Eléctricos

 

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Un impulso eléctrico nos hace abandonar el sueño. La habitación se ilumina con luces LED de bajo consumo y alta eficiencia. Velozmente, de la nevera al microondas pasa el alimento. El agua nos visita tratada con el poder térmico de una resistencia.

De un apartamento cada vez más pequeño y más alto bajamos en elevadores extremadamente eficaces hacia un sótano iluminado con luces LED de muy bajo consumo. Nuestro vehículo eléctrico nos transporta rápidamente hacia nuestro centro de trabajo que también está muy bien iluminado. Sentados en modernos sillones articulados clasificamos ceros y unos virtuales sobre una pantalla de plasma de alta resolución.

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En el centro comercial usamos las rampas y las escaleras mecánicas. Compramos un robot, un electrodoméstico y una compleja máquina electrónica para monitorizar el ejercicio inexistente.

Regresamos por idéntica ruta al mismo apartamento. Encendemos el acostumbrado entretenimiento virtual. Un nuevo sillón, siempre enchufado a la red eléctrica, nos atrapa en sus brazos de mil programas de masaje.

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Si la teoría de la evolución se confirmara, alcanzaremos la perfección cuando nos libremos de este cuerpo sombrío que tan rápidamente se degrada.

Seremos seres eléctricos, hechos de luz, rápidos e indestructibles. Podremos viajar sin arrastrar estas pesadas extremidades que nos limitan. Comprenderemos el significado de  mundos que aún no imaginamos. Abandonaremos las costas del hambre, de la enfermedad, del sufrimiento…

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Nuestras ideas, nuestro yo esencial no son más que impulsos eléctricos que se producen en nuestro imperfecto cerebro. Seremos magníficos cuando seamos puros, solamente electrones perfectamente coordinados. El resto sobra.

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Roberto Molero

 

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Santiago de Compostela

El sol aún no ha dejado el Este cuando comienza un nuevo recorrido. En el cielo una amasijo de ramas y tendones y abajo el camino. Las sombras lo atraviesan de parte a parte. Quizás estamos donde deberíamos estar, en el camino recto y despejado ¿ O tal vez sería preferible caminar por terreno inexplorado?

Un poco más abajo se encuadran las imponentes torres de la catedral. Escoltada por tejados y ramas llama la atención con sus fauces abiertas.

La tercera de las fotografías esconde una escalera de piedra. Hay una mano negra de dedos viejos y nudosos que se aferra a la verde pendiente.

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Una foto sencilla, de una calle sencilla de un día cualquiera.

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La erosión, el óxido, la farola que parece proyectar la sombra que cubre su mitad derecha de la imagen.

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Pendientes de mentiras, paredes reales, lluvia reciente, señales de advertencia…

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Espacios abiertos.

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Atravieso el puente. La escasa pendiente del cauce es suficiente para reavivar el sonido del agua que fluye transparente.

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Desde arriba veo las plantas ahogadas. Danzan al ritmo de la corriente, ajenas a la muerte y a la falta de aire puro.

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Otros se aferran a lo imposible, creciendo donde no pueden prosperar, esperando un milagro o el triunfo de la devastación.

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Termino con un rayo de luz que atraviesa la esquina del sensor de mi cámara. Hay una paloma en la esquina oponente sobre una sombra y cuatro parejas que pasean por una calle recién descubierta.

La semana se fue veloz. Queda este viernes a la espera del siguiente.  Desgranar lo importante de lo superfluo a veces parece una tarea imposible, aunque no por ser imposible deja de ser absolutamente necesaria.

 

Roberto Molero

Casa do Cebro

Ha cambiado el escenario. Las casas rurales han ido poblando un espacio nuevo en el mapa del viajero. Cuando era pequeño había hoteles, pensiones y posadas a las que no íbamos casi nunca. Mi camino pasaba con frecuencia por una tienda de campaña entre los árboles. En el pueblo discurría la mayor parte del tiempo de los interminables veranos que inundaban la infancia.

Hoy se ha abierto una enorme brecha de posibilidades en el camino. Puedes imaginarte en uno de esos pueblos ajenos y alojarte en alguno de sus rincones.   El incremento de la oferta de casas rurales no se ha detenido y muchas han visto la oportunidad de resistirse a desaparecer gracias a ello.

Me gusta este tipo de viaje. En su descubrimiento me he encontrado con mucha gente que arrastra una historia increíble a sus espaldas. El pueblo y la casa a veces conservan el sabor de antaño y lo saben compartir.

No es fácil encontrar el equilibrio entre lo tradicional y lo funcional, lo moderno y lo antiguo. Se suceden reformas y proyectos con mil visiones diferentes.

Recientemente nos hemos alojado en una casa situada muy cerca de Santiago de Compostela. Fue una “visita” demasiado fugaz, pero el reloj se comporta de forma caprichosa y a veces se viven experiencias muy intensas comprimidas en el tiempo.

Maria José y Manolo son los nombres de los dueños de este lugar que hoy protagoniza la entrada del blog. No es fácil conjugar tantos elementos simultáneamente y reunirlos en un solo proyecto.

Me sorprendió la cantidad de trabajo realizado. Un esfuerzo personal para levantar piedra a piedra y detalle a detalle. Trabajo en el campo, en la construcción, en el mantenimiento…

Me sorprendió la calidad de los trabajos. Los sistemas de agua y energía, el suelo radiante, las chimeneas, las piscinas, la madera y la piedra, las soluciones arquitectónicas, los ventanales…

También me sorprendió el buen gusto en el hacer de las cosas. Nada está allí porque sobra en otro sitio. Cada objeto tiene un lugar pensado para él y reina la armonía en cada estancia.

Nos alojamos en la casa de Afora, pero nos enseñaron la otra que tienen en la finca que es la que se muestra en estas fotografías. La serie completa la puedes ver y descargar en el siguiente enlace: Casa do Cebro

La información completa del alojamiento la puedes consultar pinchando aquí

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Un comentario sobre los detalles que hoy se ven reflejados:

Una flor para lo que no se puede ver, para ser testigo de la belleza y la muerte, para acompañar a las tardes sombrías.

La vieja lechera surcada de profundos recuerdos, decorada con esmero, embarrada en paciencia y trabajo aguarda sobre la piedra.

La lluvia insistente resbala sobre la piel formidable de una fruta suspendida en el aire. En mi pueblo no se dan las naranjas. Las pocas veces que llegaba alguna a la casa de mis abuelos se cuidaba como un tesoro y se decía que su sabor se extendía como un arcoíris multicolor. Años más tarde, cuando vivíamos en la misma casa, mi abuela miraba incrédula como alguno de nosotros hacíamos zumo de naranja exprimiendo una bolsa entera de tesoros. No podía dejar de indicarnos que aprovecháramos hasta la última gota, que no quedara nada más que color blanco en el interior de la cáscara.

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Roberto Molero

 

Equilibrios

Paseando por la calle. Testigo de ojos vigilantes. Barrotes que vacilan. Mundos diferentes. Colores divididos. Desconfianza teñida por la curiosidad. Un diminuto instante. Líneas paralelas.

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Siempre impasible. Poblado de recuerdos. Peinado por el viento. Resistiéndose al olvido. Madruga más que el alba. Sueña lo imposible. Al fin se ha detenido pero aún no ha terminado.

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Todo lo que tengo. Viaje a corto plazo. Legado de experiencia. Sangre de mi sangre. Repique a contratiempo. Amargo. Intenso. Concentrado. Amasijo de opiniones.

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Vientre de ballena. Refugio de gigante. Ojo a contraluz. Promesa no cumplida. Juego de invierno. Pasto de la noche.

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Sol de primavera. Hoy es el futuro. Fuerza inquebrantable. Alzado entre las cumbres. Canto de esperanza.

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Radios de sombra. Templos caídos. Números primos. Culturas inquietas. Clavos de plomo. la rutina insistente de los días perdidos.

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Más allá del horizonte. Circo de un pueblo perdido. Descanso a mediodía. Sombra de mi sombra. Sonrisa atrapada en una jaula. Devorador de intenciones.

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Enigma. Encrucijada. Jirones. Lepra. Arenas movedizas. Rincones olvidados. Me arrepiento de todos los errores cometidos. Me lamento por todos los fracasos posibles que puedan suceder en todos los mundos imaginables.

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Sostén universal. Palanca prodigiosa. Nido de sueños. Parco en palabras. Libre de envidias. Corazón de barro. Dedos de incienso. Página en blanco.

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Atravieso la última puerta. He dejado atrás un puñado de imágenes aderezadas con palabras encadenadas. Cada fotografía provoca una sensación, estimula alguno de los recuerdos que permanecieron dormidos hasta que fueron llamados.

Hoy he vuelto al estudio. Cada día un pasito, una nota más, otro compás… Nuevo capítulo en la mesita de noche, malas noticias que llaman a la puerta. Por la izquierda me adelantan circunstancias especiales en el ámbito laboral. Por la derecha se desmarca una montaña de obligaciones rutinarias.

Equilibrio es todo lo que espero. Seguir girando en esta bola multicolor con la esperanza que me guía sujeta a mis tobillos como las tablas de surf a sus dueños en la orilla de la playa.

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Roberto Molero

 

Salpicado

Aunque el año nuevo corre ligero por la nueva llanura, quedan fotos del año pasado que salpican el presente. Tres ciudades comparten cartel para este viernes de Enero.

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Vitoria es la primera invitada. Hacía frío en las calles. También encontré una escultura frente a la piedra y una casa abandonada apoyada en una nueva construcción detrás de unas escaleras.

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Santander es la que sigue. El centro Botín iluminaba parte de la noche creando algunas escenas de aspecto espacial.

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Zamora cierra el trío de hoy con cinco fotografías seleccionadas. Esculturas, pinturas y algunos habitantes.

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Justo antes de cerrar esta entrada y publicar lo que será la número 256 de RADIOfotoGRAFIANDO me resiento un poco por el esfuerzo del camino. Me pregunto a menudo por el interés que puedan tener la imagen y la palabra y nunca me doy la misma respuesta. Repito encuadres y me araño en los estrechos pasadizos que atravieso.

Sin embargo, a pesar de todo, continúo aquí. Justo al otro lado del visor de mi cámara. Cada fotografía que he ido publicando ha pasado un filtro, pues son muchas más de 100000 las que conservo.

La palabra es el entramado que sostiene este espacio, es esquivo y se derrama frecuentemente por el mantel de la inconsistencia. De todas formas procuro entablar conversación con el mundo desde mi pequeña emisora.

El universo no es como lo vemos, su esencia es independiente a nuestra percepción y seguirá su curso a su manera. Asumo que me engañan mis ojos, pero son los únicos que tengo.

De vez en cuando desando el camino para verlo de cerca y descubro detalles que no conocía.

Por ahí delante vienen los días futuros. Antes de que sea consciente los habremos atropellado, pues “viajamos sobre rueda encabritada”. Ya veremos lo que nos deparan.

Roberto Molero.

 

 

Los Reyes Magos

Corre veloz el tiempo por su flamante autopista.

Supongo que es inevitable hacer un recuento al principio del año. Hay que reajustarse los cordones del calzado y asegurar el sombrero para evitar que se vuele con los vientos venideros.

Recientemente llegaron los Reyes Magos. Si fueron tres ahora parecen miles. Cada uno de nosotros guarda sus propios recuerdos y rara es la vez que se superponen.

De cuando era muy pequeño no he conservado imágenes claras y todo parece envuelto en una gran nebulosa cósmica. Recuerdo los nacimientos que habitaban la casa, el serrín y el musgo. Mi padre preparaba las montañas nevadas, los ríos de plata y el resto de construcciones sobre cajas vacías de fruta. Recuerdo a mi tío Santi con mi tarta de cumpleaños y aquellos programas interminables en la televisión. Mi madre describía el programa y los artistas compitiendo con los presentadores oficiales.

También estaban los juegos de cartas y el tel humo… Todo parece tener un lugar en su estantería.

Alguien me dijo una vez que en este país los niños son felices, pero los adultos no tanto. Tal vez sea un hecho universal, inherente al ser humano. Ampliar la visión, adquirir responsabilidad, obligaciones y descubrir que nuestra vida se termina suele cobrar un precio.

Escuchaba en algunas ocasiones voces de adulto negando y renegando de la existencia de los Reyes Magos, deseando que pase pronto este tiempo y volver a los días corrientes (como si no tuviéramos bastantes de esos). Es una fantasía, un engaño, me decían. Aunque sospecho que nada les hará cambiar de idea traigo imágenes que demuestran su llegada.

He visto esperanza, aunque supongo que para los detractores serán luces de colores, yo si la he visto, y dejo una muestra en estas fotografías.

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Dejo un enlace a una entrada de este blog en el año 2014 donde los protagonistas fueron Los Reyes Magos con las reflexiones habituales y una carta personal.

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Roberto Molero

2019

¡Feliz Año nuevo! No parece mal modo de comenzarlo derramando buenos deseos para todo el mundo. Subidos a este nuevo momento de la historia parece inevitable mirar un poco hacia las dos vertientes.

El futuro, de carácter esquivo, es el hombre de las mil caras. Las muestra de forma aparentemente aleatoria dependiendo de con quien esté tratando y del momento del día.

Yo soy de naturaleza optimista y generalmente espero que algo bueno suceda a la vuelta de la esquina. Estoy seguro de que las dificultadas me encontrarán sin necesidad de esperar su llegada.

Mirando hacia el otro lado de la colina se divisan los dominios del pasado.  A pesar de su personalidad inalterable, los hechos se ve de forma diferente según la luz que los ilumine.

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La salud es lo primero, se oye por las calles.

Si, la salud es un bien impagable. A mi no me gustan las competiciones; si me obligaran a establecer prioridades le pediría permiso para encabezar la lista a la conciencia, a la responsabilidad y al amor incondicional (perdón quería decir al amor, sin añadir adjetivos).

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Nuevos caminos nos esperan sin lugar a dudas. Trataremos de acogerlos con entusiasmo, darles un lugar para esparcirse y un destino donde cobijarse.

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No puedo ignorar que hay sombras que me acosan. A veces parece que se cierra el cerco peligrosamente.

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Hay calles desiertas donde las luces se esfuerzan por iluminar a nadie.

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Pero toda consideración que podamos hacer se queda necesariamente a medias.

Una parte pisando suelo y otra mirando el cielo, cada cara necesita su cruz.

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Si fuéramos capaces de abrir un poco el angular veríamos una multitud donde había un vacío.

Planeo seguir escribiendo imágenes y pintando palabras. La experiencia adquirida no ha precisado un cambio de rumbo.

Espero encontrar tu mirada en alguno de los rincones que transito. En las fotos que salpican el pasado y en las que deparará el futuro, en las pretensiones y las sensaciones que nos hacen un poco mas humanos.

Después de varios años lanzando botellas de náufrago a un mar desconocido, al fin tengo la certeza de que no estoy solo en esta tierra.

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Roberto Molero

 

Mazoka

Buenos días una vez más. Hoy nos encontramos en Álava, (cada cual viaje desde donde se encuentre hasta aquí), justamente en el último de los viernes que han ido poblando el año 2018.

Mazoka es el nombre de un festival de dibujo e ilustración que ha celebrado ya su cuarta edición. En un entorno espectacular los artistas muestran sus trabajos a los visitantes. Voy recorriendo los puestos y descubriendo partes de ese enorme universo de trabajo y belleza.

Cada ilustración se me ha revelado como un puente entre dos mundos.

En una orilla me figuro que habita el pragmatismo diario, la sucesión interminable de los días de la semana sin capacidad de saltarse ninguno, las chocolatinas dos veces envueltas, la publicidad, el comercio, el derecho, la política y algunos conceptos matemáticos que aprendemos en la escuela (como el teorema de Pitágoras).

Al otro lado imagino una industria desmantelada, un payaso en el desierto, música para enamorarse, calles para perderse, una cueva donde duermen animales peligrosos, los vuelos sin motor y algunas cosas que tratamos de olvidar sin éxito (como perder un amigo o ver como se acerca un acontecimiento terrible e inevitable).

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Beatriz, que ha sido invitada a participar, ha llegado con su maleta llena de libros y ha abierto su paraguas mágico. Como en otras ocasiones las familias se acercan para intentar descubrir algún tesoro que ofrecer a sus hijos, y como otras veces, la palabra construye un espacio donde entenderse.

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Termino este año y esta entrada con una imagen que me gusta mucho. Posee un halo de belleza y a la vez punto inquietante. Nos deja ver solamente un trozo de cielo. La pintura desconchada recuerda dos continentes encajonados por los límites de la ventana y del callejón, No precisa convertirla al blanco y negro ya que parece su naturaleza esencial.

En la esquina inferior derecha nace una planta formidable. Sobrevive sin agua, sin tierra, en un lugar insospechado e inhóspito. No deslumbra, no exhibe su color, su altura,  su capacidad ni su fortaleza, pero está ahí, como tu o como yo.

El enlace a la serie completa puede resultar muy interesante: flickr

Tan solo espero y deseo que el próximo año siga dejándonos espacio para el encuentro. ¡Feliz año 2019!

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Roberto Molero.

Feliz Navidad

Sencillamente dos palabras desde este espacio virtual. Una más de entre las miles de felicitaciones que surcan este momento.

Para esos que sueñan y para los que son incapaces.                                                               Para quienes se detienen y para aquellos que pasan de largo.                                            Para quienes lo intentan de nuevo y para los derrotados.

Para aquellos que nunca llegarán a pisar este espacio y especialmente para ti, que habitas este instante.

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De la serie atardecer capturada esta misma tarde.

Roberto Molero

El Molino de Bonaco

Ruedan los últimos días del año hacia la pancarta que señala el inicio de una nueva etapa. Se suceden los buenos deseos, la esperanza de un cambio o la necesidad de que pase pronto este circo de comercio voraz.

Cada cual desde su pequeña guarida se aferra a su cinturón de seguridad y se dispone a sobrevivir un tramo más del recorrido que impone el destino.

Gota a gota he ido acumulando logros y fracasos, he consumido mi tiempo  derrochando dudas y anhelando certezas.

En estos tiempos que son iluminados por la luz de un sol que raciona su presencia me decanato por tamizar cada experiencia, separar con un gran colador aquello que realmente ha merecido la pena y encerrar a ese dolor que no cura y a toda su cohorte en una mazmorra inaccesible.

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Esta serie de imágenes corresponden a un respiro en la travesía, más frecuentes de lo imprescindible y algo menos de lo deseado.

Los juegos de luz se hacen evidentes únicamente bañados por las sombras que habitan.

En el siguiente enlace puedes ver la información de este alojamiento ubicado en Cantabria, cerca de San Vicente de la Barquera construido y sostenido con una dosis desmedida de buen gusto:  El Molino de Bonaco.

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Esta semana, uno de los enfermos a los que he tenido que atender me ha dicho que me parezco al teclista del grupo la oreja de Van Gogh. Este chico con cuerpo de hombre vive pegado a un diagnóstico de retraso intelectual. Hoy me pregunto si esos que la sociedad considera normales no seamos la verdadera fuente de retraso humano.

Su amor por la música me llevó a contarle el mío y a establecer un vínculo basado en una confianza olvidada en la niñez. Le regalé nuestro segundo disco: Doble o Nada, del que llevaba un ejemplar en la mochila. La ilusión que le produjo me hizo sentirme afortunado. Feliz por un momento, de compartir una parte de la vida, de aferrarnos juntos a una esquina de los sueños y asomarnos a la idea de que es posible superar barreras que a veces parecen infranqueables.

Dejo el enlace a todas las fotos:  Flickr.

Buena semana y ¡Feliz Navidad!

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Roberto Molero