchas cosas que nunca hubiera descubierto sin un guía adecuado. Recomiendo hoy un libro que llegó a mis manos de la forma mas preciosa (un regalo) y que me ha encantado. Es un libro de imágenes sin texto. Normalmente no solemos leer este tipo de propuestas al ir haciéndonos mayores. Aprendemos eso de las letras y no nos permitimos el lujo de disfrutar de una ilustración desnuda. Sin embargo la lectura de imágenes sigue estando ahí y en esta ocasión irrumpe en escena con una fuerza interior arrolladora.

Esta es la referencia: Travesía de Peter Van den Ende editado por Zorro Rojo. Habla de tantas cosas diferentes que es difícil de resumir.

Adjunto un pequeño video promocional del mismo.

Dejo aquí el enlace a todas las fotos del escaparate: Flickr

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Por último añado uno de nuestros últimos videos de Según se Mire, pues está bien recordar de vez en cuando los trabajos realizados cuando se presenta la ocasión pertinente.

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Roberto Molero

Bodes

Se me ha pasado el viernes sin darme cuenta, pero no quería dejar pasar la semana sin asomarme a la pantalla para colgar alguna fotografía nueva que nos acompañe un poco en estos tiempos ciertamente sombríos.

Sufro como todos (o casi todos) los impedimentos de la pandemia; se me empañan las gafas mientras acumulo un odio desconocido hacia la mascarilla que se pega a todas las caras impidiendo que podamos respirar aire puro. Supongo que la inhalación desmedida de anhídrido carbónico es lo que me hace ver telarañas y escombros por todas partes.

Las noticias siempre han sido objeto de mis críticas. Se pierden una y otra vez en los mismos rincones y nos van desgastando poco a poco. Tal vez sean útiles para poder ganar alguno de esos concursos que para nada me interesan. Ahí están ahora mismo y siempre ocupando nuestra atención con cifras y números combinados en estadísticas inútiles.

La comunidad científica resuena de tal modo que no se entiende ninguna voz clara. Demasiadas preguntas para tan pocas respuestas.

Mirar hacia el futuro parece un ejercicio extremadamente arriesgado. Yo también he hecho mis previsiones en “la crisis del coronavirus”, como la gran mayoría de la gente, supongo. En mi caso puedo asegurar que no he acertado en nada. Además he estado muy, muy lejos de la diana. Puede ser por ese carácter optimista que me acompaña y que me ha proporcionado grandes alegrías a pesar de los errores.

Cuando visitamos Bodes encontramos un pequeño remanso ajeno a los ajetreos de las grandes ciudades. Un poco de tranquilidad necesaria y reconfortante. Entre las imágenes del alojamiento y el mirador del Fito que aquí comparto hay una pequeña serie de tres fotografías que plasman un arcoíris.

Es simplemente un símbolo, esa sensación de luz al pasar un enorme túnel aparentemente infinito. No sé cuándo, ya no me atrevo a imaginar el porvenir ni en mis adentros más profundos, pero si estoy convencido de que está ahí. Claro, brillante y luminoso.

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Roberto Molero.

El hayedo de la Biescona

Ya estaba sediento de volver a traer a RADIOfotoGRAFIANDO imágenes del bosque y la montaña. Tal vez sean los protagonistas más habituales de este espacio. Los acontecimientos recientes dejaron que llegara la primavera sin que pudiera retratarla.

Volver a calzarse las botas de montaña, internarse por una senda que asciende entre árboles centenarios hasta llegar a una zona abierta de horizontes infinitos. Esa es la historia que hoy intento reflejar.

En muchas ocasiones escribo sobre problemas que analizo y que me parece que dañan de alguna manera el mundo que compartimos. Así pues me pongo a escribir sobre los flujos de información sesgada, la sociedad de consumo, el desarrollo sostenible…¡Qué se yo! También me permito la libertad de recomendar libros, series o películas de esas que me han encantado. Hoy no voy hacer ninguna de las dos cosas. Voy a dejar pasar la serie de fotos simplemente para disfrutarlas. El cielo amenazaba tormenta y libramos por los pelos. El aire se respiraba limpio atrapando el aroma de los espacios abiertos. Volver a descubrir, volver a disfrutar.

Miento. Voy a hacer una recomendación. Es que acabo de ver de nuevo Baraka. Es una película dirigida por Ron Fricke. Se rodó en 24 países y me parece una maravilla. Música e imagen presentan la grandeza del mundo y del ser humano. Una mezcla impresionante que me lleva a reflexionar sobre lo extraordinario de la complejidad de la vida, sus contradicciones, el dolor, la muerte y por encima de todo su belleza.

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La serie completa está formada por 64 imágenes. Se pueden ver en el siguiente enlace: Flickr.

Recuerdo a todos los que siguen el blog que desde ahí no solo es posible ver las fotografías. También se pueden descargar. Más de una persona las ha utilizado en sus propios proyectos. Están disponibles tanto para enlazar como para imprimir. En la pestaña INFORMACIÓN de esta misma página explica la manera de hacerlo así como lo referente a las licencias sobre los derechos de autor.

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Roberto Molero

Tres tiempos

El primer tiempo al que hago referencia y que se puede ver a continuación está representado por una de las barbacoas del monte Deva. Esa querida mesa que hemos adoptado fervorosamente se ha convertido en uno de mis valores más preciados. La ciudad espera muchos metros abajo acompañada por el verde de los campos. Los azules del mar y del cielo se pelean unas veces para fundirse y otras por diferenciarse.

La sidra es el compañero que siempre se apunta a participar de la jornada. Realmente aporta cierta alegría y podemos decir que forma parte del equipo esencial.

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Oscar descifra los enigmas de la cámara. Revisa las opciones y construye sus proyectos. Las terrazas vuelven a estar en activo. La gente ocupa sus puestos.

Parece una fiesta con invitados muy dispares. Hay ganas, muchas ganas. Pero también hay miedo, mucho miedo. El sol, la lluvia, frío, azúcar, canela en rama…

Hay una película maravillosa. Se titula Animales Nocturnos. Está dirigida, escrita y coproducida por Tom Ford. Es tan intensa que a veces duele profundamente. No solo es un compendio impresionante de cosas bien realizadas: Una historia original, unos actores impresionantes, una trama consistente, un desenlace redondo con genial fotografía y excelente música. Además hace lo que me parece más difícil; algo que no es para nada frecuente. Consigue reunirlo todo en una caja armónica donde cada nota tiene su lugar.

Podría ser el segundo tiempo.

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Acuarela. Oscar Molero. Tercer premio la Barba Blanca 2020

Para el tercer tiempo me viene a la mente el recuerdo de la casa Laspra en Candás. La vimos hace más de 20 años y nos planteamos comprarla para establecernos allí. Se trataba de una construcción catalogada y pedían 25 millones de pesetas. (Unos 150.000 euros). Estaba en buen estado, aunque necesitaba alguna reforma.

La semana pasada pasamos por allí. Parece ser que nadie se decidió a comprarla. La edad ha hecho mella en ella. Sin tejado apenas se mantienen en pie las paredes exteriores. La finca se ve formidable.

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Otras muchas casas siguen el mismo camino. A pesar de sus fantásticos atributos se quedan abandonadas por alguna circunstancia de la vida y se mueren mucho antes de lo que cabría esperar.

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Roberto Molero