Al otro lado del cristal

Hay muchas posibilidades de que al menos una vez en la vida hayas visitado un zoológico. Si tienes un hijo, la posibilidad se aproxima peligrosamente al cien por cien. Si tienes dos el cálculo de probabilidades aumenta al doscientos por cien, con tres al trescientos y así sucesivamente…
Actualmente se dividen las opiniones sobre estos espacios. Mientras para una parte importante de personas los zoológicos deberían desaparecer pues suponen un atentado contra la libertad de los animales, para otro sector se justifica su existencia en aras del conocimiento, el aprendizaje, la conservación y la difusión.

Estoy paseando por el zoo como en otras ocasiones: (Mundo animal y el Zoo) y busco como entonces una imagen capaz de trasmitir una idea de libertad en el marco de un mundo enjaulado.

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Wolverine 

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Zorro ártico.

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De pronto me di cuenta de lo reversible que resulta la luz que atraviesa el cristal. La imagen se transmite en ambas direcciones y sin embargo el objetivo siempre enfoca en el sentido predeterminado. Se supone que se exhiben quienes han de ser observados, pero entonces empecé a mirar de forma diferente. Recorro el camino contrario de modo que voy bajando por unas escaleras mecánicas que se empeñaban en llevarme a la parte de arriba.

Podría intentar describir un escenario donde somos nosotros quienes estamos al otro lado del cristal. Prisioneros de nuestro anhelo, de las grandes cuestiones, de la razón de ser de todo lo que existe. Y allí, en ese punto voy circulando atrapando miradas de asombro,  de fascinación y de satisfacción por haber encontrado un tesoro.

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Todas las preguntas requieren una respuesta, sin embargo no siempre podemos satisfacer tal necesidad. Este axioma es el que nos mantiene al otro lado de la jaula. Somos capaces de descifrar todos los enigmas, de salvar cualquier obstáculo y deshacer algunos nudos que ha marcado el destino, pero aún nos falta el porqué. Tal vez lo más importante. Aceptemos la muerte como un final o como una puerta, de alguna manera la humanidad comparte esa sensación de vértigo, de equilibrio imposible.

Desde su refugio transitan otros seres libres de dudas existenciales. Parecen repetir sus patrones de comportamiento sin circular por el compromiso ni la responsabilidad. Libres desde cierto punto de vista nos ignoran al otro lado. Tal vez seamos nosotros los únicos prisioneros. Atrapados para siempre en la terrible conciencia de nuestros actos.

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Roberto Molero

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No hay mañana

Buenas noches. Hoy recobro algunas imágenes recientes. El verano no se quiere marchar y apura su tiempo reteniendo al otro lado de la puerta a un otoño impaciente. Recuerdo los días de agua dulce y su cálido abrazo en la piel.

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Ya regreso al camino mil veces transitado. Los días se rellenan sin medida y las obligaciones se colocan en el centro del encuadre ocupando aparentemente la mayor parte del espacio.

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Y todo lo veo a través de mis ojos. Completamente ajenas a mis observaciones las cañas se mecen suavemente ante ellos.

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Algunos días el camino gira inesperadamente a la derecha empeñado en sorprenderme. Esta noche soy terriblemente consciente de que hay un margen que me queda para establecer toda mi vida. A veces parece diminuto, otras inmenso, pero claramente existe ese espacio que me permite tomar el rumbo sugerido o saltar la valla o sentarme en el suelo a esperar el momento adecuado o darme definitivamente por vencido.

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Ese poder personal es el que me interpela esta noche. Afilo los lápices que me han de servir para dibujar el mundo que imagino. Recojo la diversidad de sus colores amasada con la luz filtrada de la tarde. Aquellos detalles que pueden servir de recipiente para llenarlos de significado.

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Brillo un poco por dentro a pesar de la oscuridad, o mas bien gracias a ella. He abierto un pasillo para ordenar mis notas. Reúno todas mis tropas con la intención de construir paisaje y siento una emoción abrasándome por dentro.

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Mientras llega ese futuro siempre incierto no hay tiempo que perder. Los días pasados proyectan su sonido sosteniendo el paisaje que muestra mi ventana.
No hay otro momento para poner toda la carne en el asador, porque el mañana no piensa acudir a esta cita.

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Roberto Molero

De flor en flor

Ahí está, encerrada en su prisión de capas y cámaras de aire perfumado, salpicada de brillantes gotas que resisten un instante más abrazadas al vacío. Ahí está esa belleza misteriosa que se pega en los momentos fugaces, o en los golpes oscuros que suenan en la noche, y que de desvelan a menudo en los espacios más inesperados…

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No he venido a deleitarte. No soy el jugo del néctar que iluminan las estrellas para que puedas arrancarme y encerrarme en recipientes de cristal tallado. No quiero sentir que me alimentas con el agua destilada de un esfuerzo que no me concierne.

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Soy el que se marchita, el que ha sido señalado para volver al fango, y he de regresar a la nada, al principio de los tiempos donde no tengo obligaciones.

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A veces, en medio de mi mundo efímero miro al horizonte. Consciente a medias, me atrevo a soñar con la mitad de los deseos que me atraviesan.

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Por dentro, muy en el interior, hierve una fuerza intermitente que me pertenece, esa que me saca los colores y que refleja mi imagen en el espejo de los otros.

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Desato mis temores cuando lo permite el momento. Desafío a la noche, a cada uno de los 57 750 Kilómetros cuadrados que dan cobijo al lago Michigan, al mundo entero.

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Por un momento he querido establecerme en el punto más alto del horizonte. Aparentando que puedo extraer la fortaleza de mi fragilidad, fingiendo el conocimiento necesario para vislumbrar un mundo incomprensible.

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De noche, apresuradamente vuelvo a condensarme, mi refugio se extiende por la vasta planicie de los sueños; pisando tierra fresca voy construyendo nuevos universos…

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Día a día…

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De flor en flor…

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Roberto Molero

La olla de San Vicente

Escribo de un punto ideal
entre dos acantilados,
en un día especial
con razones para cantarlo,
a una temperatura ideal
en un día nublado,
de este mes de septiembre
donde termina el verano.

Lo que puedo asegurar
aunque no lo haya contado,
es que no pretendiera
de ninguna de las maneras
escribir esto rimando,
ni amar como los poetas
que mueren entre sus versos
aunque no les estén matando.

Solo es por casualidad
que al juntar cinco vocablos
se hayan querido casar
¿quien soy yo para evitarlo?
Hoy Domingo vuelvo al viernes
entre sombríos parajes,
amasando verso y paisaje
anhelando el nuevo viaje.

Solamente unas pocas imágenes
hasta la Olla de San Vicente
en los márgenes del Dobra
y casi han pasado dos meses
de que sus gélidas aguas
volaran tragando las pieles
No estamos hechos de aire
También somos carne por suerte.

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Dejo el resto de las fotografías de la serie en este enlace: Flickr

He disfrutado del tiempo ausente, vuelvo al camino, seguro que un poco a lo mismo, y al mismo tiempo, al filo de lo que es diferente.

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Roberto Molero

Imaginando

Al fondo se recorta la silueta en un contraluz extremo. Levanto las sombras de la cuadra alejándolas solo unos pasos del negro absoluto. Se mantiene  verde la pradera aportando un pequeño punto de color a una imagen abierta al blanco y negro. Los encuadres se equilibran.

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El cuadro de la izquierda resalta en la imagen del mismo modo que se funde con ella. Las herramientas se muestran del mismo modo que se esconden entre sus propias compañeras. El formato 16:9 parece ampliar la panorámica de la imagen siendo  en realidad el recorte de un 4:3.

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El ciclista mira al frente seguro de si mismo. Encuadre cerrado con fondo desenfocado al punto de sugerir movimiento contrastado con la estática absoluta del instante. La velocidad de obturación de esta toma es de 1/5000 lo que significa que el tiempo en el que la luz incidió en el sensor es el resultado de dividir un segundo en 5000 partes iguales.

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Una imagen con su protagonista centrado en ella. La luz cenital se combina con la que viene por su lado derecho. El cortejo de instrumentos de trabajo y la multitud de objetos en las estanterías del fondo completan la composición.  La velocidad de obturación se encuentra al filo del movimiento: 1/30 de segundo.

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Preciosa composición la que habla de los cuentos. La juventud a la derecha y la experiencia a la izquierda. En cámara una subexposición de un paso completo necesaria para no quemar el fondo que deja ver la ventana.

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Aún nos pertenece la información, conservamos los edificios, las ropas los enseres. Aún podemos intentar caminar por las traviesas que sostienen el pasado si contamos con la dosis suficiente de imaginación.  No es sencillo. Hay un paso que nos mantiene del otro lado del cristal, sabemos que sea por propia iniciativa o por causas ajenas a nuestra voluntad muy pronto se levantará el telón que desvelará la trama.

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Mientras camino voy reconociendo lo que se repite en todos los terrenos, imagino y recuerdo. Luego busco una composición que me guste e intento atraparla. Los días pasan veloces en este verano. Los más pequeños me envían señales fluorescentes que me recuerdan que ya no soy tan pequeño y que mi imaginación discurre por senderos diferentes a los suyos. La luz golpea las estancias de la casa que habito.

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Dejo la última fotografía de esta nueva serie de imágenes que hoy me conmueven. Las siento terminadas, arrojando su brillo a esas tinieblas por las que a menudo transito. Una familia comparte su tiempo y su sustento, me sentí un poco violento invadiendo un espacio tan personal, pero en realidad era un fantasma; de cuerpo etéreo, invisible al presente y abrazado a los muros de un pasado tan solo probable.

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Roberto Molero

 

Viajando

Algunos días, poco después de escalar la cima de la adolescencia y de caminar por las praderas vírgenes de la montaña, imaginaba mi vida como un viaje sin final. Recorría imaginariamente el desierto de Atacama, la selva amazónica desde Manaos y transitaba por la ruta de la seda serpenteando entre las más altas cimas de Tibet.

No puedo decir que no le haya dado espacio a los sueños para su esparcimiento, sin embargo de vez en cuando vuelvo a percibir un aroma de fuego imposible circulando por alguna parte de mi interior que no ha sido erosionado del mismo modo que el resto.

En el camino hacia aquellas cimas, las más altas, y aquellos espacio vacíos, los más difíciles de transitar, detengo la mirada en los edificios grises que invadieron el mundo imaginario. Entre los reflejos que salpican las líneas verticales y la comunión entre  cristal y hormigón se extiende un paisaje desolado. Y allí libremente encerrada, se encuentra una belleza propia. Esa misma que intento capturar con mis herramientas.

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Roberto Molero

Catedral de León

Mientras espero a ver por donde llegan días peores recojo un ramo de imágenes dispares. Vuelvo a los libros, acomodados con cuidado sobre el altar de la educación. Beatriz vuelve a desplegar sobre la mesa la importancia de lo sencillo, de la palabra y de la canción. Recorremos los mismos escenarios y me pregunto: ¿Porqué no deberíamos hacerlo? Hay una batalla continua y son rudos los enemigos que guardan la puerta.

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Tiempo de lectura. El grupo se reúne buscando la forma de plantar cara a su oponente ¿Se necesita llegar un poco más lejos?, ¿apostar más fuerte?, ¿saltar más alto? Cada uno parece estar dispuesto a poner de su parte lo que sea necesario. Desde el muelle veo zarpar su barco hasta perderse en el horizonte.

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Mientras tanto nosotros subimos a otra embarcación. Luis, el capitán, se ocupa de todo lo necesario, el velero se deja querer por el viento y mis pensamientos van meciéndose al compás de las olas dibujando suaves trazados en el agua.

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Después de tantos rodeos llegamos por fin al enunciado de esta entrada. Más allá de las palabras de la visita guiada y de los datos históricos, paseamos por un espacio familiar. Las luces golpean los recuerdos.

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A veces, la música se empapa de un carácter sordo, agostada por el terco proceder del hastío, sin embargo, hay algunas veces que el mismo sonido del tráfico arrastrándose a través de la tormenta se envuelve con un halo mágico. Entonces, cada pequeño gesto de la vida brilla con una luz interna capaz de renovar toda la existencia.

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Roberto Molero

Ronda y cortijo vista Álora

Tal vez sea un símbolo de la mala suerte. Un mal augurio para arropar al destino, pero no puedo menos que dejarme embaucar por la belleza que encierra: el silencio de los pasos del felino sobre la piedra, las luces que lo encuadran y el horizonte quebrado a punto de desaparecer en la oscuridad de la noche.

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Me detengo en el balcón de los cuentos, en la encrucijada donde se fundieron las quebradas naturales con las edificaciones humanas. Se impone la necesidad de intuirlo todo pues nada se muestra por completo.

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Se cruza un caminante. Parece dispuesto a recorrer en mundo con sus prótesis mecánicas, desafiando lo natural, como el puente que atraviesa. ¿Hasta qué punto somos prisioneros de nuestros límites?

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El blanco salpicado de pequeños detalles. El equilibrio. Un espacio pensado para detenerse.  Fue nuestro alojamiento breve, pero a pesar de los pocos días que invadimos su esencia nos fuimos con pesar.

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Termino con un detalle del jardín, simplemente verde, cruzado de líneas verticales formando una composición agradable a la vista.

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Roberto Molero

El caminito del rey

Atravesando el desfiladero de los Gaitanes en la provincia de Málaga se encuentra este recorrido casi imposible robado a la montaña. Yo me imaginaba en mi cabeza estupendas historias sobre un rey (de esos que aparecen en los cuentos) y este espacio asombroso. La realidad es que se trata de unos accesos que se construyeron para el mantenimiento y el paso de materiales que la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, propietaria de los Saltos del Gaitanejo y del Chorro, necesitaba. El rey Alfonso XIII presidió la inauguración de los Embalses Guadalhorce-Guadalteba, y los visitó en parte. Por este hecho obtuvo su nombre.

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El camino se deterioró con los años y recientemente ha sido rehabilitado. Cuentan también la historia de unos muchachos que fallecieron al lanzarse por una tirolina que había sido colocada para pasar materiales. Bajaron tres juntos con lo que sobrepasaban el peso que soportaba la instalación. Uno de ellos no se atrevió a intentarlo y se salvó de la tragedia. Tienen una placa conmemorativa y nos los presentaron como héroes, aunque a mi solo me parecieron imprudentes.
Hay en la red miles de fotografías de este lugar increíble, La serie completa de las que yo hice esa tarde está disponible en el siguiente enlace: Flickr

Roberto Molero

Milena y su soneto

Nos hemos vuelto a reunir para recordar el  tiempo compartido. El turno es para Milena que en esta ocasión se ha visto encaminada sin remedio a asumir el papel de protagonista. Por mi parte puedo confesar que he superado sobradamente mi principal obligación: disfrutar de la cena y de la compañía.

Después de procesar las imágenes obtenidas, que comparto a continuación, me invadió una sensación extraña. ¿Qué palabras voy a usar de acompañamiento? No sé porqué me vino a la mente la peregrina idea de componer un soneto. Como la idea me pareció lo bastante loca, decidí  asumir el reto.

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Antes de la última fotografía dejo un enlace a la serie completa: Flickr

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A Milena

Después de cuatro años incontables
Milena ha terminado su trayecto
Pronto brille en su semblante otro proyecto
que renueve sus silencios insondables.

Lo vivido se acomoda en el pescante,
el futuro se ha comprado un traje nuevo.
Para amar y descubrir tu paradero
lo mejor es ir ligera de equipaje.

Llega un ictus (se que ahora no es momento)
Tantas cosas imposibles de evitar…
(poco a poco va atrofiándose el cerebro)

Aunque sea algo difícil de explicar,
de algún modo ha surgido este soneto,
tu camino fue sendero “octava impar”.

Roberto Molero