Colores al natural

Algunos días como éste, en algunos momentos, como puede ser ahora mismo, el mundo me resulta extraño. Es como si no lo hubiera visto antes. Evidentemente lleva todo el tiempo ante mis ojos, pero es como si no me hubiera detenido a contemplarlo con suficiente detalle.
Me siento al margen de la página. Pienso en el silencio del que me hablaba ayer Agustín , en la fragilidad de la vida, siempre expuesta, en la terquedad de los acontecimientos recurrentes…
Encuadro, selecciono y contemplo imágenes.
Son las cosas sencillas las que componen nuestra historia. El planeta se desplaza veloz por el espacio exterior, el sol brilla con una energía interna inconcebible para mi cabeza, y sin embargo la vida se compone de cosas tan sencillas como preparar el desayuno. Ayer grabé una guitarra en el estudio, hice la cena, recogí un libro y me senté a ver un capítulo de Jessica Jones en el proyector.
Hoy os dejo una serie de imágenes tomadas en el jardín botánico del Puerto de la Cruz. Simplemente por el placer de disfrutar los colores y las formas.

Al final una poesía que escribió mi hija ayer mismo y que habla de las cosas sencillas. Buena semana.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.
Canela en rama

Recuerdo tu cocina,
olor a canela en rama
y a ramitas de vainilla.
Aroma de consejos, sal, semillas,
azucar, hogar, pan y vida.

Olor a cocina antigua,
escondida y húmeda,
sabor a especias y humo
y siempre a canela en rama,
flotando entre la harina
de la noche a la mañana.

Si no fuese un recuerdo,
la cocina nítida y clara,
aún quedaría ese olor
a dulce canela en rama.

Pero del olor a canela en rama
hace mucho que no queda nada.

Silvia Molero.

.

Recuerdo que ya había hecho una serie de fotos en un jardín botánico, Dejo el enlace a esa entrada en Lisboa: Jardín botánico.


Roberto Molero

Anaga

Desde la parte alta de Puerto de la Cruz puedo ver hoy mismo el reflejo de aquellos días pasados. En el lago Martianez nos bañábamos tranquilamente en compañía del sonido de un mar embravecido. Nos acompañaban las locas historias de Mortadelo y Filemón y nos reíamos.
Brilla el color blanco al contacto con el sol radiante de la mañana. Por el paseo marítimo se camina sin el peso de la preocupación. Una campana sobre la línea del horizonte pretende permanecer muda por tiempo indefinido. Era un niño cuando visité la isla por primera vez de la mano de mi madre ausente. Mi hermano estaba conmigo y también era un niño incluso más pequeño que yo.

.

.

.

.

Uno de las muchas rutas que discurren en el parque Natural de Anaga es el “camino de los sentidos”. El recorrido está dispuesto para invitar al caminante a “sentir el bosque”.
Todo el mundo se ha acostumbrado a abrir los ojos, aunque cada uno mire a diferente profundidad, sin embargo, otras percepciones precisan algo más de concentración o costumbre. Además un blog de fotografía no puede mostrar el olor de los rincones umbríos, el tacto de las hojas desnudas, la sensación térmica del momento o sobre todo lo demás, su sonido particular.
Pongo a trabajar mis sentidos y en silencio te invito a utilizar los tuyos. A salvar ese pequeño obstáculo aparentemente imposible con un poco de imaginación al abrigo de los recuerdos.

.

.

.

.

.

.

.

.

https://c1.staticflickr.com/9/8222/29445664211_070aa9ffdd_c.jpg.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Llegamos a nuestro alojamiento provisional de nuestro reciente viaje un instante antes de que termine el día. Los rayos de luz se van recostado lentamente como si quisieran alinearse con el horizonte antes de desaparecer. La Gomera se distingue sobre un mar de nubes. Parece un ser dormido flotando apaciblemente en el cielo sobre las frías aguas del océano.

.

.


Roberto Molero

La danza de la niebla

Bajo el agua fresca de la ducha comienza el día en nuestra nueva dimensión.

.

.

Afianzado en su posición el Drago Milenario de Icod preside la primera escena. A mis ojos parece cansado. Desearía que conserve la fuerza suficiente para afrontar un futuro incierto.

La fama crecida a su alrededor encadena su espacio.

Cerca  de allí hay un ancho bulevar con un Kiosko de música. Hay flores y una sensación de calma. Nos sentamos en uno de los bancos. El calor excesivo se queda sobre las copas de los árboles. Una brisa demasiado sutil nos acaricia serena.

.

.

.

Después de grabar un contrabajo y una viola para el segundo disco de Según se Mire, los músicos otean el horizonte en el monte Deva.

.

.

Cerca de allí, un clavo se opone a las líneas horizontales.

.

.

No muy lejos, Joe Abercrombie habla de sus libros, explica sus personajes y el proceso de creación. “La primera ley” espera en la mesita de noche el principio del final del día para extender sus dominios.

.

.

En un rincón de Tenerife el camino se interna en el bosque. Las copas de los pinos lo cierran por arriba.

.

.

.

Un rayo de luz llega al suelo salvando todos los obstáculos. Desde tan cerca se mezcla lo que muere con lo que nace. La belleza se superpone a la rutina y en lo cotidiano somos testigos de lo aparentemente imposible.

.

.

.

Entramos en la casa delos balcones. La jaula de los pájaros nos muestra el camino de los detalles y adornos. Me pregunto:
Si nosotros también vivimos en nuestra propia jaula, y si dedicamos nuestro tiempo a barnizar nuestros barrotes.
Si nuestra escala de valores hace aguas como la fuente/botijo.
¿Cuánta presión debemos soportar antes de quebrarnos?
¿Cuánto esfuerzo merece la pena invertir en cada encaje?
¿Quién está esperando al otro lado del teléfono?
¿En qué momento es lícito sentarse a descansar aunque el mundo se derrumbe?
¿Estar atados a nuestras necesidades nos libera de otras ataduras?¿Son las frascos realmente botes salvavidas?
¿Una biblioteca tiene fondo?
¿Es la música el resumen de la vida?¿Una condensación de sentimientos y emociones?
¿Mejora todo lo que bañamos con un buen vino?

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Termino esta entrada con la imagen de tres palmeras que proyectan en el verde sus rayos de sombra y añado un nuevo vídeo. Se trata de la danza de la niebla y la montaña al compás de una música oriental.

.

.

Roberto Molero

Bajo el mar

Hay una línea que separa lo que vemos de lo que imaginamos. Nos sumergimos en el océano que reposa en el planeta donde habita. Más allá del alcance de nuestros brazos seres extraños se adaptan al medio natural. Los trajes, los sistemas de respiración autónoma, las aletas…Todo está a punto para el viaje.
Una buena cámara es necesaria para filmar en lo profundo, donde las condiciones de luz son escasas. Las carcasas sumergibles que permiten hacerlo son más caras que las propias cámaras y por curiosidad os contaré que hay dos tipos básicos de carcasas:
1.- Las que se inundan.
2.- Las que van a inundarse.
Espero volver a la superficie sin tener que lamentarlo.

.

.

La primera captura es un pez que nada muy cerca de la superficie. Se le conoce como San Martín o San Pedro, tiene una carne deliciosa y es fácil de ver en las pescaderías de Gijón. Se cuentan varias historias sobre la mancha característica de su costado. Podría ser una huella resultante de los dedos de San Pedro, o tal vez, el producto de una ingestión accidental de una moneda. El balance de blancos y la exposición son inadecuados y hay que corregirlos para las próximas tomas.

.

.

La segunda captura es de un pez que nada en la desembocadura del rio. Entre lo dulce y lo salado y acompañado de los pequeños.

.

.

Un habitante extraordinario también se cruza en nuestro camino.

.

.

Veamos algunos de los más extraños:

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Apurando un poco el límite de profundidad os dejo las dos últimas fotografías: Una langosta y el pez escorpión.

.

.

.

Al fin en tierra nos hacemos una foto antes de quitarnos los trajes especiales.
Volvemos a traspasar esa línea que intenta separar lo que vemos de lo que imaginamos. Me despido esta semana con un pequeño documental marino hecho para la ocasión. Espero que te dejes arrastrar por la riqueza natural de los fondos y la música envolvente.

.

.

Roberto Molero

El tiempo que nos pertenece

En la playa de la Franca proyectan su sombra doce sombrillas sobre la arena blanca. ¿Porqué buscar un encuadre propicio? Tal vez se haya convertido en un ejercicio cansino y repetitivo. Una manía personal que me coloca en el arcén del camino. Cada minuto pasa veloz ante nosotros, ante todos. Como platos de comida en una cinta transportadora voy eligiendo los mas atractivos. ¿Hasta donde soy capaz de saborearlos?

.

.

La entrada a la cueva del Pindal permanece cerrada. Desde la antesala veo el horizonte. Sin poder penetrar las entrañas de la tierra me conformo con una imagen arrancada a la oscuridad. Meto los ojos entre los barrotes e inhalo el inconfundible aroma del silencio.

.

.

.

Los acantilado que circundan el espacio rugen impacientes. Vuelvo a extender mis redes en busca de una nueva captura, en busca del agua mas verde. Entre tanto me vuelvo a preguntar si mi mente se ha deformado. Si camino pausadamente por un camino sin destino ni retorno.

.

.

.

Un hombre desconocido se interna en el mar. Unas horas antes era yo quien refrescaba mi cuerpo en las mismas aguas. Ahora busco la luz que se ceba en el extremo, encuadro, mido y atrapo un instante.

.

.

Abro la puerta del álbum familiar. Aquellos que compartimos el suelo, la comida y la incertidumbre.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Sin querer evitarlo se desvía la imagen a una simple alga que descansa en la arena. En si misma encierra un enorme cofre de misterios. ¿Donde ha estado antes? ¿Así comenzó la vida en la tierra? ¿De qué se alimenta? A su lado el agua y la roca se acurrucan uno junto al otro acomodando el espacio en el tiempo.

.

.

.

Y así, de esta manera sencilla, llegamos al final una vez más. Sumo algunos interrogantes a los que ya tenía, me pregunto si una fotografía puede hacer las veces de una almohada para recostarte, o de una caricia para recobrar el aliento, o de una palabra, o de una llama o de un afilado machete que desmenuce la realidad en pequeños fragmentos que poder imaginar, o para recobrar el tiempo que nos pertenece.

.


Roberto Molero

Garachico

El sol golpea con fuerza la comarca de Teno. La tortuosa carretera se detiene en algunas ocasiones a contemplar el paisaje. Se ven lagartos por todas partes y algunas cabras en las cimas. Estos animales, de los que ya conozco bien su capacidad de comer cosas increíbles, me han vuelto a sorprender devorando cactus y chumberas como si se tratase de una lechuga. Los vimos claramente ignorando las espinas como faquires.

.

.

.

.

.

.

.

Pegado a la costa encontramos el pueblo de Garachico vestido de fiesta. Las olas ajenas a la celebración continuaban llamando a la puerta con fuerza. Las piscinas naturales me invitan a zambullirme en su interior. Antes de hacerlo tomo una imagen de una chica lanzándose al agua. En ese instante fugaz en el que permanece suspendida en el vacío copio sentimientos: Vértigo, emoción, una pizca de miedo… y sin duda, también fuerza, seguridad y un claro presentimiento del futuro inminente.

.

.

.

.

.

La historia del pueblo se esconde en el interior de sus edificios, entre las hojas de la palmera y en cada rincón desconocido.

.

.

.

.

Termina el día al calor de las brasas como a mi me gusta. La temperatura que emanan parece alcanzar un radio infinito. La luna tímidamente se pasea descalza entre las estrellas que han de venir. La noche a estas alturas parece invencible.

.

.


Roberto Molero

Pitaya

Desde nuestra posición se ve la cima más alta y su silueta nos ubica en el mapa.

.

.

Los enormes acantilados de los Gigantes parecen extender sus dominios por toda la costa.

.

.

El paisaje se ha transformado por completo. Sin embargo, pasados los dos primeros días se ha vuelto sorprendentemente familiar.

.

.

.

.

.

.

.

Cuando vivíamos en Nicaragua se vendían por todas partes bebidas elaboradas con zumos de frutas. Limón, mango, papaya, guanábana…Las ofrecían en la calle y sobre todo cuando viajábamos en autobús. Envasadas en finas bolsas de plástico se agotaban rápidamente entre los viajeros. Pronto aprendimos a unirnos a la gente y a extender nuestros brazos en busca del nuestro. Se llaman frescos y mi favorito es el de Pitaya. En el mercado me hizo ilusión volver a encontrarme con esta fruta, con su color intenso y con el aroma inconfundible del recuerdo que aún permanece claro en mi memoria.

.

.

.

.

Me pregunto al caer esta noche que comienza cual sería la mejor de las decisiones. Dar un paso adelante en busca de lo desconocido, retirar el pie suavemente sin hacer ruido o tal vez permanecer en el mismo sitio, callado, envuelto en una densa niebla de interrogantes feroces al borde mismo del precipicio.

.


Roberto Molero

Monasterio de piedra (II)

Se dice que cada vez que visitas el monasterio de piedra sientes la sensación de no haberlo visto nunca. Cada gota de agua se renueva como el suceder de las olas en un mar embravecido.
Entre una colección tan extensa de imágenes de postal encontré una que me llamó la atención y la materialicé. Es una escalera. Por ella te invito a seguir el recorrido de este viernes que se retrasa:

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

La siguiente fotografía es un reflejo en el lago del espejo.

.

.

.

.

Se cuenta en la visita que los monjes trajeron cacao de América y comenzaron a elaborar chocolate. Entre todos decidieron que el consumo de esa nueva sustancia no rompía el ayuno, por lo cual se permitía comer tanto chocolate como querían.
Es alentador ver esos momentos en los que los seres humanos nos permitimos ser felices a pesar de todo.

Esto es todo de momento. Dejo el enlace a la primera entrada del Monasterio de Piedra. En aquella ocasión en blanco y negro. La lista completa son cien imágenes que se pueden ver en el siguiente enlace: Flickr

Un saludo.

.

.


Roberto Molero

Litoral

Con el mapa del tiempo en mi poder me asomo a la pantalla del ordenador una vez más. Estiro los extremos del día para colocar en su interior imágenes de las últimas semanas. Amanece sin pereza y el horizonte se coloca en posición. El agua fresca salpica las luces ya maduras. Un velero cruza cerca de la costa. La espuma repica insistentemente mi retina y sobre el acantilado el pescador se afana en sus asuntos.

.

.

.

.

.

.

.

Florece la historia sobre la pradera en Veranes. Disfruto de la palabra, de las nubes que comienzan a reunirse y de los amigos que me acompañan.

.

.

.

.

A medio día el cielo se ha vuelto a despejar. El sol golpea la superficie de un mar gigantesco y rebota de nuevo hacia la atmósfera. Estamos en Cabo Peñas.

.

.

.

.

Nos detenemos un momento en Aguilar de Campoo. Se trata de una parada táctica antes de llegar al final. El sol se ha agachado para bañar las espigas de trigo. La ribera nos acoge entre sobras crecientes.

.

.

.

.

Termina el día en la playa de Verdicio. Se arropa la luz con la sabana marina y sus puntillas de espuma.

.

.

.

Después de un día tan largo me gustaría cerrar con un vídeo de corta duración rodado en la frontera de la tierra y el mar. Nos vemos en la próxima parada.

.

Roberto Molero

Diez hermanos

Se reúne la familia Sanjuán en la casa del pueblo. Algunos comienzan a trabajar en los preparativos. El jardín se organiza para recibir a los más grandes y a los más pequeños.

Podríamos encontrar muchas razones para dejar pasar el tiempo, afanarnos cada uno en nuestras cosas, convencernos de que sería mejor no complicarse con celebraciones y limitar nuestros compromisos, pero afortunadamente “hoy no es ese día”.
Una larga mesa se va llenando de gente y se enciende el fuego que nos reconforta a pesar del calor.

.

.

.

.

.

No falta quien se ocupe de los detalles ni tampoco aquel que se empeñe en mantener las tradiciones.

.

.

.

Suena una música que acompaña los movimientos de los más pequeños. El juego de la vida se va repitiendo generación tras generación. Me detengo en sus ojos donde es fácil perderse. Es posible descubrir en ellos una energía que va más allá de lo mensurable. Desbrozo las diferencias para encontrar el hilo conductor.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

El entorno se va transformando lentamente, los detalles nos acogen en lo que recordamos. Ya en otra ocasión este blog se centró en los acontecimientos desarrollados en Sabiñán.

.

.

.

Cada pieza se acomoda en su lugar buscando el equilibrio de una rueda en constante movimiento. En mi cerebro se mezcla una familia con otra, el apellido propio y el suyo en el de mis hijos, las madres de todos con mi propia madre. Todas las familias del mundo alrededor de una sola pieza invisible en el puzzle de los días y de las noches.

.

.

.

.

.

.

.

En esta ocasión se han reunido de nuevo los diez hermanos. Retrocedamos unos cincuenta años para observar una fotografía de aquel entonces :

.

.

Preparamos la escena para repetir la misma toma actualizada en la misma escalera que la anterior, con los mismos protagonistas y en la misma posición que ocuparon antaño:

.

.

Gracias a todos aquellos que se esfuerzan por mantener vivos los momentos de reunión. Gracias a quien derrocha entusiasmo, a los asistentes, a los lectores, a los identificados. Quien desee ver el resto de imágenes del día puede hacerlo en el siguiente enlace: Flickr.

La última fotografía es para Carlos. Después de que las sombras cubrieran la tarde vio una imagen en su cabeza y me la quiso mostrar.  Seguramente no he sido capaz de captar la esencia del último de los momentos, pero he querido intentarlo y quisiera dedicárselo con todo el cariño del mundo.

.


Roberto Molero